
El municipio murciano de Jumilla (Región de Murcia) ha entrado en el centro del debate nacional tras aprobar una enmienda que restringe el uso de las instalaciones deportivas municipales para celebraciones religiosas.
Aunque el texto final suaviza la propuesta inicial de Vox, mantiene en la práctica la prohibición de que la comunidad musulmana utilice los polideportivos para las oraciones colectivas del Eid al-Fitr y el Eid al-Adha, como había hecho desde hace años.
El Partido Popular (PP), que gobierna el Consistorio, introdujo algunos cambios en la moción para evitar referencias explícitas a religiones concretas, pero el fondo no ha cambiado. La medida ha sido interpretada por colectivos musulmanes como un “paso atrás en la convivencia” y un caso de “discriminación institucional”.
“Somos parte de esta sociedad”
“Más de la mitad de la comunidad musulmana en España, que ronda los dos millones y medio, son ciudadanos españoles que han vivido toda o la mayor parte de su vida aquí”, afirma Hicham Oulad Mhammed, miembro permanente de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE), en declaraciones a Infobae España.
El representante islámico denuncia que medidas como la de Jumilla invisibilizan la contribución de la comunidad musulmana a la vida económica y social del país. “Aportamos diariamente, especialmente en regiones como Murcia, donde la economía depende en gran parte de la mano de obra musulmana en sectores como la ganadería o la agricultura”, subraya.

“Un discurso de odio clarísimo”
Hicham no ha dudado en señalar que la retórica empleada por la extrema derecha está cargada de sesgos ideológicos: “La propuesta inicial apelaba a prohibir estas celebraciones para preservar las tradiciones españolas y no dar espacio a lo que definen como celebraciones ajenas”. “Y eso, claramente, cae e infringe en una discriminación y un lenguaje de odio clarísimo, porque la definición que se tiene de lo que es la cultura española y la sociedad española me parece muy trasnochada y muy ambigua”, recrimina el representante.
Aunque la versión final omitió esta terminología, la redacción continúa sugiriendo que las festividades musulmanas no forman parte del tejido cultural del país. “La sociedad es tanto diversa, religiosamente, culturalmente, étnicamente y, por lo tanto, esta visión monolítica ya creo que pertenece a épocas muy pasadas”, replica este representante.
Obstáculos cada vez más frecuentes
El veto municipal es solo el último episodio en una serie de dificultades para su comunidad, asegura Hicham. En las celebraciones del año pasado se impusieron nuevas exigencias como la necesidad de ambulancias o seguros de responsabilidad civil.
“Todo está diseñado para ponérselo imposible a la comunidad”, denuncia. “Y ahora nos dicen que no podemos usar los polideportivos porque hay muchas actividades deportivas. Pero hablamos de dos días al año y ni siquiera días completos, la oración dura media hora; la organización, dos”, indica a este diario.
“Islamofobia instrumentalizada para ganar votos”
La aprobación también ha provocado el rechazo de activistas, expertos y los partidos políticos de la oposición, que tildan la aprobación como una escalada institucional a raíz de los eventos de Torre-Pacheco, la localidad murciana donde a finales del pasado julio estalló una oleada de disturbios xenófobos instigados por grupos de extrema derecha tras la paliza a un anciano por parte de un joven de origen marroquí.
El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones ha anunciado que, a través del observatorio contra el Racismo y la Xenofobia (OBERAXE), rastreará los discursos de odio que puedan derivarse de esta prohibición.
Por su parte, Hicham expresa su rechazo a lo ocurrido en Torre-Pacheco, donde “hubo unos incidentes organizados por la extrema derecha que han dado la vuelta al mundo y han dado una imagen lamentable de nuestro país”, explica. “Se puede hablar clarísimamente de islamofobia en el discurso de la extrema derecha. Se instrumentalizan los sentimientos religiosos para ganar votos. La comunidad musulmana hace de cabeza de turco”, manifiesta.
Desde la Comisión Islámica de España ya han emitido un comunicado condenando la medida, y desde la Región de Murcia, su coordinador, Walid Habbal, ha calificado el veto como un “paso atrás” que ha dejado “en shock” a la comunidad.
La respuesta social y religiosa
La medida ha generado un rechazo transversal. Según el representante, la Iglesia católica ha expresado su solidaridad con la comunidad musulmana, al igual que diversas organizaciones sociales.
“Rechazamos frontal y totalmente este discurso de musulmanes y cristianos. Aquí no se trata de volver a esa retórica. Somos una sociedad. Ese discurso extranjerizante de los musulmanes, que son los inmigrantes, los de fuera, los ajenos, ya no juega con nosotros”, dice.
“No es solo Jumilla”
La situación en Jumilla no es aislada. Según el experto Paulino Ros, autor del blog Islam en Murcia, “Vox y el PP están dificultando la práctica religiosa islámica en varios municipios. En Lorca, por ejemplo, no han podido abrir una mezquita por presiones vecinales y políticas”.
Ros advierte que “la estrategia de la ultraderecha es clara: sembrar odio y rechazo a la cultura marroquí”, y que estas medidas, incluso suavizadas, tienen un objetivo común: excluir.

Un llamamiento a la convivencia
Desde la Comisión Islámica y otras asociaciones se ha apelado a la serenidad. “No queremos echar más leña al fuego. Lo que pedimos es que se cumpla la Constitución (art. 14 y 16). Que se garantice la libertad religiosa y que no se legisle con fines políticos de corto plazo”, concluye Hicham.
Mientras tanto, la comunidad musulmana de Jumilla continúa buscando alternativas para poder celebrar sus ritos sin ser tratada como “ajena” en su propio país.
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