‘Piscinosofía’: el poder emocional, político y cultural del agua contenida entre bordillos

La escritora y periodista Anabel Vázquez analiza las posibilidades de la piscina y su arquitectura en un ensayo que une a Hockney con los veranos mediterráneos

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La escritora y periodista Anabel Vázquez (Leticia Díaz de la Morena)

Recorro el mundo persiguiendo agujeros en el suelo llenos de agua, dice Anabel Vázquez. La escritora y periodista convierte el ente capaz de contentar a adultos, adolescentes y niños en un espacio de introspección y análisis en Piscinosofía (Libros del K.O.): una anatomía emocional de los cuadrados de cemento que albergan, en sí y más allá de sus bordillos, algo más que agua.

“Creo que el mundo es mucho mejor con una piscina”, dice Vázquez en una charla con Infobae España. En el Café Comercial de Madrid, en plena rotonda de Bilbao, remueve su café mientras explica por qué el cubículo acuático que conforma la idiosincrasia de las sociedades mediterráneas tiene, para ella, tanto significado. “Tenía la voluntad de entender esa construcción desde un sitio propio y emocional”, explica.

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Como espacio de creación cultural o como “arma arrojadiza” en las salas del Congreso de los Diputados y en las discusiones de Twitter, las piscinas llegan a la libreta y a los documentos de Vázquez después de una carrera periodística que le ha permitido visitar cada rincón del mundo. En ellos, las moléculas de hidrógeno y oxígeno obtenían un papel protagonista.

“Eran un motivo recurrente y veía que era algo que tenía que explotar”, insiste. Sudáfrica, Portugal, Miami o La Toscana: ciudades diversas, exquisitas y exóticas, que son igualadas por el agua. “Había un sujeto atractivo, muy seductor, que interpela y gusta a todo el mundo”, motivo que acrecentó su interés por radiografíar su esqueleto más allá de su arquitectura.

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La política del chapuzón

La izquierda no puede tener ni un iPhone ni una piscina. Es un statement político que los votantes de la oposición llevan años enarbolando para desprestigiar a los líderes del otro lado histórico. Galapagar, colegios privados y piscinas climatizadas en residencias de barrios periféricos. Mencionando a La España de las piscinas de Jorge Dioni, Anabel Vázquez también retrata dicho espacio como arma de ataque en la arena política, en la batalla campal de la verborrea. “Parece que los presidentes de izquierdas no puedan tener una piscina”, incide.

Leer y pensar son dos actividades privilegiadas que se desempeñan muy bien junto a una piscina, indica la escritora en Piscinosofía. “Parece que sólo puede ser patrimonio de una parte de la sociedad, que es un capricho capitalista, cuando en realidad todo el mundo tendría que tener derecho a darse un baño en la piscina sin distinción de clase”, indica. Con veranos cada vez más asfixiantes y un “calentamiento global enorme”, poder acceder a un chapuzón se convierte, para la autora, en un “derecho” independientemente del nivel de la nómina. “La piscina no es patrimonio de ninguna clase social ni debería serlo”, añade.

Con crisis que se suceden y recesiones que no cesan, “la clase media española no puede manejar con soltura lo que se manejaba hace años”, pero la piscina sigue siendo ese “pequeño refugio”, ese “consuelo de pensar ‘lo logré'”. Un remanso de paz, colchonetas y manguitos que se convierte en un símbolo de estatus social.

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Pasión acuática

Las pintaba David Hockney, John Cheever habló sobre la nostalgia que desprenden en El nadador, el diseñador André Courrèges creó un vestuario de ensueño y neopreno para La piscine (1969), la película de la nouvelle vague que protagonizaron Alain Delon, Romy Schneider y Jane Birkin, y la primera que hubo en la historia fue la de la ciudad de Mohenjo-Daro, actual Pakistán.

Las piscinas están presentes en cualquier escenario: histórico, cultural, deportivo o social. En ellas se nada para ganar un trofeo, para ganarle la partida al calor o para contemplar un vacío estivo junto a un helado. Su agua es, además, igualadora. “La sensación de meter el pie en el agua y sumergirse es unificadora y democrática”, indica Vázquez. “Todo el mundo tiene el mismo frío, miedo o ganas, ya sea una estrella de Hollywood o tu sobrina”.

En Piscinosofía hay un espacio para considerar a este sujeto arquitectónico como algo más que un espacio de diversión, sensualidad, calor y jolgorio. Anabel Vázquez analiza las posibilidades nostálgicas de la piscina y su poder de actuar como espejo. “Te pone por delante lo que eres realmente”, sobre todo en verano, “una época que es de una mayor reflexión de lo que parece”.

Las piscinas actúan, para la escritora, como auténticas “plazas de pueblo” con ritmos y ecosistemas propios. “Ocurre de todo”, insiste. “Ves las relaciones familiares, vecinales, amorosas, es un macrobar, ríe. Si algo demuestra Vázquez en su ensayo es la capacidad de convertir un ente asociado a una época, a un momento, concreto en algo mucho más trascendental.

“Tiene la voluntad de cercar algo salvaje, que es el agua”, un elemento que el ser humano es incapaz de controlar. Para ello crea las piscinas en un intento de “domesticarla”. “Siempre tenemos que sentir que dominamos a la naturaleza, pero ésta nos va a ganar a todos”, concluye.

La autora estará firmando su obra en la Feria del Libro de Madrid el próximo día 10 de junio.

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