
Pedro Almodóvar, uno de los cineastas más influyentes del panorama internacional y figura clave del cine español desde los años ochenta, ha confesado recientemente una pequeña deuda pendiente con la literatura universal.
A pesar de su pasión por los libros y su reconocida vocación narrativa, el director manchego admitió no haber logrado terminar nunca Ulises, la monumental novela de James Joyce.
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La revelación tuvo lugar en el marco de una entrevista en vídeo, donde el autor de La ley del deseo y Todo sobre mi madre se mostró sorprendentemente franco:
“Yo generalmente termino los libros que empiezo, pero reconozco que el que no he podido terminar nunca es el Ulises de James Joyce. Creo que nos ha pasado a muchos, y me da un poco de vergüenza, porque estoy seguro de que es una genialidad. Lo he intentado dos o tres veces, pero todavía tengo tiempo de intentarlo”.
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Una vida entre imágenes y palabras
Almodóvar, nacido en Calzada de Calatrava en 1949, ha forjado una carrera marcada por la audacia creativa, el uso expresivo del color, el protagonismo de mujeres complejas y un humor ácido que convive con un agudo sentido de la crítica social.
Desde su debut con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), su obra ha influido en generaciones de cineastas y ha proyectado una imagen singular de España en el mundo. Su más reciente largometraje, La habitación de al lado, continúa esa trayectoria vibrante y personal.
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Pero más allá del cine, Almodóvar siempre ha mostrado un profundo vínculo con la literatura. “Mi primera vocación fue la de narrador”, ha declarado en más de una ocasión.
Su infancia estuvo atravesada por los libros que sus hermanas compraban en Galerías Preciados, y desde entonces ha hecho de la lectura una compañera constante de vida.
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Incluso ha comentado cuáles son las obras que más ha regalado a lo largo de los años, demostrando un apego emocional y formativo a la palabra escrita.
“Ulises” una cima inaccesible
A pesar de esa cercanía con los libros, Ulises representa para Almodóvar —como para muchos lectores— una barrera difícil de cruzar. Publicada en 1922, la novela de James Joyce es considerada una de las más complejas y revolucionarias del siglo XX.
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Inspirada estructuralmente en La Odisea de Homero, sigue a tres personajes en el transcurso de un solo día en Dublín: Leopold Bloom, publicista judío que recorre la ciudad en medio de reflexiones íntimas; Stephen Dedalus, joven intelectual atormentado por la muerte de su madre; y Molly Bloom, esposa de Leopold, cuyo monólogo final ha pasado a la historia de la literatura por su audacia y lirismo.

La obra desafía al lector con un estilo fragmentario, plagado de juegos lingüísticos, alusiones filosóficas y técnicas narrativas experimentales como el flujo de conciencia.
A pesar de que aborda temas profundamente humanos —la identidad, el deseo, la conciencia, la vida cotidiana—, su lectura se ha convertido en una especie de rito iniciático que muchos empiezan, pero pocos concluyen.
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Un gesto de honestidad cultural
La confesión de Pedro Almodóvar no solo humaniza al artista, sino que lo vincula aún más con el lector común. Reconocer la dificultad de una obra canónica sin por ello negarle su valor estético o intelectual, habla de una relación madura con la cultura: una que permite los intentos fallidos, la relectura y el reencuentro con los textos en distintos momentos de la vida.
“Todavía tengo tiempo de intentarlo”, dijo el director, dejando abierta la posibilidad de volver a Joyce como quien regresa a un viejo amor incomprendido.
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En esa frase reside una de las claves de su arte: la persistencia en el deseo, la fe en las segundas oportunidades, incluso frente a los libros que se resisten.
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