
Tres décadas después, la peste porcina africana (PPA) ha vuelto a España. Los servicios veterinarios oficiales de la Generalitat de Cataluña han localizado en total a 13 jabalíes salvajes infectados con esta enfermedad, mortal y altamente contagiosa entre el ganado porcino, que no se detectaba desde 1994 en el país. Y las consecuencias económicas ya están empezando a mostrarse.
La situación, aunque controlada según las informaciones del Ministerio, ha supuesto una profunda preocupación en el sector. La mera notificación de la presencia del virus en territorio español ha traído graves consecuencias para su exportación. Países ajenos a la Unión Europea, algunos de ellos importantes importadores de derivados del cerdo, han cerrado sus fronteras como medida preventiva. Algunos, como China, Estados Unidos o Reino Unido, han aceptado ya la denominada regionalización, lo que implica que seguirán comprando porcino a empresas españolas, excepto a aquellas situadas dentro de un radio de 20 kilómetros del foco de PPA.
Otros, como Japón, uno de los principales importadores de esta carne de origen español, han suspendido indefinidamente y por completo las importaciones de cerdo nacional. Una medida con muchas y muy variadas consecuencias, algunas de ellas también en lo gastronómico. Y es que la peste porcina africana ha obligado a los restaurantes de cocina española de Japón a reformular sus menús, buscando alternativas sin el que es su ‘producto estrella’ en plena temporada navideña: el cerdo ibérico.
El Gobierno japonés, que no admite la regionalización de las importaciones, adoptó esta medida el pasado 28 de noviembre, frenando “de manera abrupta” una evolución “claramente positiva” de las exportaciones españolas de porcino a Japón, subrayó Nespral, un país que se había convertido en los últimos años en un “destino estratégico” para el sector. Según las primeras estimaciones, las existencias actuales de jamón ibérico y otros embutidos podrían agotarse en el archipiélago antes de final de año, lo que ha provocado las primeras “señales de alarma”.
El ibérico, un producto “insustituible”
“No podremos continuar con nuestras actividades a partir del año que viene, tendremos que cerrar o cambiar el modelo operativo de negocio”, afirmó a la Agencia EFE Shinzo Yamamoto, dueño de los restaurantes Ibérico-Ya. La cadena de restaurantes, reconocida por su carta dedicada al jamón ibérico y un consumo anual de 300 toneladas, se enfrenta ahora a una situación crítica, incapaz de encontrar un sustituto digno al que es su sabor insignia. Yamamoto es, además, gerente de una granja de cerdos en el municipio andaluz de Jabugo, algo que garantizaba la importación de este producto a sus locales.

“No hemos encontrado un cerdo que supere al ibérico, creemos que es único”, señaló a EFE Hata Tomonori, encargado del local de esta cadena en el distrito de Roppongi en Tokio, que afirma tener abastecimiento disponible únicamente para los próximos seis meses.
La escena se repite en otros locales. En Kamakura, al sur de la capital nipona, el restaurante español Anchoa también intenta buscar alternativas, aunque sin éxito. “Las opciones de otros países tienen un perfil completamente distinto, no creo que haya realmente un sustituto”, declaro a EFE Ryo Saka, gerente del local.
Un veto con futuro incierto
Japón es el sexto país al que más cerdo exporta y el segundo cliente no europeo, solo por detrás de China. Ante este cierre a cal y canto, las autoridades niponas han alertado que la oferta de jamón y algunos productos de cerdo se verá afectada, con un posible incremento de los precios de productos similares ante un vacío en la oferta complejo de cubrir. “Es difícil encontrar países sustitutos capaces de cubrir las más de 10.000 toneladas mensuales de cerdo que aporta España”, explicó Nespral, que califica de “seria y abrupta” la decisión de Tokio.
La posibilidad de reanudar las importaciones de productos porcinos entre ambas naciones se vislumbra con cierto escepticismo, fundamentado por los precedentes europeos, que también registraron brotes de peste porcina en el pasado. Italia, por ejemplo, vio bloqueado el suministro de prosciutto y otros embutidos curados desde enero de 2022 tras la confirmación de casos de PPA, después de que Alemania sufriera una medida similar en 2020.
Ninguno de estos países europeos ha logrado reactivar sus exportaciones al mercado japonés desde entonces, una circunstancia que en su momento benefició a España, que vio incrementada su cuota de mercado en el país asiático. A la espera de una solución, Japón continúa blindado para evitar contagios en su producción porcina interna, que nunca ha registrado ningún caso de esta enfermedad que por el momento aún no tiene cura.
(Noticia con información de la Agencia EFE)
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