
En el año 2022, el número de muertes por atragantamiento fue más alto que nunca en España: 3.546 personas perdieron la vida después de que algún alimento u objeto obstruyera su tráquea o su garganta, impidiendo que el aire pasara por sus vías respiratorias y que, por lo tanto, el oxígeno no llegara al cerebro. Este tipo de accidentes fueron los segundos más mortales del año, solo por detrás de las caídas.
La mayor parte de los atragantamientos fatales se producen ya a una edad muy avanzada. Según los datos analizados por el Observatorio de Prevención de Riesgos y Accidentes (OPRA), y pese a la creencia extendida de que el sector más vulnerable de sufrir este tipo de accidente son los niños pequeños, es a partir de los 75 años cuando da inicio “una escalada que dispara las muertes por esta causa”.
Sin embargo, en ocasiones no es ni en uno ni otro extremo de la línea vital, y se producen atragantamientos en personas de edad madura, pero aun en completa posesión de sus facultades físicas y de su capacidad para controlar su forma de comer. Un ejemplo de ello se ha podido ver recientemente en Francia, en el departamento del Alto Loira, donde ha fallecido un hombre de 47 años en una cena con sus amigos.
Cayó al suelo de repente tras levantarse de la mesa y salir a la calle
Según cuenta el medio francés Le Progrés, acababa de servirse el plato principal cuando el hombre se levantó de la mesa y salió del restaurante. Una vez en la calle, cayó desplomado al suelo tras perder el conocimiento, por lo que sus amigos salieron corriendo a socorrerlo. Como lo vieron inconsciente, decidieron colocarlo de lado, una posición de seguridad que evita que la lengua bloquee las vías respiratorias.
Sin embargo, en esta ocasión, ya había una obstrucción de dichas vías. Después de que los amigos llamaran a emergencias y acudiera un equipo paramédico, se le realizó un masaje cardíaco durante una hora, pero ni con ello lograron salvar su vida. Por ello, ya en el hospital, un médico certificó su muerte, provocada por un gran trozo de carne que se encontró más tarde en su tráquea.
La importancia de saber reaccionar
Situaciones como estas nos recuerdan la importancia de tener unas nociones mínimas de primeros auxilios. Si bien no siempre resultan efectivas, en muchas ocasiones pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte de una persona. Es diferencial, por ejemplo, reconocer los síntomas de un atragantamiento: las manos agarradas a la garganta, la cara de pánico, la incapacidad para hablar, dificultades al respirar o los labios azules.
En la misma línea, puede ser muy útil conocer las distintas técnicas para despejar las vías respiratorias de la persona que se haya atragantado, así como sus variaciones según la edad de esa persona. Si es un bebé hay que sentarse y sostener al niño boca abajo para golpearlo cinco veces en mitad de la espalda con la palma de la mano, en sustitución de la conocida maniobra de Heimlich.
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