
“Gracias por enseñarme lo que es el amor”, así rezaba la carta de despedida que Nerea escribió a Carlos, conocido como Charlie en redes sociales, el 23 de agosto de 2022. Carlos tenía 16 años cuando le diagnosticaron un sarcoma de Ewing, un tipo de cáncer raro que afecta principalmente a niños y adolescentes. Tras un tratamiento de 11 meses, el joven pudo superar la enfermedad. Sin embargo, un año después comenzó a sentir unos fuertes dolores de cabeza y un malestar general. Tras las pruebas médicas correspondientes, los médicos le confirmaron que el cáncer había vuelto. Además, el coronavirus obligó a posponer la operación que necesitaba. Por aquel entonces, él y Nerea llevaban seis meses saliendo.
La crisis del covid-19 hizo que sobrellevar la enfermedad fuese aún más complejo tanto para él como para sus seres queridos. “No podía acompañarle físicamente”, recuerda Nerea. A pesar de todo, la intervención salió adelante y unos meses después las restricciones por la pandemia comenzaron a levantarse. La tormenta se había calmado y el confinamiento terminó, por lo que la pareja pudo reencontrarse. Entre ellos todo estaba bien, todo era “fácil”. Pero la sombra de la enfermedad, que parecía haber dado algo de tregua, siempre estaba presente. Carlos volvió a recaer poco después. En octubre de 2024, dos años después de su muerte, Nerea ha querido dejar esta historia por escrito en Cuando el cielo se vuelva amarillo, una novela basada en su diario personal. “Tuve claro que en algún momento de mi vida quería plasmarlo en un libro, es algo que yo hablé con él previamente. Me gustaría que la gente conociese lo que es el acompañar”, explica en una entrevista con Infobae España.

“Fue morir Carlos y recibir una oleada masiva de odio”
Esta novela, que define como “un canto al amor y a la vida”, es el reflejo de un largo proceso de aprendizaje. Trabajar con su diario ha hecho que este libro se convierta en un proyecto terapéutico. “Me he dado cuenta de todas las herramientas que tenía y no era consciente”, confiesa. “Es algo que me ha removido mucho, al final el cerebro transforma un poco el recuerdo, y el tener esos sentimientos plasmados tal y como los sentí es algo que me ha costado”, agrega. Sin embargo, el diario también le ha ayudado a seguir en momentos de bloqueo.
Cuando el cielo se vuelva amarillo es el recuerdo de una historia de amor. Pero también el relato de quien ve sufrir a un ser querido por una enfermedad grave. “Todo depende de a quién estés acompañando y yo estaba acompañando a Carlos, que era una persona que lo hacía todo muy fácil. Su humor, su forma de afrontar las cosas, de llevar la vida y de hablarlo todo con mucha naturalidad al final hizo que fuese muy sencillo”. Y no había excepciones. Para ellos la muerte se convirtió en un tema habitual. “Pasó a ser como cualquier otra cosa. Si algo sabemos es que todos nos vamos a morir, y cuanto más lo hablemos, mejor lo vamos a llevar”, reflexiona.
De hecho, las conversaciones que Nerea mantuvo con Carlos sobre la muerte hicieron que el proceso de duelo fuera más sencillo, al menos en parte. “El cáncer es una enfermedad que al ser acompañante te prepara mucho para el momento en el que esa persona ya no va a estar, porque es algo que puede pasar. Entonces, como yo tenía tantas cosas habladas con él, no fue tan difícil”. No obstante, cuando Carlos falleció, ella ya publicaba videos en sus redes sociales. Quiso seguir con su rutina y esto fue algo que no todo el mundo entendió. “Yo nunca había tenido hate. Fue morir Carlos y recibir una oleada masiva de odio porque decidí continuar con mi vida, que creo que es lo más normal”. Desde su experiencia, seguir con tu día a día es lo más importante cuando pierdes a un ser querido. “La rutina, el volver a tu día a día, es lo que te hace ver que esa persona ya no está. Cuanto más tardes en salir, en llevar una normalidad como antes de esa pérdida, más te va a costar”, afirma.
Nerea ya ha vivido el proceso de duelo por la muerte de Carlos. Ahora quiere que su experiencia sirva al resto y que Cuando el cielo se vuelva amarillo no sea sólo una “novela adolescente”. “Me gustaría que la gente viese que la muerte puede no ser solo algo trágico”, sino que se puede aprender a vivir con el recuerdo de cada persona y de todo lo que enseñó. En el caso de Carlos, su legado se mantiene en los videos de las redes sociales, que aún sirven de ayuda a mucha gente. A día de hoy, su mensaje de “aprender a vivir el día a día, el carpe diem real”, continúa expandiéndose.
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