
En el tranquilo y arbolado barrio de Jamaica Estates, Queens, a pocos kilómetros de Manhattan, se encuentra la casa donde Donald Trump pasó sus primeros años de vida. Una vivienda que muchos consideran parte de la historia del país americano y que ahora está a la venta por 2,3 millones de dólares.
Construida en 1940 por Fred Trump, el padre del mandatario, esta casa unifamiliar fue el primer hogar de la familia Trump, que residió allí hasta que Donald tenía cuatro años. Aunque conserva su fachada original, el interior ha sido completamente transformado por el actual propietario, el desarrollador Tommy Lin, quien ha invertido más de medio millón de dólares en una reforma integral que ha durado ocho meses.
El resultado es una vivienda moderna y elegante, con cinco dormitorios, tres baños completos y dos aseos, incluyendo un sótano adaptado con salón de juegos, lavandería y espacio de estar. La vivienda está distribuida en cuatro alturas: la planta baja destaca por un amplio salón y comedor contiguo, una cocina equipada con electrodomésticos de alta gama, un solárium y una suite, perfecta para invitados. En los pisos superiores se encuentran tres dormitorios más, incluyendo la suite principal con vestidor y baño privado, mientras que la última planta alberga un dormitorio adicional con baño, ideal como despacho o habitación de huéspedes.

En el exterior, la casa cuenta con jardines delantero y trasero, además de un garaje independiente con espacio para dos coches, completando un conjunto que combina comodidad, privacidad y un toque histórico.
La historia reciente de la propiedad es tan curiosa como su pasado presidencial. Antes de Lin, el inmueble pasó por varias manos: Michael Davis, un inversor de Manhattan, la compró la noche de las elecciones de 2016 por 1,39 millones de dólares apostando a que un triunfo de Trump subiría su valor. Y acertó, pues la vendió poco después por 2,14 millones a un comprador con conexiones en China. Pese a esos momentos de opulencia, la casa también fue alquilada como Airbnb.
El intento de aprovechar la casa con fines turísticos fue un éxito, hasta que en septiembre de 2017 la situación dio un giro inesperado: sin saberlo, el inversor la alquiló a la organización benéfica Oxfam América, que la utilizó para recibir a refugiados y periodistas, con el objetivo de visibilizar la crisis migratoria durante la Asamblea General de la ONU.

Tras este episodio, la propietaria decidió que la casa no volviera a operar como Airbnb y canceló el contrato con Davis. Desde entonces, la residencia estuvo vacía, en un barrio que en los años 50 y 60 era un suburbio mayoritariamente blanco, y que hoy se ha convertido en uno de los rincones más diversos de Nueva York, habitado por comunidades de India, Caribe, Bangladesh, Nigeria y Sri Lanka. En sus días de abandono llegó a tener moho todas partes y una colonia de gatos callejeros como inquilinos.
Gracias a la reforma, el primer hogar de Donald Trump se presenta como una residencia lista para vivir, siendo una combinación de historia con todas las comodidades actuales posibles. Además, no hay que olvidar que está situada en una de las zonas más exclusivas de Queens, donde algunas propiedades superan los tres millones de dólares. Por eso, la casa del presidente de Estados Unidos se posiciona como una pieza curiosa y única en el mercado inmobiliario de Nueva York.
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