
El Festival de Eurovisión ha sido testigo de cientos de momentos inolvidables, pero también de actuaciones que han quedado grabadas en la memoria colectiva por su fracaso absoluto. En el caso de España, cuya participación data desde 1961, algunos de esos momentos de “vergüenza ajena” se han convertido en auténticas leyendas de lo que NO hacer en el certamen europeo. Aunque España ha tenido varias victorias históricas, como las de Massiel (1968) y Salomé (1969), también ha protagonizado varios desastres que, lejos de ser olvidados, siguen generando conversación año tras año.
1. Remedios Amaya (1983)
En 1983, España eligió a la cantante flamenca Remedios Amaya para representar al país con una propuesta que claramente se apartaba de lo convencional. ¿Quién maneja mi barca? Era una canción de estilo flamenco que, aunque genuinamente española, no consiguió adaptarse al formato de Eurovisión.
Remedios Amaya, una artista reconocida dentro de la música flamenca, se presentó en el escenario descalza, con un vestido rojo que no solo contrastaba con el fondo del escenario, sino que también parecía desconectado del concepto visual del certamen. A la interpretación le faltó el dinamismo que se espera en un escenario tan global como el de Eurovisión, y además la canción no pudo captar la atención de los espectadores fuera de España.

El jurado europeo fue tajante: no le dieron ni un solo punto, lo que dejó a España compartiendo la última posición con Turquía. Esta caída estrepitosa fue vista por muchos como el resultado de una elección equivocada: la singularidad del flamenco, aunque profundamente significativo para España, era un estilo muy ajeno para el resto de Europa. La falta de conexión cultural, sumada a la falta de preparación en la puesta en escena, hizo de esta actuación uno de los mayores desastres de la historia de España en el festival.
2. Lydia
La propuesta de España para el Festival de Eurovisión 1999 vino con una balada pop, No quiero escuchar, interpretada por Lydia, una cantante que, en ese momento, parecía tener el potencial para destacar. Sin embargo, el resultado fue un fracaso rotundo. La canción, aunque era una balada suave, no logró captar la esencia del evento ni conectar con los gustos del público europeo.
Uno de los puntos más polémicos fue el diseño del vestuario, que corrió a cargo de la famosa diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada. El traje de Lydia, extremadamente colorido y con formas geométricas, desentonó completamente con la imagen promocional de la canción. La extravagancia del vestuario contrastaba con el tono emocional de la canción y sumaba desconcierto al conjunto. Aunque la canción era adecuada para un certamen como Eurovisión, la puesta en escena y la falta de química entre la artista y el concepto visual causaron un impacto negativo.

El resultado fue desolador: España terminó en la última posición, obteniendo solo un punto, que curiosamente vino de Croacia. Esta actuación se recuerda como una lección sobre la importancia de la coherencia entre la música, la imagen y la conexión con el público. El contraste entre la imagen promocional de la canción y el vestuario de Lydia fue una de las razones clave por las que España no logró más que esa mínima puntuación.
3. Las Ketchup
El año 2006 vio a Las Ketchup, el trío de hermanas andaluzas que se hicieron mundialmente conocidas por su éxito Aserejé, intentar replicar su fórmula ganadora en Eurovisión. La canción elegida fue Un Bloodymary, una pieza que intentaba mantener el tono festivo y pegajoso de Aserejé. Sin embargo, esta vez la fórmula no resultó ser tan efectiva.

A diferencia de Aserejé, que había logrado cautivar con su frescura y su coreografía pegajosa, Un Bloodymary fue calificado de un intento forzado de repetir el éxito, sin la misma chispa ni creatividad. El ritmo de la canción no fue suficiente para enganchar al público europeo, y la puesta en escena, aunque colorida, carecía de la originalidad que se había esperado de un grupo tan popular.
El resultado fue, nuevamente, decepcionante: Las Ketchup obtuvieron solo 18 puntos, quedando en la 21ª posición. La falta de autenticidad y la sensación de que su propuesta ya había pasado de moda hizo que el grupo no lograra conectar con los espectadores. A pesar de la popularidad de Las Ketchup en España, la propuesta de 2006 no logró el impacto esperado, convirtiéndose en una de las peores actuaciones de España en el festival.
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