
La familia real británica encara un nuevo terremoto mediático que amenaza con cambiar para siempre las celebraciones navideñas. La publicación de correos electrónicos por el diario The Sun entre Sarah Ferguson, duquesa de York, y el pedófilo Jeffrey Epstein ha provocado una gran crisis en la institución. Las revelaciones difundidas por la prensa británica evidencian que la relación entre Ferguson y el financiero condenado por delitos sexuales fue más cercana y prolongada de lo que la duquesa había admitido públicamente. Y ahora, según han revelado fuentes próximas al palacio a The Times on Sunday, Carlos III habría decidido excluir a ambos de los tradicionales encuentros de diciembre en Sandringham.
En los mensajes electrónicos, enviados pocas semanas después de que Ferguson declarara públicamente que cortaba toda relación con Epstein, la duquesa expresa cercanía y gratitud hacia el magnate. En uno de los correos, se disculpa por haberse distanciado de él solo para proteger su reputación y lo describe como “un amigo supremo, generoso y constante” para ella y su familia. Estas palabras contradicen su declaración de marzo de 2011, en la que afirmó: “Aborrezco la pedofilia y cualquier abuso sexual de menores y sé que fue un error de juicio gigantesco por mi parte”. Esta contradicción ha minado la confianza en su relato y ha provocado una reacción en cadena: varias organizaciones benéficas han roto lazos con ella, incluidas la fundación Prevent Breast Cancer y The Natasha Allergy Research Foundation.
El golpe reputacional es profundo. El especialista en comunicación Mark Borkowski señaló en declaraciones recogidas por The Mirror que Ferguson se ha convertido en una figura “tóxica”, lo que compromete su capacidad de generar ingresos. Y este deterioro, advierte, no afecta solo a ella, sino también al príncipe Andrés, que depende en parte del respaldo económico de su exmujer.

La presión financiera podría incluso poner en entredicho la permanencia de ambos en Royal Lodge, la mansión de 30 habitaciones en Windsor que comparten. Y es que vivir en esa residencia, que requiere un mantenimiento millonario, en un momento en el que su círculo de patrocinadores y aliados se reduce de manera drástica, será una tarea muy difícil para los exduques de York.
A la crisis provocada por los correos, se suma una investigación de Daily Mail que apunta a que los contactos entre Ferguson y Epstein se mantuvieron al menos hasta 2013, dos años después de la supuesta ruptura pública. Testimonios recogidos por el medio indican que la duquesa se alojó en varias ocasiones en un apartamento de Nueva York vinculado a Epstein, lo que refuerza la hipótesis de una relación continuada. Además, la cifra del dinero recibido por Ferguson de parte de Epstein ha sido objeto de controversia: mientras la versión oficial habla de 15.000 libras para saldar deudas, Daily Mail sugiere que la cantidad real podría haber alcanzado los 2 millones, en una operación presuntamente intermediada por el príncipe Andrés.
Una fractura en Palacio
La decisión de apartar a Andrés y Ferguson en Navidad no solo refleja la presión social, sino también las tensiones internas en la casa real. The Times asegura que Carlos III “ha dejado claro su deseo de que de ahora en adelante la pareja (divorciada en 1996) permanezca ‘invisible’ en las reuniones familiares”. Por ello, “no está dispuesto a prohibirles asistan a la iglesia o a eventos familiares como un funeral. Pero esperaría que encontraran una forma más discreta de asistir. El duque de York parece disfrutar de la posibilidad de no ser discreto”.
El trasfondo de este distanciamiento es más simbólico que oficial. La Navidad en Sandringham ha sido siempre un momento de unidad familiar, con la tradicional misa del día de Navidad como escaparate público de la cohesión real. Tras años en los que parecían haberse calmado las aguas, el pasado año Carlos III sorprendió a la prensa británica al invitar de nuevo a Ferguson a la celebración, después de más de tres décadas alejada.

Y es que no es la primera vez que Ferguson protagoniza un escándalo que golpea a la monarquía. Desde que se incorporó a la familia real en 1986, su historial incluye deudas millonarias, fotografías comprometedoras y hasta un intento de vender acceso al príncipe Andrés en 2010. Incluso la reina Isabel II, según recordaba Daily Mail, llegó a considerarla una figura “oportunista” y dañina para la imagen de la corona.
Ahora, el exmatrimonio pasa por uno de sus peores momentos, después de que la prensa haya vuelto a recoger el caso judicial del pedófilo. Documentos judiciales recientemente divulgados sitúan al duque de York de nuevo en vuelos del avión privado de Epstein, como un trayecto en mayo del año 2000 desde Nueva Jersey a Palm Beach. Aunque Andrés niega cualquier conducta indebida, su nombre sigue apareciendo en registros y testimonios vinculados al caso.
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