
Pocas series pueden presumir de mejorar temporada tras temporada. Cuando se estrenó en 2020 La unidad tuvo la mala fortuna de coincidir con Antidisturbios y quizás su alcance fuera menor, pero su calidad era incuestionable: un policiaco con brío, con buenos personajes y una trama que nos introducía en el trabajo diario de una unidad de élite de la Policía Nacional especializada en terrorismo yihadista.
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Allí conocimos a la comisaria Carla Torres (Nathalie Poza) y a su equipo, entregados a la delicada misión de impedir cualquier ataque terrorista en nuestro país a través de diferentes misiones secretas. La segunda temporada subió todavía más el nivel y ahora llega lo que podríamos considerar como una mini serie de seis episodios que funciona de forma independiente y que constituye todo un hito a nivel de producción dentro de la ficción española, por su ambición y por su complejidad.
La unidad Kabul se sitúa en el hervidero de la capital afgana justo en el momento en que cayó en manos de los talibanes. En ese instante repleto de crispación, algunos miembros de ‘la unidad’ se han trasladado al país para intentar desarticular una red armamentística. Allí estará Miriam (Marian Álvarez), Najwa (Fariba Sheikhan) y Marcos (Michel Noher) dentro de ese hervidero repleto de peligros.

El cambio de escenario resulta fundamental, ya que los personajes ahora están solos en un lugar donde nadie puede ayudarlos, donde los posibles enemigos se encuentran por todas partes y el clima es de profunda crispación e inestabilidad política. Hasta que todo colapsa. A partir de ese momento, seguiremos varias líneas narrativas: la desaparición de Miriam, Najwa y Marcos, los esfuerzos de Carla por encontrarlos con vida y las dificultades a las que se enfrenta Houda (Fara Hamed) por su étnia dentro del conflicto político-religioso.
Dani de la Torre demuestra su pericia como director a la hora de orquestar todos los retos que se pone por delante, como plasmar la tensión y el desasosiego de la toma del poder por parte de los yihadistas, toda la parte en el hospital donde trabaja Houda o las escenas de masas de miles de personas intentando entrar en la zona protegida por la embajada de España para repatriar a los residentes en Kabul, que toman como referencia directa a la película bosnia de Jasmila Zbanic Quo Vadis, Aida?

Sin embargo, los momentos realmente más terroríficos tienen que ver con el secuestro de Miriam y Najwa por parte de un señor de la guerra que está dispuesto a cualquier cosa para recibir una recompensa. El infierno al que se verán abocadas está contado desde una manera tan seca como contundente, poniendo de manifiesto la crueldad y la violencia dentro de un panorama en el que no hay ni un atisbo de humanidad.
La unidad Kabul despliega todas sus armas sin necesidad de subrayar, apostando por un estilo enérgico en el que la estilización formal no se sacrifica, pero está espléndidamente al servicio de la historia, de los personajes, de sus miedos e inseguridades, de su sensación de estar al borde la muerte, de su desgarro interior. Y todo funciona, porque lo que nos muestra es tan real como visceral.
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