
La ministra de Sanidad, Mónica García, ha anunciado la creación una guía de prescripción de psicofármacos que servirá de referencia a pacientes y sanitarios y que para sentar nuevos precedentes en su uso. El Comisionado de Salud Mental dependiente del ministerio, ya está trabajando en este documento, que en palabras de la ministra servirá para “establecer pautas claras para ir reduciendo y eliminando gradualmente la medicación psicotrópica cuando no es necesaria”.
“Al proporcionar esta guía integral buscamos abordar la sobreutilización y los riesgos a un uso prolongado de psicofármacos”, declaraba la García tras su comparecencia en la Comisión Mixta para el Estudio de los Problemas de las Adicciones que celebrada el pasado lunes en el Congreso de los Diputados.
El anuncio llega después de años de denuncias de los sanitarios por el abuso de estos fármacos en España, el país que más ansiolíticos consume de todo el mundo. De hecho, ocupan un lugar destacado en el ranking de adicciones. En primer lugar, se encuentra el alcohol, que es muy barato y está presente en todas partes, y objeto de una promoción intensa por la industria. En segundo lugar, el tabaco, que es mucho más adictivo que el alcohol. En tercer lugar, los medicamentos hipnosedantes. Finalmente, están los fármacos para el dolor que son opioides.
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Qué son los hipnosedantes
Los psicofármacos son sustancias químicas que influyen en los procesos mentales actuando sobre el sistema nervioso y los hay de muchos tipos y para muchas funciones diferentes. Los hipnosedantes son un tipo de psicofármacos que tiene muchas variedades.
Siguiendo la información que proporciona el SESCAM (Servicio de Salud de Castilla-La Mancha), los hipnosedantes son un grupo de medicamentos que tranquilizan, relajan, calman la excitación nerviosa o provocan sueño y están indicados en el tratamiento de los síntomas de estrés, ansiedad e insomnio. Sin embargo, advierten de que “son poderosamente adictivos y su efecto se puede potenciar cuando se combinan con otras sustancias (alcohol u otros depresores del Sistema Nervioso Central) resultando, en ese caso, altamente peligrosos”.
Uno de los riesgos de los hipnosedantes para la salud es su gran componente adictivo. Su consumo puede generar tolerancia (necesidad de aumentar la dosis inicial para conseguir el mismo efecto), dependencia (aparece con el uso prolongado del fármaco) y síndrome de abstinencia (cuando se cesa en el consumo). Los síntomas relacionados con un síndrome de abstinencia son temblores, sudoración, palpitaciones, insomnio, vómitos, alucinaciones, agitación psicomotora y convulsiones.
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La mezcla con otras sustancias, en concreto, alcohol u otros depresores del sistema nervioso central, puede resultar altamente peligrosa al potenciarse el efecto de los hipnosedantes, aumentando el riesgo a presentar una sobredosis.
En este grupo de psicofármacos depresores del Sistema Nervioso Central con efectos ansiolíticos se encuentran medicamentos como Lorazepam, Bromazepam o Alprazolam; con efectos hipnóticos como Lormetazepam y Zolpidem, y con efectos sedantes, relajantes musculares o anticonvulsivantes como Diazepam y Clonazepam.
Qué son los opioides
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), los opioides son un grupo de fármacos dirigidos a aliviar el dolor que pueden extraerse de la planta de la adormidera o sintetizarse en un laboratorio. Gracias a sus efectos analgésicos y sedantes, los opioides como la morfina, la codeína y el fentanilo se utilizan para aliviar el dolor. Y otros fármacos opioides, como la metadona y la buprenorfina, se prescriben como tratamiento de mantenimiento para evitar la dependencia de los opioides.

Al igual que los hipnosedantes, son altamente aditivos. Por eso, a pesar de que su uso debe ser supervisado, muchas personas los consumen con fines recreativos porque pueden provocar la sensación de euforia. Algunas de estas sustancias son la heroína, la morfina, la codeína, el fentanilo, la metadona, el tramadol y otras moléculas similares.
Sus efectos farmacológicos pueden provocar dificultades para respirar y las sobredosis pueden resultar mortales porque actúan en la zona del cerebro que regula la respiración.
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