
Con 200.000 personas que conviven con Parkinson, España es actualmente el noveno país del mundo con mayor número de pacientes que sufren esta enfermedad. Si la tendencia se mantiene, en 25 años será el país con más personas con Parkinson por habitante del mundo. Son datos que ofrece la Sociedad Española de Neurología (SEN) con motivo del Día Mundial del Parkinson.
Esta enfermedad neurodegenerativa es la más común después del Alzheimer y supone un trastorno del movimiento del sistema nervioso que empeora con el tiempo. Los síntomas aparecen lentamente de forma casi imperceptible: un leve temblor en la mano o el pie, una mayor rigidez muscular o lentitud en los movimientos (conocida como bradicinesia).
Estos primeros síntomas de alerta no tienen por qué coincidir para llegar al diagnóstico de Parkinson, pues dichas manifestaciones, a las que se les llama signos cardinales de la enfermedad, aparecen en regiones concretas del cuerpo, siendo mucho más frecuente en las extremidades superiores. La depresión, el estreñimiento y el dolor en el hombro también son manifestaciones no motoras de la enfermedad.
Como ocurre con todas las enfermedades neurodegenerativas, no se conoce el origen del Parkinson. Se sabe que, bajo esta condición, el cerebro va perdiendo la capacidad para producir dopamina, que es un neurotransmisor que controla, entre otras cosas, el movimiento y el equilibrio. Factores genéticos, ambientales, el daño oxidativo y, principalmente, el envejecimiento son los principales factores de riesgo del desarrollo de la enfermedad.
“La enfermedad de Parkinson es la enfermedad neurológica en la que más rápido ha aumentado su prevalencia, su carga (medida en los años de discapacidad que provoca en el conjunto de la población) y su mortalidad. En los últimos 20 años, la carga de discapacidad ha aumentado más de un 80%, el número de fallecimientos se ha duplicado y, según las últimas previsiones, publicadas hace solo unas semanas, seguirá aumentando de forma muy considerable en los próximos años”, explica el doctor Álvaro Sánchez Ferro, Coordinador del Grupo de Estudio de Trastornos del Movimiento de la Sociedad Española de Neurología.
No obstante, existe cierto margen de maniobra a nuestro alcance para prevenir la enfermedad. El doctor José A. Obeso, director del Centro Integral de NeuroCiencias de HM Hospitales y académico de número de Neurología en la Real Academia Nacional de Medicina Española (RANME), pone el foco en la actividad cognitiva como uno de los principales pilares para reducir el riesgo de la enfermedad.
“Las personas con más educación y más actividad cognitiva retrasan enormemente la aparición del deterioro cognitivo”, explica a Infobae España. Actividades como leer, aprender un nuevo idioma, tocar un instrumento son ejercicios que cuidan de la salud cerebral. Además, el neurólogo recuerda que ”crear una buena reserva cognitiva y mantener el estado físico haciendo ejercicio son cosas que están al alcance de todos en España”.
El peligro del multitasking para la salud cerebral
En cambio, entrenar el cerebro no significa saturar las neuronas. El conocido multitasking, ese fenómeno cada vez más frecuente de realizar varias tareas al mismo tiempo (como ver una serie mientras estamos haciendo otra cosa o usar el teléfono móvil mientras estamos comiendo), puede estar dañando gravemente la salud de nuestro cerebro sin que nos demos cuenta.
“La tendencia creciente del ser humano a realizar de forma simultánea varias actividades daña las neuronas dopaminérgicas, que son muy vulnerables en la enfermedad de Parkinson, porque esas personas se ocupan de la realización de automatismos. Por ejemplo, mientras caminamos y hablamos no estamos pendientes de qué mueve qué porque lo hacemos con un nivel de atención consciente muy bajo. Es decir, estaríamos haciendo muchísimas cosas a la vez: pensar lo que voy a decir, usar segmentos orales para generar sonido, gesticular... Es imposible que el cerebro las atienda todas”, expone el doctor Obeso.
Puesto que el cerebro prioriza ciertas acciones, las que quedan automatizadas también deben ser controladas por otros circuitos cerebrales. Y ello requiere un consumo, “una actividad que no sale gratis porque estamos sobreexigiendo a las neuronas”.
A ciertas edades, la pérdida de neuronas es inocua dada la magnífica capacidad de compensación del cerebro. Sin embargo, a medida que envejecemos, esto se convierte en un problema para la salud cerebral. Por ello, el neurólogo tiene claro su mensaje: “Hagamos una cosa en cada momento”.
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