
Los cazas estadounidenses F-35 se han convertido en uno de los productos más cotizados en el mercado de defensa. Todos los países quieren añadirlos a sus flotas, pero algunos encuentran ciertos obstáculos por las necesidades que implican estos aviones o por sus aspiraciones nacionales. España ya dio un paso atrás en su compra para apostar por la industria europea, mientras que Bélgica ha optado por seguir adelante, a pesar de que tendrá que utilizarlos más allá de sus fronteras.
En el caso de España, la duda que sondea en el sector es que el F-35 era necesario para poder despegar desde los portaviones que tiene actualmente el Ejército. Para Bélgica, el inconveniente con su decisión de comprarlos y desembolsar 5.600 millones de euros es que el país cuenta con un espacio aéreo y terreno dedicado a pistas de aterrizaje reducido, dificultando su uso.
Algunos medios franceses no han desaprovechado la oportunidad para ironizar con la supuesta inutilidad de la compra y con las características de su país vecino. El ministro de Defensa belga ha quitado hierro el asunto, recordando que ya cooperan con otros países para emplear su espacio aéreo con sus aeronaves.
Bélgica sí que compra los cazas F-35
Los F-35 lo consideran muchos expertos la opción más adecuada a la hora de apostar por cazas nuevos. El F-35 Lightning II, desarrollado por Lockheed Martin, alcanza una velocidad superior a 1.900 km/h, cuenta con un cañón interno GAU-22A de 25 mm y tiene capacidad para transportar hasta 2.600 kg de armamento.
España, en principio, se había interesado por su compra. Los Harrier AV8B de la Armada necesitan un sustituto, y su capacidad de despegue vertical parecía incuestionable. Los portaviones del Ejército tienen una pista limitada que no permite la salida de los aviones habitual, sino que necesitan que tengan la capacidad de abandonar el buque de forma vertical, como los helicópteros.
En el mercado, los F-35 son los únicos con esta característica. Sin embargo, el Gobierno decidió priorizar la industria europea y esperar a la creación de nuevos portaviones que se adapten a los aviones, y no al revés. Bélgica no ha encontrado esto un problema y se lanzado a su compra por miles de millones de euros.
El inconveniente del “espacio aéreo reducido”
La dificultad para probarlos y utilizarlos sobre su territorio ha provocado críticas y burlas por esta gran inversión. El ministro de Defensa belga, Theo Francken, asegura que esto es una exageración. A través de X, señaló que el espacio aéreo belga es limitado y que esta característica no representa una novedad.
“Por supuesto, al ser un país pequeño, tenemos un espacio aéreo reducido. Esto significa que realizamos algunos ejercicios en el extranjero. Llevamos años haciéndolo con los F-16, y lo mismo ocurrirá con los F-35”, afirmó. Francken también mencionó que, además de los entrenamientos previstos en Bélgica, mantiene conversaciones con Países Bajos, Noruega, Italia y otros países para que sus pilotos puedan entrenar en su espacio aéreo.
“¿Pero cuál es el problema? ¿Acaso no es para eso nuestra alianza con la OTAN?”, concluyó el ministro de Bélgica. De esta forma, aunque exista un obstáculo infranqueable como es no tener el espacio suficiente, el ejecutivo belga no ha querido quedarse atrás en sus recursos militares.
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