
El citalopram es uno de los antidepresivos que más se recetan en España. Se trata de un medicamento del tipo inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina. Su función es la de dificultar la reabsorción del neurotransmisor serotonina (implicado de manera prominente en muchos procesos emocionales) por la célula presináptica (la célula que envía esa misma serotonina a otra), de manera que aumenta la disponibilidad de serotonina para la célula postsináptica, la receptora de la serotonina.
La función principal de la serotonina es la de mantener la armonía, el equilibrio y el bienestar emocional, lo cual es esencial a la hora de intervenir en alteraciones emocionales. Ayuda a mantener el equilibrio y el bienestar psíquicos, por lo que se emplea en el tratamiento de trastornos psicológicos y psiquiátricos como los trastornos depresivos, los trastornos de ansiedad, los trastornos de pánico, los trastornos obsesivo-compulsivos y algunas enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de Huntington.
Te puede interesar: “Es normal que se pase por la cabeza la idea del suicidio, pero hay que tomárselo como una señal para pedir ayuda”
Como cualquier medicamento, el citalopram puede tener efectos secundarios que afecten a las personas que los consumen, algunos son más corrientes y pueden aparecer en un primer periodo de adaptación al medicamento. Otros son más peligrosos y deben ser puestos en conocimiento de la persona que los recetó en caso de aparecer.
Efectos secundarios no graves
El citalopram puede tener unos efectos no deseados que pueden ocasionar una serie de molestias a la persona que toma esta medicación. Los más leves son: problemas gástricos como dolor de estómago, diarrea o acidez; náuseas; vómitos; alteraciones en el apetito; disminución del peso; fatiga extrema; debilidad muscular; temblores.; dolor muscular y de articulaciones; sequedad bucal; alteraciones en el deseo o el rendimiento sexual; y sangrado abundante en la menstruación.
Efectos secundarios graves
Si se experimentan algunos de los síntomas que se incluyen el listado de los efectos secundarios graves es necesario contactar de inmediato con el médico. Estos efectos son: fiebre; sensación de asfixia; desmayos; dolor de pecho; alteraciones en el ritmo cardíaco; alucinaciones; vértigos; hiperhidrosis o sudoración abundante; sensación de confusión; problemas de coordinación; entumecimiento muscular o contracciones musculares; alteraciones de la piel como urticaria, ampollas, sarpullido y picores; problemas para tragar; inflamación en rostros, garganta, tobillos y piernas; ronquera; cefaleas recurrentes; sangrados o cardenales sin motivo aparente; falta de concentración y sensación de inestabilidad; y convulsiones.
Seguir leyendo:
Últimas Noticias
Clima: temperatura y probabilidad de lluvia para Zaragoza este 23 de septiembre
Para evitar cualquier imprevisto es importante conocer el pronóstico del tiempo

Lady Di pudo ser primera dama de Estados Unidos tras separarse de Carlos III: “La idea del cargo la seducía más que el anciano aspirante a marido”
Charles Spencer cuenta en ‘El canto del cisne. Diana, mi hermana’ que la princesa recibió una oferta matrimonial de “uno de sus muchos pretendientes”

Los jóvenes marcarán unas elecciones en Marruecos que ven como una “pérdida de tiempo”: “Las calles se ensucian, hay vandalismo... ¿a dónde vamos a parar?”
En 2021, los observadores del Consejo de Europa alertaron sobre la baja inscripción electoral entre los jóvenes. Unos 2,8 millones de personas de entre 18 y 24 años no figuraban en el censo

La Bolsa española tiene dueño extranjero: los inversores internacionales ya controlan más de la mitad y BlackRock mueve 46.560 millones en el Ibex
El capital foráneo alcanza el 50,4% de las acciones cotizadas, un máximo histórico, mientras las familias españolas recuperan parte del terreno perdido y las grandes gestoras disparan su inversión en el selectivo

El gráfico que muestra que desde que nuestros padres se compraron casa en 1980 la vivienda se ha encarecido un 88% respecto a los salarios (y en Europa solo un 10%)
Un informe del Banco de España muestra que el esfuerzo de los hogares españoles para comprar vivienda se multiplicó casi nueve veces más que en la eurozona desde 1980, pese a que los salarios crecieron a un ritmo similar
