
Disparar una bala al aire puede parecer un gesto inofensivo. A pesar de no apuntar a nadie, ni buscar hacer daño, la ciencia tiene algo que decir al respecto y no son buenas noticias. En un vídeo reciente publicado en YouTube, el Doctor en física e ingeniero Javier Santaolalla explica con claridad por qué disparar al cielo es una práctica peligrosa que puede tener consecuencias nefastas, incluso aunque la intención no sea hacer daño.
“Mira, lanzas una bala al aire, no pasa nada, no hay peligro porque no has apuntado a nadie. Pero, ¿y cuándo caiga? ¿Podría hacer daño? Pues eso es una pregunta que la física sí puede responder”, dice el ingeniero al inicio del vídeo, donde plantea la duda que dará pie a la explicación científica sobre el tema del vídeo.
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Sin aire, el problema es simétrico
El vídeo comienza tratando el problema mediante una versión simplificada. ¿Qué ocurriría si no hubiera aire? En un mundo sin atmósfera, “la única fuerza que existe en el problema es la gravedad”, explica. En ese escenario, la bala asciende frenada por la gravedad hasta detenerse en el punto más alto de su trayectoria. Luego, cae con la misma aceleración, recorriendo la misma distancia pero en sentido contrario.
“Si sale con una velocidad, llega con la misma. Llegaría con la que salió de la pistola, con lo que si la bala hace daño al salir, hará también daño al llegar”, asegura Santaolalla. Es decir, en ausencia de aire, el disparo hacia arriba es tan peligroso como uno directo hacia una persona.
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Pero vivimos en un mundo con aire
Volviendo al mundo real, el aire tiene un papel crucial. “Recuerden que estamos en una versión simplificada del problema. Hemos eliminado el aire, si lo recuperamos, el aire frena la bala, así que ahora sube menos altura. Por lo tanto, la caída va a durar menos”, explica el experto. Además, al descender, la bala no sigue acelerando indefinidamente: el aire la frena hasta alcanzar lo que se conoce y menciona como velocidad terminal, una velocidad máxima constante.
Según el vídeo, con la resistencia del aire una bala puede subir entre 1.200 y 2.400 metros y alcanzar una velocidad de caída de entre 150 y 200 kilómetros por hora.
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Aunque esta cifra representa solo una división de la velocidad con la que la bala salió en primer momento de la pistola, sigue siendo preocupante. “Es más o menos una sexta parte de la velocidad con la que salió de la pistola”, explica. A pesar de ser menor, esa velocidad sigue siendo suficientemente alta como para causar daño serio al impacto.
“Aun así, suficiente para hacer daño, así que no disparen al cielo, por lo que más quieran”, concluye el físico con una petición directa de responsabilidad. Un cierre que resume todo el mensaje del vídeo y deja claro que, incluso sin intención de hacer daño, disparar al aire puede ser una acción peligrosa con consecuencias físicas muy graves.
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