
El estrés es uno de los factores que más peso han ganado en los últimos años. Bajo este contexto, el yoga ha experimentado un auge debido a los numerosos efectos positivos que tiene, tanto físicos como mentales.
Una de las ventajas de esta disciplina es que, al existir tantos ejercicios y estiramientos, es fácil encontrar una rutina que se adapte a tus necesidades. Una de las más conocidas es la postura del árbol, que se ha convertido en un icono del yoga.
Beneficios de la postura del árbol
La postura del árbol ofrece múltiples efectos positivos para el cuerpo y la mente. Entre sus beneficios más destacados se encuentra el fortalecimiento de las piernas, con un trabajo especial sobre los gemelos y los tobillos.
Esta asana también contribuye a estirar la ingle, los muslos, los hombros y el pecho. Pero uno de los puntos que se ve más beneficiado es la cadera. Este movimiento implica una apertura de caderas al requerir que la pierna elevada se desplace hacia un costado y se coloque en el interior del muslo contrario. Esta acción activa y estira los músculos responsables de la movilidad de la cadera, como los aductores y el glúteo medio.
La apertura de caderas contribuye a mejorar la flexibilidad y la movilidad articular. Además, fortalece la musculatura estabilizadora, ya que la pierna de apoyo debe mantenerse activa para sostener el cuerpo en equilibrio. Practicar esta postura de forma regular puede ayudar a prevenir molestias por rigidez, a reducir la tensión acumulada en la zona y a favorecer una mejor postura en el día a día.
Otro efecto de esta postura es que ayuda a encontrar la calma y la concentración, cualidades que pueden resultar útiles en momentos de estrés. Gracias a su capacidad para alinear el cuerpo, la postura del árbol resulta adecuada como preparación para otras asanas.
¿Cómo se hace la postura del árbol?
Para ejecutar el vrikshasana es importante comenzar desde una posición neutra y estable. El primer paso consiste en situarse de pie en la postura de la montaña, conocida también como tadasana, buscando el equilibrio y la alineación del cuerpo.
A continuación, se flexiona la rodilla derecha y se traslada el peso del cuerpo a la pierna izquierda. Con ayuda de las manos, se coloca la planta del pie derecho en el interior del muslo izquierdo, buscando una altura cómoda, por encima o por debajo de la rodilla según la flexibilidad de cada persona.
Es importante asegurarse de que la pelvis se mantenga alineada sobre el pie de apoyo. Las palmas de las manos se juntan frente al pecho, con los pulgares apoyados en el esternón. Para mantener la concentración y el equilibrio, se fija la mirada en un punto fijo, utilizando la técnica llamada drishti.
Una vez alcanzada una sensación de estabilidad, se puede inhalar y elevar los brazos por encima de la cabeza, manteniendo la postura durante varias respiraciones profundas antes de repetir el proceso con la otra pierna.
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