
Melody y John Hennessee son un matrimonio de Palm Beach Florida, que hace menos de un año decidieron dar un vuelco a su vida. Tomaron la decisión de vender su casa para pasar el resto de sus días navegando por el mar, solo que no en una embarcación cualquiera, sino en uno de los cruceros más lujosos del mundo: El Villa Vie Residences’ Odyssey. Una decisión para la que desde el primer momento, supieron que deberían tener coraje, pero que jamás relacionaron con la paciencia. Al fin y al cabo, ¿quién les iba a decir que cuando al fin lograran estar en el crucero, el barco no podría salir de una isla?
Una escala con un coste millonario
El proyecto del Odyssey es algo pocas veces visto en la historia de los cruceros. En primer lugar, porque su idea no es ser una embarcación llena de turistas, sino un crucero “residencial”. Así, a los pasajeros se les dio la opción de comprar un camarote en vez de alquilarlo, en una escala de precios que iba de los 100.000 dólares a los 900.000, y que muchos consideraron una oferta muy suculenta.
De este modo, después de la primera aventura de este crucero, que iba a durar tres años -el tiempo que tardaría en dar la vuelta al mundo con 145 escalas en diferentes lugares del globo terráqueo-, podrían quedarse para nuevos viajes. Tan es así, que incluso desde el crucero se animó a los compradores a que consideraran aquel espacio como un hogar, en el que incluso, si lo deseaban, podían traer a sus mascotas.
Así, muchos acudieron a finales de mayo para zarpar desde Belfast, capital de Irlanda del norte, sin esperar que, hasta finales de septiembre, deberían quedarse allí por numerosos problemas con los timones del barco y la caja de cambio. 17 de semanas de retraso -y un coste para la empresa de varios millones de euros-, en total, que al parecer iban a concluir el 30 de septiembre, una vez concluida la última inspección. El lunes, al fin, se despidieron de la ciudad, pero de nuevo el crucero se detuvo en el condado de Down, en costas norirlandesas, por unos “trámites” que, supuestamente, faltan aún por resolver.
Los pasajeros no pierden la ilusión
Pese a la espera, John y Melody no se han dejado llevar por la frustración. En un reportaje realizado por la BBC, declaran que han aprovechado todos estos meses “para construir la suite más grande del barco”. “Tiene dos habitaciones y dos baños”, añaden. Otros pasajeros, recoge el medio británico, han vivido también “los mejores momentos de su vida” explorando Irlanda y Europa, disfrutando de todo lo que la ciudad tenía por ofrecerles.
Eso sí, todos ellos están ya deseando que el calvario termine para, al fin, poder dar la vuelta al mundo. Creyendo que se marchaban el lunes, organizaron una fiesta en el barco, y es muy probable que en los próximos días, cuando el Odyssey vuelva a dar al mar, de nuevo la música y el baile vuelvan a estar presentes en cubierto. “Aquí todos tenemos una paciencia innata. Definitivamente somos gente resiliente. Hemos aguantado cuatro meses, ¿qué son unos días más?”.
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