
Asadas, cocidas, fritas, en puré, como ñoquis... las patatas son de los alimentos que más variedad ofrecen en cuanto a las formas en que pueden cocinarse. Esto hace de este tubérculo un ingrediente muy versátil en la cocina, pudiendo utilizarse como complemento y como parte principal de numerosos platos. Además, su sabor neutro hace que sean muy fáciles de combinar con muchos otros alimentos: son perfectas para completar cualquier menú.
No todas las patatas se pueden utilizar para todo: existen diferentes tipos, y cada uno de ellos suele ser más adecuado para determinadas preparaciones. Las patatas de pulpa amarilla, por ejemplo, son las mejores para freír; mientras que las de pulpa blanca son excelentes para hacer ñoquis o puré. Por otro lado, para hornear las mejores son las papas nuevas, aquellas que se recogen de la tierra antes de alcanzar su punto de maduración, lo que se traduce en una piel más fina, menor tamaño, y más cantidad de agua.
Además de todo esto, son económicas y se pueden encontrar durante todo el año. El único problema: se ponen malas rápido y con facilidad, especialmente si no se pone cuidado en su conservación. Por suerte para todo el que las utilice, existe un truco para conservarlas en buen estado durante el mayor tiempo posible utilizando únicamente una fruta.

El sencillo truco para conservar las patatas frescas con una fruta
En primer lugar, el consenso es que las patatas deben guardarse en un lugar fresco, seco, y oscuro, alejado de la luz directa, que estimula la germinación. Por desgracia, aunque guardarlas así es mejor que no hacerlo, al final es inevitable que salgan esos brotes - que, en realidad, se pueden retirar y la patata seguirá siendo comestible - y que se acaben por pudrir.
¿La clave?: Según indican desde el medio italiano Piano Inclinato, una forma muy sencilla y efectiva de prolongar la vida útil de las patatas es guardarlas junto a una manzana. En general, cuando se guardan otras frutas junto a una manzana, lo que provoca es que maduren rápidamente. Con las patatas sucede lo contrario: las manzanas liberan un gas llamado etileno (una hormona vegetal producida de forma natural por los tejidos vegetales), que ralentiza el proceso de brote en las patatas.
Es así de sencillo: únicamente con colocar un par de manzanas entre las patatas las conservará frescas durante mucho tiempo, pudiendo llegar a mantenerlas comestibles incluso hasta dos meses, evitando así que se echen a perder demasiado rápido. Del mismo modo, y debido también a esas grandes cantidades de etileno que desprenden, las manzanas - o cualquier otro fruto, como el plátano, que lo desprenda en cantidades similares - se pueden utilizar para lo contrario: conservar frutas que estén aún algo verdes junto a las manzanas hará que terminen de madurar más rápidamente. Puede, por ejemplo, ayudar a madurar un aguacate (que rara vez se venden preparados para comer) rápidamente. Ahora bien: lo mejor será conservar distintos tipos de fruta por separado, especialmente las que sean productoras prolíficas de este gas.
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