La conocida como Villa del Zar ya tiene nuevo propietario. Tras meses en el mercado y un intenso debate social en Bulgaria, Simeón de Sajonia-Coburgo-Gotha ha cerrado finalmente la venta de esta emblemática residencia situada en la localidad de Banya, un enclave históricamente ligado a la monarquía búlgara y a su pasado como destino termal de élite. La operación, que se gestó a lo largo de 2025, se ha materializado con un comprador privado y por una cifra inferior a la inicialmente planteada, reavivando tanto el interés como la polémica en torno al futuro del inmueble.
La finca, que había salido a la venta con un precio cercano a los tres millones de levas, ha sido adquirida por 2,5 millones de levas —unos 1,3 millones de euros—, según ha publicado la gaceta inmobiliaria 24 Chasa. El comprador es el empresario Georgi Samuilov, una figura relevante del sector industrial búlgaro, especialmente vinculado al ámbito energético y petrolero. Aunque el uso definitivo de la propiedad aún no está cerrado, se barajan opciones como un centro cultural, un museo, un espacio para eventos o incluso un balneario de lujo.
La venta no ha pasado desapercibida en Banya, una pequeña localidad de la ciudad de Razlog con más de 8.000 años de historia vinculada a sus manantiales de aguas minerales. Durante décadas, este enclave fue uno de los referentes del turismo balneológico en Bulgaria, pero el paso del tiempo y la falta de inversión han provocado un progresivo deterioro de su patrimonio. De los más de treinta monumentos culturales registrados en los años ochenta, hoy solo permanecen en pie ocho, varios de ellos en estado precario.
La Villa del Zar ocupa un lugar central en esa memoria colectiva. Fue levantada en 1929 por encargo del zar Boris III como residencia de verano, tras quedar impresionado por las propiedades terapéuticas de las aguas de la zona. Diseñada por el arquitecto Ivan Vasilyov —junto a Dimitar Tsolov, responsables de edificios emblemáticos de Sofía como el Banco Central o la Biblioteca de la Universidad—, la construcción combina acero y hormigón en una superficie de cerca de mil metros cuadrados, dentro de una parcela de diez mil.

Durante años, tanto Boris III como su hijo Simeón II utilizaron esta villa como alternativa al Palacio Real de Sofía. Sin embargo, la abolición de la monarquía en 1946 cambió radicalmente su destino. La propiedad fue expropiada por el nuevo régimen y destinada a usos públicos, entre ellos museos e instalaciones institucionales. No fue hasta la caída del comunismo y tras largos procesos judiciales cuando parte del patrimonio de la familia real fue restituido.
Para Simeón II, la villa tiene además un valor personal. Tras décadas de exilio, fue allí donde se instaló al regresar definitivamente a Bulgaria en 2001, convirtiéndola en su primera residencia estable en el país y en el domicilio desde el que ejerció su derecho al voto incluso durante su etapa como primer ministro. Hasta su salida al mercado, seguía empadronado en Banya.
Precisamente por ese simbolismo, la decisión de vender generó una fuerte reacción entre asociaciones vecinales y colectivos culturales. La plataforma “Juntos por la ciudad de Banya” defendió que el inmueble debía permanecer en manos públicas, al considerarlo parte esencial de la historia nacional. Reclamaron la intervención del Estado para adquirirlo y transformarlo en un espacio cultural de acceso libre que impulsara el turismo y protegiera su legado histórico.

Un nuevo objetivo para la propiedad
Ese objetivo no se ha cumplido, aunque el comprador ha tratado de rebajar la inquietud local. Georgi Samuilov, nacido en 1965 y propietario de Insa Oil y de la refinería de Belozem, es conocido por su implicación en proyectos sociales, educativos y culturales en el sur del país. Desde su entorno se ha señalado que la intención no es desvincular la villa de la comunidad, sino integrarla en un proyecto que pueda devolver protagonismo a Banya y contribuir a su revitalización.
El estado actual del edificio, no obstante, obliga a pensar en una profunda rehabilitación. Aunque se conservan elementos originales como el despacho del zar Boris III, varias estancias y estructuras requieren una intervención integral. Vestíbulo, comedor, dormitorios, bodega y zonas de servicio podrían cambiar radicalmente de función, aunque la arquitectura original sigue siendo uno de sus principales atractivos.
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