
La jornada laboral de cuatro días es uno de los grandes debates en gobiernos y empresas y aunque parece una realidad generalizada inminente y poco menos que inevitable, no son pocos los obstáculos para su implementación. Bien lo sabe la vicepresidenta y ministra Yolanda Díaz en el caso de España, con el rechazo de la patronal, si bien el principal partido de la oposición, el PP, se ha llegado a mostrar dispuesto a explorar esta vía “en algunos sectores”. Hay casos de éxito o al menos de viabilidad en nuestro país, o en Alemania, reticencias en otros como Japón, y numerosos estudios que apuntan a que la productividad no se ve alterada, más bien al contrario. Pero el modelo también puede fracasar, como se conoce ahora a partir de un ejemplo en Francia.
La aplicación de esta semana laboral de cuatro días es defendida por sus promotores como un modelo que promueve el equilibrio entre vida personal y profesional. Con este fin, Julien Le Corre la adoptó en su agencia de comunicación. Ahora, en un libro, Jour Off, cuenta su mala experiencia: tuvo que cerrar en apenas 18 meses.
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La idea de concentrar la jornada laboral en cuatro días sin reducción salarial se presenta como una solución para mejorar el bienestar de los empleados. Según un reciente estudio en Francia, el 77% de los trabajadores activos estaría dispuesto a probar esta modalidad, cifra que alcanza el 83% entre los jóvenes de 25 a 34 años. La adhesión a este modelo trasciende edades, géneros y niveles socioeconómicos, según destacan los autores de la encuesta.
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Fue en plena sacudida de la pandemia del Covid-19, en 2020, cuando Le Corre aplicó la semana de cuatro días en su empresa, YZ, que contaba con 20 empleados. Motivado por su aversión a las rígidas estructuras laborales, buscaba “liberar a sus empleados y a su empresa”. Desde noviembre de 2020, disfrutaban de los viernes libres, y los sondeos internas reflejaban altos niveles de satisfacción al inicio. Sin embargo, Le Corre reconoce que este periodo inicial no era suficiente para evaluar adecuadamente el impacto de la medida, que pronto comenzó a dar problemas.
Conflictos entre empleados, peor competitividad
Una de las primeras dificultades identificadas fue la rigidez de designar exclusivamente el viernes como día libre, lo que implicaba el cierre total de la empresa ese día. Esto afectó la capacidad de respuesta ante los clientes y generó tensiones internas. Según Le Corre, permitir flexibilidad en la elección del día libre podría haber mitigado parte de estos problemas. Además, la reducción de días laborales puso a la empresa en desventaja frente a competidores que operaban los cinco días, lo que comenzó a ralentizar su crecimiento. Los problemas no se limitaron a la relación con los clientes: también se evidenció una caída en la productividad y conflictos entre empleados.
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Asimismo, la implementación no tuvo el efecto esperado en la retención de talento. Por el contrario, algunos empleados dejaron la empresa, y los que permanecieron comenzaron a mostrar descontento cuando se les pedía trabajar ocasionalmente los viernes por urgencias. La falta de cohesión en los equipos se hizo evidente. Mientras algunos empleados optaban por trabajar fuera de horario para cumplir con sus tareas, otros se mantenían estrictamente dentro de los nuevos límites laborales, lo que generó divisiones internas.

El cierre y las conclusiones
En julio de 2022, la situación financiera de YZ se deterioró rápidamente. La caída en la facturación, combinada con los efectos de la pandemia y la semana laboral reducida, dejó a la empresa al borde del colapso. Aunque se intentó revertir la medida en septiembre de ese año, los problemas acumulados resultaron insuperables. Finalmente, en octubre de 2023, la empresa fue declarada en quiebra. Para Le Corre, esta experiencia dejó importantes lecciones sobre la implementación de nuevos modelos laborales. Entre los errores que destaca se encuentra la falta de planificación a largo plazo y una evaluación insuficiente de las consecuencias operativas y comerciales.
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El caso de YZ resalta la importancia de abordar con cautela cambios significativos en la organización del trabajo. Si bien la semana laboral de cuatro días puede ofrecer beneficios, su implementación requiere un análisis detallado de los riesgos asociados y una adaptación flexible a las necesidades de cada empresa. Le Corre concluye su libro con una lista de aprendizajes y reflexiones sobre el futuro del trabajo, advirtiendo que el bienestar de los empleados debe equilibrarse cuidadosamente con las necesidades operativas y la sostenibilidad financiera de las empresas.
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