
La cuarta gala de Gran Hermano 20 ha sido, sin duda, la más caótica, polémica y emocionante de la edición. Lo que comenzó como una noche de nominaciones rutinarias terminó convirtiéndose en un torbellino de sorpresas, enfados del público, expulsiones que iban y venían y un clima de tensión que dejó a concursantes y espectadores con la boca abierta.
Jorge Javier Vázquez arrancó la gala anunciando un giro inesperado: además de la expulsión habitual, habría una expulsión fulminante decidida por una simple cuestión de rapidez. Los concursantes tendrían que levantar un teléfono durante las nominaciones y el último en hacerlo quedaría fuera, sin votación ni segunda oportunidad. Una mecánica que desató la indignación inmediatamente en redes, donde miles de mensajes clamaban contra lo que consideraban “la injusticia más grande” de la temporada.

La prueba terminó señalando a Íñigo, que quedó paralizado al escuchar que debía abandonar de manera automática. “No soy muy de despedidas…”, dijo, visiblemente afectado, pensando que debía encaminarse al plató para la entrevista de rigor. Sin embargo, cuando la audiencia ya rugía en contra de la decisión, el programa frenó en seco. Rectificación al momento: líneas abiertas para que fuese el público quien decidiera si Íñigo debía quedarse o marcharse.
El veredicto fue claro: Íñigo se salvó con un 60% de los votos, provocando su alivio inmediato y un nuevo estallido de reacciones en redes. Pero el lío no terminó ahí. Al conocerse la lista final de nominados —Patricia, Joon, Belén y José Manuel—, los espectadores se quedaron atónitos al ver que Íñigo no formaba parte de ella pese a haber sido uno de los más votados por sus compañeros. Las críticas no tardaron: “¿Por qué Íñigo no está en la lista?”, “estáis manipulándolo todo”, “si se salva, vale… pero ¿por qué anuláis las nominaciones?”. La organización dio por cerrado el asunto y la polémica siguió creciendo.
En paralelo a este terremoto, la gala vivió uno de sus momentos más tensos con el duelo entre Patricia y Almudena, dos concursantes cuya convivencia se había convertido en un campo de batalla continuo. Entre acusaciones de manipulación, reproches y nervios a flor de piel, ambas afrontaron la expulsión más ajustada emocionalmente… pero no en números.
El porcentaje lo dijo todo: 78,8% frente a 21,2%, el más alto de la edición. “Quien se va lo hace con un porcentaje altísimo”, adelantó Jorge Javier antes de sentenciar: “La audiencia ha decidido que debe abandonar la casa… ¡Almudena!”. Ella lo encajó con ironía: “A veces se gana y a veces se pierde”. Mientras tanto, Patricia regresaba al salón entre lágrimas, consciente de que la marcha de su rival cambia por completo el equilibrio dentro de la casa.

Así acabó la noche en Gran Hermano 20, que firma su gala más convulsa: expulsiones que se anulan, nominaciones cuestionadas, porcentajes históricos y una audiencia que no está dispuesta a dejar pasar ni una. Y todo apunta a que lo que viene será aún más intenso. ¿Qué más sorpresas guarda la organización? Lo que queda claro es que en la casa de Guadalix, cualquier cosa puede pasar.
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