En diálogo con The New Yorker, la actriz australiana Sarah Snook describió la exigente transformación que enfrenta en El retrato de Dorian Gray, una adaptación teatral dirigida por Kip Williams que combina actuación en vivo y tecnología multimedia. La obra, según explicó, le exige interpretar 26 personajes en una puesta en escena de precisión absoluta, lo que representa un reto sin precedentes en su carrera.
Tras su éxito en el West End de Londres, donde su interpretación le valió un Premio Olivier, Snook lleva ahora la producción a Broadway, consolidando su regreso al teatro después de su papel icónico en Succession.
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Un desafío interpretativo y físico sin precedentes
Desde el comienzo de la obra, el público se encuentra ante una pantalla vertical donde Snook aparece en primer plano narrando la historia. En su conversación con The New Yorker, la actriz detalló cómo, a lo largo de dos horas ininterrumpidas, alternar entre los distintos personajes requiere cambios rápidos de voz, postura y expresiones, además del uso de diversas pelucas y vestuarios.
“Cada personaje tiene una entonación distinta. Basil habla con los dientes apretados y el sonido en la parte derecha de la boca, mientras que Lord Henry tiene una voz más grave y con resonancia en la garganta”, explicó sobre su método para diferenciarlos.
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Más allá del desafío actoral, la puesta en escena impone una demanda física extrema. En la entrevista, Snook reveló que el espectáculo no le permite pausas, con apenas tres breves oportunidades para hidratarse. Para mantenerse en forma, sigue un régimen estricto: sin alcohol ni cafeína, y muchas horas de descanso, además de ensayar el guion mientras corre en una caminadora.
“Escuché que Taylor Swift se preparaba para su gira Eras Tour corriendo y cantando al mismo tiempo, y pensé: ‘Es una idea genial. Voy a hacer lo mismo’”, comentó a The New Yorker.
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Dorian Gray en la era digital: imagen y percepción
Uno de los elementos más innovadores de la adaptación de Williams es el uso de tecnología para explorar el conflicto entre la imagen y la identidad, un tema central en la novela de Oscar Wilde. En varios momentos de la obra, el rostro de Snook es modificado en tiempo real con filtros de embellecimiento, creando un efecto perturbador cuando la imagen digital desaparece y deja ver su rostro real.
En su charla con The New Yorker, la actriz reconoció el impacto psicológico de este recurso: “Cuando la versión retocada desaparece, mi reacción inmediata es: ‘Oh, Dios, ¿así me veo en realidad?’ Es increíble lo rápido que nuestro cerebro se acostumbra a la imagen editada”.
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Para Snook, la obra resuena con la forma en que las redes sociales fragmentaron la identidad en la actualidad. “Wilde escribió que sus tres personajes principales (Dorian, Basil y Lord Henry) representaban distintas facetas de su personalidad. Hoy hacemos lo mismo: tenemos una versión para Instagram, otra para la familia, otra para el trabajo. Ahora es más fácil que nunca mantener esas identidades separadas”, reflexionó en la entrevista.

El regreso al teatro y la conexión con Oscar Wilde
Aunque su popularidad creció gracias a Succession, Snook tiene una sólida trayectoria en el teatro. En The New Yorker, recordó su paso por el Old Vic de Londres, donde compartió escena con Ralph Fiennes en Master Builder, pero reconoció que Dorian Gray representa un desafío sin comparación.
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Además, la obra la llevó a experimentar una extraña conexión con Wilde. En la entrevista, relató que en el teatro londinense donde se presentó, vio lo que parecía un fantasma victoriano y que su apartamento en Londres tuvo fenómenos inexplicables, como luces parpadeantes y un olor a pólvora.
Al mencionarlo al personal del teatro, estos confirmaron que el lugar tenía fama de estar encantado. “Creo que Oscar está en el teatro con nosotros. O al menos me gusta pensar que lo está”, dijo a The New Yorker.
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El dilema moral de Dorian Gray: una pregunta sin respuesta
Más allá del espectáculo visual y la exigencia actoral, Snook destacó que la obra plantea una cuestión moral abierta al público: ¿Dorian Gray es castigado por sus acciones o simplemente por desear la juventud eterna? “En la puesta en escena, dejamos que el público decida si al final va al cielo o al infierno”, explicó.
Cada noche, la actriz enfrenta el reto de ejecutar una coreografía de movimientos, voces y cambios escénicos con una precisión inquebrantable. Como concluyó en The New Yorker, este tipo de restricciones redefinieron su forma de actuar: “Si encierras algo en una jaula, encuentras una nueva forma de bailar”.
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