Cuando un misil no identificado se lanza hacia Estados Unidos y los líderes del país tienen solo 18 minutos para decidir qué hacer, comienza una carrera contra el tiempo que expone el miedo más antiguo de la humanidad: la posibilidad de la aniquilación absoluta.
Así inicia Una casa de dinamita (A House of Dynamite), el nuevo thriller político de Kathryn Bigelow que marca su regreso al cine tras siete años de silencio, y que debutó en el Festival de Venecia con una ovación de 13 minutos antes de su estreno limitado en cines y su llegada a Netflix el 24 de octubre.
La película combina la precisión casi documental que caracteriza a la directora —ganadora del Oscar por Zona de miedo— con un relato que avanza, retrocede y vuelve a avanzar, mostrando los mismos hechos desde distintos ángulos: un ataque nuclear inminente contado desde tres centros de poder —la base de defensa de misiles en Alaska, el Comando Estratégico (STRATCOM) y la Sala de Situación de la Casa Blanca—.
Es ahí donde labora la capitán Olivia Walker, interpretada por Rebecca Ferguson, quien se enfrenta al protocolo, la incertidumbre y el terror mientras intenta mantener la calma en una emergencia que pone en riesgo al país.
“Kathryn ha estado en mi lista de directores soñados durante mucho tiempo”, contó Ferguson a Infobae en una entrevista vía videollamada.
“Muy pocas veces se tiene la oportunidad de trabajar con héroes. Y poder estar cerca y ver cómo trabaja, su inteligencia y la gente que quiere estar a su lado, es fenomenal. El guion de Noah era increíble, así que me siento muy afortunada de haber podido formar parte de ello y de haberla visto en acción”.
Un thriller de precisión quirúrgica
Además del ojo cinematográfico de Bigelow, el largometraje tiene sus cimientos en el guión elaborado por el periodista Noah Oppenheim —ex presidente de NBC News.
Ambos trabajaron con asesores del Pentágono, la CIA y la Casa Blanca para retratar con exactitud cómo se desarrollaría una crisis nuclear real.

“La autenticidad y la precisión eran fundamentales”, explicó la directora en una entrevista para Netflix. “No podía sentirse como una ficción, aunque la historia sea hipotética. Es un escenario posible, y eso lo hace aterrador”.
Esa obsesión por el detalle también marcó el tono de las actuaciones.
Ferguson interpreta a una oficial que debe mantener la comunicación directa entre las agencias y el presidente mientras el reloj corre. Si bien el filme resalta la capacidad de su equipo, también muestra el contraste con sus vidas fuera de la sala: son ciudadanos con familias que anhelan proteger.
Eso se traduce en una sensación de impotencia y traslada al público la interrogante sobre la efectividad real de todos los protocolos de contingencia.
“Las personas que están en las salas, por ejemplo, en la sala de crisis en la que se encuentra mi personaje, están muy bien entrenadas. Se entrenan, quiero decir, 400 veces al año para cualquier tipo de amenaza que se les presente”, explicó la estrella de Mision imposible a Infobae.

“Me parece bastante aterrador que, cuando se trata de armas nucleares y amenazas de ese calibre, el presidente apenas haya recibido información y sea él quien, si quiere, tiene el dedo en el gatillo para enviar una ojiva nuclear a cualquier lugar”, destacó.
“Yo interpreto a este personaje, pero en realidad soy un civil también. Es absurdo. Es horrible. Ojalá pudiéramos reducir el arsenal nuclear. Ojalá hubiera al menos algún tipo de unidad para tomar decisiones juntos. Es espantoso”, concluyó la actriz sobre ese escenario.
Esa es la paradoja que encontró Oppenheim en su investigación.
“Hay tantas capas de personas involucradas en una decisión como esta, y una de las ironías es que los más experimentados son los más bajos en la cadena de mando”, dijo el guionista a Associated Press en Venecia. “El presidente de Estados Unidos es el único que puede decidir qué hacer, pero probablemente sea quien menos tiempo ha dedicado a pensar en ello”.
Por otro lado, Ferguson —quien ha desarrollado una larga carrera en títulos como Silo, Life, o Duna— también identifica la vulnerabilidad humana en su personaje como algo que la atrajo a Una casa de dinamita.

“Es una combinación de factores. A veces la gente me pregunta si me gusta la ciencia ficción porque hago muchas películas así, pero para mí lo que importa es el desarrollo de los personajes, la vulnerabilidad, los arcos narrativos, la emoción. Y no elijo algo basándome en ciertos aspectos. Miro el conjunto y pienso: ¿Quiero formar parte del viaje o quieren que forme parte del viaje?"
Una casa de dinamita se estrena este 9 de octubre en cines de Argentina y México. Su lanzamiento en streaming vía Netflix será el 24 de octubre.
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