
Los garbanzos son una de las legumbres más consumidas en todo mundo. Originarios de la región mediterránea y el Medio Oriente, han ganado popularidad por su versatilidad en la cocina y sus múltiples beneficios para la salud. Ricos en proteínas y fibra soluble, ayudan a mantener niveles estables de azúcar en la sangre y contribuyen además al buen funcionamiento del sistema digestivo.
Son todos estos factores los que hacen que entidades como la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) y la Fundación Española de la Nutrición (FEN) recomienden incluir entre 3 y 4 raciones de legumbres a la semana, un consumo que contribuye a una alimentación saludable y a la prevención de la obesidad y otras enfermedades.
El problema que surge al cocinar este ingrediente tiene que ver con el tiempo. Las legumbres secas necesitan remojo, una tarea que requiere paciencia y que ahuyenta a los cocineros más ajetreados que prefieren la comodidad de abrir un bote, escurrir y cocinar. Es cierto que cocinar con legumbres envasadas es seguro, saludable y permite reducir considerablemente el tiempo de cocinado, pero también supone un gasto mayor y, además, no siempre tenemos este tipo de conservas a mano.
La solución, sin embargo, es más sencilla de lo que podríamos llegar a pensar. Si se siguen algunos consejos, podremos ganar mucho tiempo y conseguir ablandar nuestras legumbres sin necesidad de esperar.
Tradicionalmente, los garbanzos se remojan en agua fría durante entre 8 a 12 horas, o incluso durante toda la noche, para reducir el tiempo de cocción. Este proceso puede acelerarse utilizando agua caliente, lo que permite que los garbanzos se ablanden más rápidamente. Por supuesto, otra técnica para acelerar el proceso de cocción es el uso de una olla a presión, que nos permite reducir significativamente el tiempo necesario para cocinar los garbanzos sin necesidad de haberlos remojado con anterioridad.
Todos estos trucos son útiles, pero a ellos se suma un último secreto que puede ser de gran utilidad cuando queremos acelerar el tiempo de remojo y no disponemos del tiempo o las herramientas para seguir los anteriores métodos. Se trata de una fórmula sencilla que solo requiere de añadir un ingrediente que todos tenemos en casa: el bicarbonato de sodio.

Para utilizar el bicarbonato de sodio con nuestros garbanzos, solo tendremos que añadir una pizca al agua de remojo. Esto hará que, con el paso de las horas, nuestra legumbre quede más blanda y su piel se desprenda con mayor facilidad. Esto se explica con las reacciones químicas que tienen lugar al añadir bicarbonato sódico, una sal que provoca que suba el pH del agua, y que, a su vez, rompe las fibras exteriores de los garbanzos y permite que se hidraten más rápido.
Incluso, este truco puede aplicarse de manera más intensiva, acelerando aún más este tedioso paso. Para ello, conviene hervir los garbanzos con una cucharada generosa de bicarbonato durante unos 10 minutos, para luego apagar el fuego y dejar reposar las legumbres en el agua de cocción. Este método asegura que los garbanzos estén listos para ser cocinados en poco menos de una hora, cuidándonos de escurrirlos y enjuagarlos bien antes de su uso para eliminar cualquier sabor residual.
El beneficio sorpresa de este truco
Utilizar el bicarbonato de sodio para ablandar más rápidamente nuestras legumbres no es solo un truco de cocina útil. Además, nos ayuda a evitar uno de los mayores problemas que supone este ingrediente. Las legumbres, como las lentejas y los garbanzos, están repletas de nutrientes esenciales como proteínas, hierro y fibra.
Sin embargo, entre sus compuestos se encuentran también antinutrientes, un grupo de sustancias presentes en estos alimentos que pueden interferir con la absorción de los valiosos elementos nutritivos que la propia legumbre conlleva. Ejemplos de estos antinutrientes son el fitato, ácido tánico y fenol, compuestos naturales capaces de limitar la absorción de minerales como el hierro y el zinc en el organismo.
La costumbre de remojar las legumbres en agua entre cuatro y ocho horas no solo acorta su posterior tiempo de cocción, sino que además también reduce la propensión a causar flatulencias. El remojo, explican organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), asegura una digestión más fácil de las legumbres y una mejor absorción de sus nutrientes en el organismo. Pero, además, la organización señala que el remojo en soluciones de bicarbonato de sodio “es más eficaz para reducir los antinutrientes que el remojo solo en agua”.
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