Cuando una figura consolidada de la industria cinematográfica como Ralph Fiennes logra volver a ocupar un lugar destacado en las nominaciones a los premios Oscar, el peso de su recorrido se vuelve ineludible. Aunque Cónclave, la película de 2024 dirigida por Edward Berger, revitalizó su popularidad con una oportuna reestreno tras la muerte del Papa Francisco y la posterior elección del Papa León XIV, su presente brillante se ve matizado por el recuerdo de un episodio que casi quiebra su carrera: el estrepitoso fracaso de Los Vengadores en 1998.
Una superproducción destinada al colapso
A finales de la década de 1990, Ralph Fiennes ya había construido una imagen de solidez actoral. Venía de una nominación al Oscar por su estremecedora interpretación del oficial nazi Amon Goeth en La lista de Schindler (1993), y otra por su trabajo en El paciente inglés (1996).
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Pero fue entonces cuando aceptó protagonizar la adaptación cinematográfica de la serie británica de culto The Avengers, encarnando al agente John Steed junto a Uma Thurman como Emma Peel. La película también contaba con figuras reconocidas como Sean Connery y Jim Broadbent, lo cual auguraba un éxito seguro.
El resultado, sin embargo, fue desastroso. Ni la dirección de Jeremiah S. Chechik ni el respaldo del estudio Warner Bros. lograron salvar la producción. Con un presupuesto de 60 millones de dólares, la película apenas recaudó 54,7 millones a nivel global. Fue aplastada por la crítica —logró apenas un 5% de valoraciones positivas según Rotten Tomatoes— y abucheada por el público, que le otorgó apenas un 15% en los sitios de reseñas.
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Según recordaría el propio Fiennes décadas más tarde, ni siquiera hubo funciones de prensa ni estreno formal. “Simplemente dijeron: ‘Ponela y cerrá los ojos’”, relató en una entrevista a Vanity Fair en diciembre de 2024.
El impacto personal fue profundo. El actor creyó, con una mezcla de desazón e ironía, que su carrera podría haber terminado allí mismo. Los Vengadores no solo fue un fracaso financiero, sino también un golpe brutal a su credibilidad como actor principal de producciones comerciales.
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Un antídoto narrativo y emocional
La recuperación, aunque paulatina, comenzó de inmediato. Apenas un año después, Fiennes se embarcó en El fin del romance, un drama basado en la novela de Graham Greene. Allí volvió a trabajar con Julianne Moore, con quien ya había compartido pantalla, y encontró en el guion una oportunidad para reconectarse con sus preferencias literarias y su sensibilidad dramática.
En sus propias palabras, El fin del romance fue un “antídoto fantástico” frente a la ansiedad que había generado el desastre de Los Vengadores. La película, más intimista y alejada del vértigo de las grandes superproducciones, le permitió retomar el control de su carrera y reafirmar su afinidad con personajes complejos y narrativas con peso moral.
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El contraste entre ambos proyectos no podría ser mayor. Mientras Los Vengadores se sostenía en una estética hueca y en diálogos que intentaban imitar sin éxito el humor británico de los años sesenta, El fin del romance ofrecía una introspección poderosa sobre el deseo, la religión y el sufrimiento. Fue ese viraje hacia el cine de autor el que le permitió a Fiennes evitar el colapso profesional.

Su consagración
A pesar del prestigio que rodeó sus primeros años de carrera, Ralph Fiennes nunca logró alzarse con un premio Oscar. Perdió en 1994 frente a Tommy Lee Jones (El fugitivo) y en 1997 frente a Geoffrey Rush (Shine). La tercera oportunidad llegó recién en 2025 con Cónclave, una producción que había tenido un estreno medido en diciembre de 2024, pero que recobró fuerza y visibilidad global tras la muerte del Papa Francisco.
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El film, centrado en los entresijos políticos y personales del cónclave papal, capturó la atención mundial cuando coincidió con el fallecimiento del pontífice y la elección de su sucesor, León XIV.
En su interpretación del cardenal que juega un papel clave en la elección del nuevo Papa, el actor fue celebrado por su contención expresiva y su dominio escénico.
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Durante semanas, Fiennes encabezó las predicciones para llevarse el premio a Mejor Actor, pero el galardón finalmente fue para Adrien Brody por The Brutalist. Aun así, Cónclave marcó una revalidación artística y mediática de su figura, y consolidó su presencia en una generación de intérpretes que supieron adaptarse a los cambios industriales sin perder relevancia.
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