
A medida que envejecemos es natural que nuestra memoria no funcione como antaño, pero la edad no es todo. La falta de concentración o la niebla mental puede aparecer en cualquier momento de nuestra vida, puesto que se asocia a una carencia de micronutrientes que nuestro organismo necesita para un correcto desarrollo de la función cognitiva, así como para protegerse de la demencia.
Además de poner en funcionamiento nuestra mente y desafiarla, la alimentación que llevamos a cabo juega un papel fundamental. Existen algunas vitaminas básicas, minerales y demás nutrientes que “sí o sí” tenemos que asegurar para mantener una adecuada función cognitiva. La doctora Isabel Viña explica que la primera de ellas sería la vitamina B12, que permite una adecuada transmisión del impulso nervioso.
“La vitamina B12 es clave para la adecuada síntesis de mielina, que es un compuesto que protege los nervios. Cuando tenemos adecuada mielina, la transmisión de los impulsos nerviosos es adecuada y, por tanto, nuestras neuronas se comunican perfectamente", cuenta en una publicación en sus redes sociales (@isabelvinabas). Está presente en las carnes rojas y los pescados.
La otra de las vitaminas clave es la vitamina D3, que, entre otras funciones, se encarga de una “adecuada señalización y producción del factor neurotrófico cerebral, que es una molécula que nos permite crear nuevas neuronas y que las comunicaciones entre ellas sean las adecuadas”. Este nutriente se adquiere fundamentalmente con el sol, pero también con la ingesta de alimentos como el aceite de hígado de bacalao y la anguila.
Hierro y otros nutrientes para cuidar la memoria
Para la doctora Viña, el hierro es uno de los minerales básicos para fortalecer la función cognitiva. Este mineral es necesario para una adecuado metabolismo cerebral. El hierro se encuentra en los berberechos y almejas (en general, los moluscos), las lentejas y garbanzos cocidos, las semillas de calabaza, las espinacas cocinadas, la quinoa cocida, la carne de ternera y la carne de pavo.
Después estaría el zinc, que se encarga de “favorecer esa adecuada señalización del factor neurotrófico”. El zinc se encuentra en las ostras, en crustáceos como la langosta y el cangrejo, en moluscos (mejillones, pulpo...), en ciertas legumbres, en las semillas de calabaza y en la carne de tenera.
“En cuanto a las grasas que van a nutrir nuestro cerebro, sin duda me quedaría con los ácidos grasos omega 3, especialmente el DHA, que además os recuerdo que ayuda de manera natural a la producción de melatonina”, aclara la doctora. El omega 3 se puede consumir a través de los pescados azules (como el salmón, las sardinas o el atún) y también en el aceite de linaza, semillas de chía, etc. "aunque su eficiencia de conversión no es tan buena“, cuenta la doctora Viña.
Otros nutrientes que contribuyen a elevar nuestra memoria y sobre todo en épocas de alta demanda son suplementos como la citicolina, el ginseng, la bacopa monniera... especialmente en épocas de deprivación del sueño. “También me quedaría con la L-teanina y con la melena de león, entre otras cosas”.
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