
La última Encuesta de Población Activa (EPA) refleja una tasa de paro del 11,8% en España, frente al 27% que casi se llegó a alcanzar en 2012. Si bien es cierto que las cifras de empleo son cada vez más esperanzadoras en nuestro país, hay ciertos datos que ensombrecen este optimismo. Es el caso de los parados de larga duración, es decir, aquellos que llevan más de dos años sin encontrar empleo, así como las personas que ya han agotado sus prestaciones, que se elevan a casi dos millones. Esta situación supone un desaprovechamiento de recursos y una reducción tanto del bienestar personal -pérdida de rentas y autoestima- como del bienestar social por los problemas de integración y cohesión social que genera.
Estos efectos indeseados se magnifican cuando nos referimos al desempleo de larga duración, que además tiende a cronificarse, o cuando las personas afectadas por ese desempleo no tienen derecho a ninguna prestación. La renta de las familias es una de las variables determinantes de su bienestar, puesto que define sus oportunidades de consumo. Para la inmensa mayoría de los hogares, esa renta está vinculada a los ingresos del trabajo, una actividad que, además de proporcionar ingresos, asienta la integración social.
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El último estudio de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), pone el foco en este conjunto de parados, advierten de que “este buen dato resulta menos positivo cuando se analiza también la duración y la cobertura de prestaciones de las personas desempleadas”. Así, el informe expone que más del 41% de los más de 2.850.000 desempleados llevan más de un año sin trabajo y un 28% han permanecido desempleadas durante más de dos años -unos 700.000 trabajadores-. Además, dos tercios de las personas desempleadas no recibe ningún tipo de subsidio de desempleo.
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El coste social del desempleo
Según el citado estudio, el 30% de los parados soporta el 90% del coste social del desempleo, es decir, la pérdida de bienestar que genera la falta de trabajo en el conjunto de la población. Este 30% que llevan el peso del coste social del desempleo son básicamente personas mayores de 45 años, que llevan más de dos años desempleadas, no perciben ninguna prestación, tienen un nivel educativo medio-bajo y son, mayoritariamente, mujeres.
El estudio pone de manifiesto que, aunque la tasa de paro es la variable más utilizada para medir la incidencia del desempleo en un país, no da cuenta de los efectos que causa el desempleo, con distinta intensidad, en el bienestar personal de los parados, tanto en pérdida de rentas como de autoestima.
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“Al centrar nuestra atención en la tasa de desempleo estamos ignorando información fundamental sobre la situación del mercado laboral y la dimensión del problema social que supone la falta de empleo. Las tasas de paro están muy lejos de proporcionar la información necesaria para valorar el impacto del desempleo en la sociedad, porque hay clara evidencia de que mientras una parte de la población desempleada se incorpora al empleo, otra parte se cronifica”, subraya el estudio.
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Para calcular el coste social del desempleo, se estima la renta que cada trabajador ha perdido por estar en paro -diferencia entre el salario que obtendría y el importe de la prestación o subsidio de desempleo-, y su pérdida de bienestar, calculada mediante la renta perdida durante todo el tiempo que permanece desempleada. Finalmente, la suma del total de rentas perdidas por todas las personas desempleadas arroja este coste social del desempleo.
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Loa datos reflejan que la caída en la tasa de paro no ha sido suficiente para compensar el deterioro del bienestar de las personas que siguen desempleadas, en particular las de larga duración, y que existen diversidad de situaciones, tanto por tipo de parado como entre las comunidades autónomas. Concretamente, Baleares es la región con menor coste social del desempleo debido a que es la región en la que la duración media en el paro es notablemente inferior al resto. País Vasco, por el contrario, exhibe una duración media del desempleo superior a la del resto de regiones y una pérdida salarial por la falta de empleo mayor. Estos dos factores explican un alto coste social del desempleo, a pesar de ser presentar la menor tasa de paro.
Por este motivo, las organizaciones que han realizado este estudio creen que es necesario “una nueva forma de medir el desempleo”, que tenga en cuenta no solo la tasa de paro, sino también la duración del mismo y la renta perdida de las personas desempleadas. “Solo así tendremos una visión precisa de las implicaciones de este problema social y una base adecuada para diseñar las políticas para combatirlo y valorar sus efectos”, concluyen.
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