
Se dice que el nivel de orden o desorden de una vivienda es un reflejo de la mente y las emociones de quien la habita. Más allá de hacer o no la cama o de la famosa silla de ropa al uso, que no llega a estar sucia como para lavarse ni limpia como para guardarse con el resto, también la acumulación de objetos o enseres puede ser significativa.
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Habitualmente, los objetos que se conservan, incluyendo la ropa, tienen algún tipo de significado emocional que no necesariamente será consciente, y puede interpretarse como un apego al pasado, miedo al cambio o inseguridad sobre el futuro.
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Las posibles causas del acopio innecesario de ropa
Según el medio italiano Forum Agricoltura Sociale, hay varias causas posibles, arraigadas en la psicología de los individuos, que los pueden llevar a conservar ropa que ya no se usa, en lugar de donarla o venderla, a pesar de verla acumulándose de manera insostenible en un armario que muestra claras señales de necesitar una limpieza.
Por ejemplo, se relaciona el hecho de guardar ropa en una talla que ya no sirve con un deseo de volver a una época pasada que se percibe como mejor. Este comportamiento puede representar una dificultad para afrontar el presente y abandonar una imagen idealizada de uno mismo ligada a esas épocas anteriores. Casi una cápsula del tiempo, de cierta manera autodestructiva, que mantiene a las personas atadas a recuerdos o aspiraciones que se hayan abandonado, bien por fuerza de circunstancias o simplemente por haber perdido interés en ellas.
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Emma Kenny, psicóloga, presentadora de televisión, escritora y comentarista británica, explica que el apego excesivo a las posesiones materiales es a menudo una manifestación de un deseo de mantener viva una conexión con acontecimientos significativos. Por tanto, deshacerse de esa ropa en desuso puede representar un acto simbólico de pérdida de una parte, quizás idealizada, de uno mismo.
Además, puede ser un indicativo de algún nivel de miedo al cambio y un rechazo a la idea de que las etapas se acaban y dan paso a otras nuevas y diferentes. Esta idea es conflictiva para mucha gente, ya que supone aceptar la incertidumbre intrínseca de lo nuevo desconocido y del “yo” fluctuante, que no dejará de cambiar hasta que deje de ser del todo. Por tanto, el deshacerse de las pertenencias, aunque no se usen, se convierte en un proceso desafiante que se puede acabar procrastinando o aplazando indefinidamente.
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Esa procrastinación es otra de las causas que se relacionan con la acumulación. Posponer el orden o la limpieza puede ser una forma de evasión. En lugar de afrontar esas realidades “difíciles” asociadas al fin de fases y al dejar ir, como el hecho de que ya no se utilizarán ciertas prendas u objetos, se opta por ignorar su existencia y cargarle el peso al yo de un futuro por definir.
También puede estar relacionado con el hábito de comprar ropa de forma compulsiva que, aun siendo nueva, nunca se llega a vestir. Esta dinámica en particular puede tener que ver con los mecanismos de recompensa del cerebro, ya que refleja el intento de llenar posibles vacíos emocionales con la gratificación inmediata que puede ofrecer la compra de algo nuevo.
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Aunque se entiende que puede ser todo un proceso, el ordenar un armario y deshacerse de lo innecesario puede ayudar a reflexionar sobre las necesidades actuales. Según los expertos, tomarse el tiempo para ordenar un guardarropa puede ser una experiencia liberadora que permitirá afrontar el cambio, vivir en el presente, y mirar hacia el futuro con mayor serenidad.
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