El cineasta canadiense James Cameron, conocido por redefinir los límites de Hollywood, compartió detalles de sus primeros pasos y su trayectoria en una entrevista exclusiva con Vanity Fair.
Desde la precariedad inicial hasta éxitos globales como Titanic y Avatar, Cameron repasó anécdotas inéditas, los riesgos que asumió en cada proyecto y su defensa de un cine épico, siempre en la búsqueda de innovación y personajes femeninos fuertes.
Precariedad y familia: los orígenes de Cameron
“Estaba por debajo de cero”, recordó Cameron sobre sus primeros años antes de dirigir Terminator. “Vivía en un pequeño apartamento en Tarzana. Mi madre me enviaba cupones para que pudiera comprar dos Big Macs por el precio de uno, porque pensaba que no estaba comiendo lo suficiente, y tenía razón”, describió.

El rodaje de Terminator estuvo lleno de obstáculos: “No conseguimos a Arnold Schwarzenegger hasta el día 10 de un rodaje de 40 días”, relató. “Solo filmamos con Linda Hamilton al principio. Linda se torció el tobillo dos días antes del inicio, llevaba un vendaje deportivo muy apretado. Apenas podía moverse por el set. Usamos todos los trucos posibles y algunos inéditos para terminar la película”, agregó.
El equipo celebró una fiesta de fin de rodaje a mitad del proceso, convencidos de que no llegarían al final. El tiempo les demostró lo contrario.
La fuerza femenina en el cine de acción
Tras el éxito de Terminator, Cameron asumió la dirección de la secuela de Alien de Ridley Scott, iniciando así su relación con las heroínas de acción. “Creo que Ripley estaba en mi mente cuando escribía a Sarah Connor”, explicó.

“Fue una metamorfosis a partir del tropo de la ‘última chica’. Viene de tener una madre muy fuerte, mujeres fuertes en mi familia. Probablemente, haya toda una interpretación freudiana detrás”, señaló.
Cameron señaló que este tipo de personajes femeninos no era usual en el cine de acción de entonces, y lo aprovechó para crear películas de gran presupuesto capaces de atraer tanto a hombres como a mujeres.
Obstáculos técnicos y superación
El siguiente desafío fue El secreto del abismo, una producción compleja por sus escenas submarinas. “Algunos del elenco lo amaron, y otros estaban aterrados. Recibimos críticas por poner a la gente en una situación de alta presión”, admitió. Y sentenció: “No lo volvería a hacer”.

Para Terminator 2: el juicio final, Cameron buscó insistentemente el regreso de Linda Hamilton, quien solo aceptó si su personaje, Sarah Connor, estaba “loca”. Esta exigencia llevó al director a reescribir el guion y situarla en un hospital psiquiátrico. El núcleo de la película, sin embargo, era la relación entre Sarah y su hijo John.
Junto a la directora de casting, Mali Finn, seleccionaron a muchos niños: “Mali fue a todas las agencias, vimos a todos los chicos de esa edad, y la mayoría solo había hecho comerciales. Eran pequeños robots sonrientes”.
Finn descubrió a Edward Furlong en un club juvenil: “Se vinculó con Arnold. Arnold se convirtió en su padre porque Eddie tenía problemas con el suyo. Su padre se había ido y vivía con su tío. Pudo canalizar todo eso. Y se percibe en él un anhelo de tener un padre”.
La revolución de los efectos visuales

Terminator 2: el juicio final se convirtió en un hito en efectos digitales. El villano T-1000, ideado como metal líquido, exigió efectos visuales revolucionarios.
“Realizamos 42 tomas de CGI, y completar las últimas llevó un año. Fue extremadamente difícil”, detalló Cameron y agregó: “Ahora estamos finalizando Avatar 3 con 3.500 tomas de CGI, un salto enorme en más de tres décadas”.
“Titanic” y “Avatar”: riesgos y tecnología
Mentiras verdaderas marcó un cambio de tono con la comedia de acción, antes de que Cameron se embarcara en Titanic. Relató cómo entró en la oficina del ejecutivo de Fox, Peter Chernin, con una foto del Titanic y le propuso: “Es Romeo y Julieta en eso”. Solo necesitaba USD 120 millones para la película.

“A Kate Winslet la elegí muy rápido”, explicó. Conseguir a Leonardo DiCaprio fue más complejo: “Él no quería el proyecto, aunque todos le aconsejaban aceptar. No sentía que fuera un reto suficiente ni quería ser solo ‘el joven guapo’. Aceptó cuando le dije que no estaba listo para hacerlo”.
La tecnología fue el siguiente gran obstáculo. Cameron escribió el primer guion de Avatar en 1995, pero debió esperar a que la industria alcanzara su visión. La primera entrega fue pionera en captura de movimiento, perfeccionada en las nuevas películas: “Invertimos mucho dinero en investigación y desarrollo”.
“Cada matiz, mirada y pequeño movimiento debía conservarse. Dedicamos tres años y USD 40 millones a perfeccionar la tecnología antes de trabajar con los actores”, afirmó.
Durante toda su carrera, Cameron persiguió nuevos desafíos y el aprendizaje constante. “Me atrae cualquier tipo de reto”, confesó a Vanity Fair. “No me interesa repetir lo que ya hice”, concluyó.
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