
La incontinencia urinaria (IU) es una condición que afecta a millones de personas, pero a menudo permanece en la sombra debido al estigma y la falta de visibilidad. Con alrededor de 60 millones de afectados en Europa, esta afección es mucho más común de lo que se piensa, pero sigue siendo ignorada y mal comprendida por gran parte de la sociedad. Sin embargo, el silencio que rodea la IU tiene consecuencias mucho más profundas de lo que parece, y no solo en el ámbito físico.
“Se trata de una condición silenciada en la que la mayoría de tratamientos son paliativos y que únicamente se asocia al envejecimiento. Hay mucho desconocimiento en el alto impacto que tiene”, lamenta Angels Roca, presidenta de la Asociación para la Incontinencia anal y urinaria (ASIA), durante un reciente encuentro de expertos organizado por la Alianza contra la Incontinencia Urinaria (ALiNUR). El objetivo de este evento fue visibilizar la incontinencia y mejorar la atención a los afectados, que son más de tres millones de mujeres solo en España.
Una afección que no se trata como debe
Una de las problemáticas que envuelven esta afección es la relación entre la IU y el envejecimiento, lo que lleva a una percepción de que no hay mucho que hacer más allá de aplicar pañales o compresas. “Muchos creen que es solo cuestión de usar pañales y no hacer nada, pero eso no es cierto”, señala Roca. En realidad, el tratamiento de la incontinencia urinaria debe ser multidisciplinario y puede incluir desde terapias conservadoras hasta tratamientos farmacológicos e invasivos.
Además, muy pocos conocen que la prevalencia de la IU es más alta en mujeres. Según datos oficiales lo padecen hasta tres millones en España, de las cuales 380.000 la sufren en una forma grave. Igualmente, Angels Roca subraya que, a pesar de ser una afección tan común, “es la tercera enfermedad crónica que genera más pérdida de años en calidad de vida” y lo que es peor, “está infradiagnosticada y oculta”.
La razón principal de ello, según la presidenta de ASIA, es el estigma asociado a la enfermedad, que lleva a muchas personas a no comentarlo ni siquiera con los profesionales sanitarios. “Hasta dos tercios de las personas mayores no lo comunican ni a los profesionales sanitarios, pensando que no hay nada que hacer”. De esta manera, su impacto no reside solo en salud física, sino que altera el bienestar emocional y social. “Muchas mujeres sentimos vergüenza y temor a ser juzgadas, por lo que no lo compartimos con los profesionales sanitarios. E incluso ni siquiera con nuestro propio entorno”, lo que genera un aislamiento social y una disminución de la autoestima, como señala Roca. De hecho, hasta un 30% de las mujeres con IU refieren síntomas relacionados con la depresión.
Efectos de la incontinencia urinaria

Las mujeres que padecen incontinencia urinaria, como se ha mencionado, también pueden ser jóvenes, pero este círculo suele cumplir una condición: haber tenido hijos o practicar deportes de alto impacto. Por este motivo , la IU lo clasifica en dos tipos: la incontinencia urinaria de esfuerzo (IUE), comúnmente asociada a problemas como el embarazo, el parto vaginal y la práctica de ciertos deportes; y la incontinencia urinaria de urgencia (IUU), que se caracteriza por la pérdida de orina ante un deseo repentino e incontrolable de orinar.
Irene Díez, presidenta de la Sección de Suelo Pélvico de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), explica que hay varios factores que contribuyen al desarrollo de la IU, como la debilidad de las estructuras del suelo pélvico, que se puede ver comprometida tras el parto o durante la menopausia, o los cambios hormonales típicos de esa etapa de la vida. Además, un artículo de Cuidate Plus menciona que la obesidad es un factor clave que aumenta la presión sobre la vejiga, lo que puede llevar a la incontinencia.
El uso constante de compresas o pañales, aunque parece una solución práctica, puede derivar en problemas dermatológicos. “Muchas pacientes sufren problemas dermatológicos que derivan en infecciones secundarias, lo que aumenta los costes del tratamiento”, comenta Díez. Concretamente, señala que estos productos pueden provocar picor, ardor, alteraciones en la barrera cutánea o incluso úlceras por presión.
Además, quienes sufren incontinencia urinaria suelen evitar beber líquidos para disminuir la cantidad de orina producida, lo que puede llevar a la deshidratación. La condición también está relacionada con trastornos del sueño, ya que la necesidad constante de ir al baño durante la noche afecta el descanso, lo que, a su vez, aumenta el riesgo de caídas.
“La punta del iceberg”
Mª Victoria García, tesorera de la Sociedad Española de Enfermería Geriátrica y Gerontológica (SEEGG), recalca la importancia de sensibilizar desde edades tempranas sobre la incontinencia urinaria. “Es la punta del iceberg. Vemos el pico, pero no la profundidad. Hay que impulsar el concepto de salud ligada a la continencia y campañas de sensibilización”, sostiene.
La falta de visibilidad de la IU es un problema que afecta tanto a los pacientes como a los profesionales. Según García, “el diagnóstico debe ser individual, con un tratamiento acorde a las necesidades de cada una de las mujeres”. La solución pasa por cambiar el enfoque hacia un tratamiento integral y personalizado, donde se normalice la incontinencia como una afección tratable, y se erradique el estigma que la rodea.
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