
El aspartamo es un edulcorante artificial que está presente en numerosas bebidas catalogadas como cero o ‘light’. Durante los últimos años se ha generado entre los consumidores una notable inquietud a raíz de su uso como sustituto del azúcar en productos bajos en calorías.
Esto hace preguntarse al consumidor si su consumo puede estar vinculado a riesgos para la salud, en particular para el cáncer. Sin embargo, la evidencia científica disponible hasta la fecha no ha confirmado de manera concluyente que el aspartamo sea cancerígeno, según informa Consumer.
La seguridad del aspartamo, como otros aditivos alimentarios, se evalúa a través de la denominada Ingesta Diaria Admisible o IDA. Esta cifra, expresada en miligramos por kilogramo de peso corporal, indica la cantidad máxima que una persona puede consumir diariamente a lo largo de su vida sin que suponga un peligro para su salud. La IDA se calcula a partir de la dosis más alta en la que no se han observado efectos adversos en estudios, principalmente los realizados en animales, y posteriormente se divide por amplios factores de seguridad para proteger a los consumidores.
Es importante subrayar que la Ingesta Diaria Admisible no constituye una recomendación de consumo, sino que actúa como un umbral muy por debajo del nivel en el que podrían aparecer los problemas de salud.
Riesgos asociados a su consumo
Es difícil superar los límites de seguridad establecidos para el aspartamo mediante un consumo habitual de productos que lo contienen. Para un adulto medio, sería necesario ingerir entre quince y veinte latas diarias de refrescos que están edulcorados con aspartamo para aproximarse a los niveles considerados tolerables. Por tanto, con un consumo normal, la probabilidad de alcanzar una dosis peligrosa es muy baja.
A pesar de que existen algunos estudios científicos que han planteado dudas sobre los posibles efectos negativos del aspartamo, la comunidad científica no dispone de pruebas concluyentes que permitan afirmar que este edulcorante sea perjudicial para la salud. No obstante, esto no implica que se deba consumir refrescos edulcorados de forma ilimitada.
La evidencia actual indica que estas bebidas, aunque no contienen azúcar, pueden desplazar el consumo de opciones más saludables como el agua y, a largo plazo, se han relacionado con problemas de peso debido a que mantienen el gusto por el sabor dulce.
El papel de los aditivos en la alimentación
Un refresco edulcorado representa una alternativa menos perjudicial que uno que es azucarado, pero sigue siendo una opción inferior al agua. El consumo habitual de sabores intensamente dulces puede dificultar la aceptación de alimentos menos edulcorados, ya que el paladar se acostumbra a esa intensidad y puede rechazar opciones más neutras.
Sin embargo, no todos los aditivos alimentarios son imprescindibles. Algunos cumplen funciones importantes en la seguridad alimentaria, mientras que otros se emplean principalmente para mejorar el aspecto y la palatabilidad de los productos.
Pero la presencia de aditivos como el aspartamo no implica necesariamente que sean cancerígenos o peligrosos. La recomendación principal es informarse de forma adecuada y basar las decisiones que se toman en torno al consumo y que forman parte de la evidencia científica disponible.
Aditivos que tienen los refrescos
Las bebidas como refrescos, jugos y tés suelen contener aditivos alimentarios que mejoran el sabor, la textura, el color y prolongan la vida útil del producto. Entre los aditivos más utilizados se encuentran los edulcorantes como el aspartamo, la sucralosa, la stevia, el acesulfamo de potasio y el extracto de monk fruit, que aportan dulzor sin añadir calorías.
Para mantener la frescura y evitar el desarrollo de moho, levaduras y bacterias, se emplean conservantes como el benzoato de sodio, el sorbato de potasio, el propionato de calcio, el ácido sórbico y el dióxido de azufre (SO₂). La función de estos compuestos es esencial para garantizar la seguridad de las bebidas durante su almacenamiento.
El aspecto visual de las bebidas se potencia mediante colorantes como el colorante caramelo (E150), el betacaroteno, las antocianinas, la curcumina y la clorofila, que ayudan a mantener un color uniforme y atractivo. Además, los acidulantes como el ácido cítrico, el ácido málico, el ácido láctico, el ácido fosfórico y el ácido tartárico ajustan la acidez, mejoran el sabor y contribuyen a la conservación al reducir el pH e inhibir el crecimiento microbiano.
La uniformidad de las bebidas que contienen grasas o aceites se logra con emulsionantes y estabilizadores como la goma arábiga, la goma xantana, la pectina, la lecitina y la carragenina, que evitan la separación de los ingredientes. El uso de estos aditivos debe respetar siempre las dosis recomendadas para asegurar la seguridad y la salud de los consumidores.
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