De perder la audición a dar clases a oyentes: El maestro que enseña a escuchar con las manos en El Salvador

Conseguir un empleo formal en El Salvador es un desafío complejo para cualquiera, pero para una persona sorda puede convertirse en un laberinto de años de rechazo

Miguel Ángel Orellana, Miembros pertenecientes al Ministerio de Personas Sordas del Tabernáculo Bíblico Bautista de El Salvador
Miguel Ángel Orellana, miembro perteneciente al Ministerio de Personas Sordas del Tabernáculo Bíblico Bautista de El Salvador. (Infobae Centroamérica/Emerson Del Cid)
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Miguel Ángel Orellana nació en 1982 en Chalatenango, una zona rural al norte de El Salvador marcante por los estragos del conflicto armado. A los tres años, una severa infección infantil le arrebató la audición de manera progresiva.

En aquella época, la medicina pública salvadoreña carecía de tratamientos adecuados y de protocolos de detección temprana, lo que llevó a su familia a trasladarse a San Salvador en busca de alternativas para su desarrollo.

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En un país donde la sordera sigue siendo una «discapacidad invisible», Miguel Ángel tuvo que rediseñar sus propios mecanismos de interacción desde la infancia.

Infobae tuvo la oportunidad de conversar con él en San Salvador mediante la mediación técnica y lingüística de la intérprete Adriana Barrera, quien tradujo a su voz el relato en Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA) de este maestro que lleva más de década y media desafiando las estadísticas de exclusión laboral.

Miguel Ángel Orellana, una persona sorda, comparte su conmovedora historia. Relata cómo una infección en su niñez le hizo perder la audición progresivamente y cómo esta experiencia lo llevó a desarrollar una increíble habilidad visual para comunicarse con el mundo.

El giro decisivo en su vida ocurrió a mediados del año 2000, cuando a los 18 años tuvo su primer contacto con una comunidad sorda en la iglesia Tabernáculo Bíblico Bautista Amigos de Israel Central.

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Hasta ese momento, no conocía la fe ni comprendía la dimensión de la identidad sorda. «Llegué siendo un joven que no sabía nada sobre la fe ni sobre cómo integrarme. Ahí empezó mi interacción real y el entendimiento de que el ‘viejo hombre’, aislado y sin herramientas, quedaba atrás», recuerda.

La odisea del mercado laboral en El Salvador

Graduarse de bachillerato en 2004 no le garantizó un camino sencillo. En El Salvador, las personas sordas enfrentan una barrera estructural al buscar empleo formal. Durante años, Miguel Ángel tocó puertas sin obtener respuesta. No fue sino hasta 2009 cuando logró su primer contrato temporal de un año, y en 2010 alcanzó la estabilidad laboral que mantiene hasta la fecha, acumulando 16 años ininterrumpidos de trabajo.

Su historia, sin embargo, es una excepción en un país donde la mayoría de los jóvenes sordos quedan relegados a la informalidad o a trabajos mal remunerados por la falta de intérpretes en los procesos de selección y el prejuicio de los contratantes.

Miguel Ángel Orellana, una persona sorda, comparte su perspectiva sobre los desafíos laborales y sociales que enfrenta su comunidad en El Salvador. A través del lenguaje de señas, narra cómo ha evolucionado la situación y las barreras que aún persisten.

El docente destaca, además, una profunda brecha territorial dentro del país. Mientras que en la zona metropolitana de San Salvador existen fundaciones, diplomados e iglesias que promueven la inclusión, en los departamentos del interior de El Salvador la exclusión de las personas sordas es casi absoluta.

«Para lograr una inclusión real se necesita llegar a los departamentos, educar a los padres y madres para que la comunicación en la familia no sea una barrera, sino una brecha que se abre», enfatiza.

Enseñar LESSA a oyentes: derribar los límites de la mente

Actualmente, Miguel Ángel se desempeña como instructor del Diplomado en Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA), enseñando tanto a oyentes como a personas sordas. Para él, ver a personas oyentes interesadas en aprender su lengua materna es el paso fundamental para la integración social.

«Cuando los oyentes aprenden señas, la barrera de comunicación se rompe. Ya no hay límites; se abren puertas para que la sociedad se mezcle. Además, la lengua de señas es viva, evoluciona con el tiempo y va cambiando según las necesidades de la comunidad», reflexiona.

Miguel Ángel imparte una clase del Diplomado en Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA), dirigida a personas oyentes y sordas (Cortesía: Adriana Barrera).
Miguel Ángel imparte una clase del Diplomado en Lengua de Señas Salvadoreña (LESSA), dirigida a personas oyentes y sordas (Cortesía: Adriana Barrera).

Frente a la adversidad, Miguel Ángel insiste en que el mayor reto que deben superar los jóvenes sordos no es la falta de audición, sino la resignación. Su mensaje para las nuevas generaciones es claro y directo:

«A veces los jóvenes de 20 o 25 años se enfrentan a problemas y nos piden ayuda. Nosotros les explicamos que los límites no existen allá afuera, sino en la mente. Hay que votar esos límites, cambiar la mentalidad negativa y entender que la mente es la que hay que trabajar para luchar por las metas. Con una actitud positiva se pueden lograr los objetivos».

A sus 44 años, tras haber superado las barreras educativas, laborales y sociales de su país, Miguel Ángel mantiene metas claras para el futuro: seguir mejorando en su ámbito laboral y formar su propia familia, demostrando que en El Salvador el silencio no es un impedimento para construir una vida digna.

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