
La vista es le sentido más importante a la hora de conducir, ya que percibe el 80% de los estímulos relacionados a la circulación. En este sentido, la Dirección General de Tráfico señala que la agudeza visual, que implica el detalle con el que se perciben los objetos; el campo visual, el espacio que se abarca con la mirada; y la sensibilidad al contraste, la capacidad para discriminar un objeto del fondo, son capacidades básicas para ponerse al frente de un volante.
Sin embargo, todas estas capacidades pueden verse afectadas por distintas enfermedades, trastornos o condiciones ajenas al conductor, lo que pone en riesgo la seguridad tanto del automovilista como de terceros. Tanto la falta de luz como el exceso de la misma son perjudiciales al momento de conducir por lo que es necesario buscarles una solución. En el caso concreto de una luminosidad fuerte recurrir a las gafas de sol es una de las mejores opciones.
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Al respecto, la profesora de la Facultad de Óptica y Optometría de Universidad Complutense Amalia Lorente señala que “cuando nos ponemos gafas de sol, la pupila se abre y la agudeza visual disminuye. Si además somos amétropes, vamos a ver mucho peor, porque se pierde contraste y nitidez”. Ante esto, desde la DGT, en un artículo publicado en el último número de su revista, destacan que aquellas personas que en su vida diaria utilizan lentes graduadas -inclusive a la hora de ponerse frente al volante- a la hora de ponerse gafas de sol estas también tiene que estar obligatoriamente graduadas.
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Tipos de gafas
La DGT recomienda dos tipos de gafas a los conductores: las tintadas o con recubrimientos, que llevan moléculas que absorben la radiación y reducen los reflejos; y las polarizadas, que emplean el efecto de la polarización para eliminar los reflejos, aunque es preciso comprobar que permitan ver las pantallas digitales que cada vez son más frecuentes en los automóviles.
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Por el contrario, en ningún caso deben utilizarse al conducir ni gafas de sol fotocromáticas no aquellas con filtros de categoría cuatro. Las primeras se contraindican debido al largo tiempo que tardan en aclararse -entre tres y cinco minutos- una vez que el entorno se oscurece, reduciendo drásticamente la visión. Por su parte, con las gafas de categoría cuatro, por ejemplo, al entrar a un túnel la visión queda gravemente comprometida ya que reducen tanto el paso de la luz que es como conducir a ciegas.
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En cuanto al color de los cristales, Lorente recomienda las gafas con filtros grises, marrones o verdes. La profesora apunta también que los cristales de color rosa también incremental el contraste y reducen la fatiga ocular en usos prolongados, mientras que los amarillos, que bloquean la luz azul, son aconsejables en personas con patologías retinianas. “No hay evidencia científica de que un color de cristales mejores la visión con determinadas ametropías. Sí se produce una sensación de de mayor luminosidad, pero no mejora el detalle, no se produce mayor agudeza”, detalla.
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