
La posibilidad de que Rusia prepare un ataque terrestre contra la OTAN carece de pruebas concretas, pero la escalada de sabotajes, drones y presiones contra países europeos elevó el temor a una crisis capaz de causar víctimas y poner a prueba la alianza. Diez funcionarios europeos actuales y retirados, entre ellos tres ministros de Defensa, coincidieron en ese diagnóstico tras ser consultados por The Times.
Infobae explicaba el complejo entramado meses atrás, en mayo último, cuando relató cómo Moscú preparaba su ofensiva contra Europa. Y la fecha aproximada para concretarlo.
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La disuasión europea ya contempla respuestas más activas. Alemania impulsa una ley para facultar a su servicio de inteligencia exterior, el BND, a sabotear objetivos militares en territorio ruso, mientras que Blaise Metreweli, directora del MI6 británico, aludió a acciones similares en un discurso pronunciado poco antes de la Navidad pasada.
Las sospechas crecieron después de varios incidentes en la frontera oriental de la alianza. Un helicóptero militar ruso Mi-8 entró en el espacio aéreo polaco desde Kaliningrado, un dron sobrevoló una base estadounidense de defensa antimisiles cerca de Gdansk y un Gerbera-2 con una ojiva de fragmentación de alto explosivo apareció en una playa del Báltico, a 40 kilómetros (25 millas) al oeste.
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Otro dron impactó contra una locomotora cerca de la frontera ucraniana pocos minutos después de que un tren con el ex primer ministro británico Boris Johnson y un exdirector de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos partiera de la misma estación. El primer ministro polaco, Donald Tusk, y sus pares de Francia y Noruega advirtieron que Moscú podría disparar “accidentalmente” un proyectil hacia territorio de la OTAN y provocar destrucción.
La tensión también se trasladó al debate público. El jefe de un servicio de seguridad checo planteó que el Kremlin podría lanzar una invasión “limitada” contra suelo aliado en los próximos meses, y el Instituto para el Estudio de la Guerra, con sede en Washington, simuló una incursión en Narva, ciudad fronteriza estonia de mayoría rusoparlante.
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Un viaje no explicado a Moscú de John Ratcliffe, director de la CIA, fue comparado con los intentos de la administración de Joe Biden por disuadir a Vladimir Putin antes de la invasión a gran escala de Ucrania en febrero de 2022. Marko Mihkelson, presidente de la Comisión de Asuntos Exteriores del Parlamento de Estonia, alertó: “Estamos creando, casi como una profecía autocumplida, la impresión de que un ataque ruso es inevitable”.
¿Invasión terrestre?
Dos fuentes europeas de inteligencia afirmaron que no circula dentro de la alianza ninguna prueba de un plan ruso para atacar por tierra a los Estados bálticos ni a otro miembro de la OTAN. Altos mandos militares británicos tampoco detectaron información nueva que sugiera una ofensiva inminente.
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El ministro de Defensa de Letonia, Raivis Melnis, sostuvo que “Letonia y la OTAN no enfrentan actualmente una amenaza militar directa”. Añadió que la situación general “no cambió de forma significativa” en las últimas semanas y que no había motivos para generar “miedo innecesario”.
Vilmantas Vitkauskas, director del Centro Nacional de Gestión de Crisis de Lituania, dependiente de la oficina del primer ministro, descartó que haya fundamentos para prever una acción militar de gran escala contra su país u otros aliados. También consideró irreal asumir que cada incidente irregular anuncia automáticamente una escalada bélica.
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Putin formuló un argumento parecido al rechazar las advertencias occidentales. “Esto es una tontería, pero me parece que no es solo una tontería”, dijo. “Es una provocación deliberada destinada a crear una amenaza que en realidad no existe”.
Dinamarca adoptó una posición más inquieta. Su servicio de inteligencia de defensa señaló el jueves que existe un riesgo “bajo, pero creciente” de que Rusia despliegue tropas en una zona “limitada” de un país vecino, posiblemente con el pretexto de proteger a minorías rusoparlantes.
Sabotajes, ciberataques y explosivos en territorio europeo
La ausencia de señales sobre una invasión convencional no reduce la preocupación por las operaciones de menor escala. Funcionarios europeos coinciden en que Rusia aumentó la frecuencia y la intensidad de sus acciones contra la alianza, con blancos que van desde los países del flanco oriental hasta aeropuertos y bases aéreas de Alemania.
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La ministra de Defensa y vice primera ministra de Países Bajos, Dilan Yesilgoz-Zegerius, afirmó: “La amenaza de las acciones híbridas rusas es real. No podemos ser ingenuos ante esto”. Según explicó, los sabotajes y ciberataques son cada vez más frecuentes y dañinos, elevan el riesgo de escalada y demuestran que Europa está siendo puesta a prueba.
Algunos funcionarios prefieren dejar de describir esas acciones como “híbridas”. Consideran que Rusia mantiene una guerra contra Europa mediante instrumentos políticos y paramilitares, sin recurrir todavía a una confrontación militar abierta.
Los drones rusos que ingresan en Polonia y Rumania, así como los drones de ataque ucranianos que Moscú desvía hacia Finlandia y los países bálticos mediante sistemas de guerra electrónica, transportan explosivos. Hace unas semanas, un misil de crucero ruso Kh-101 penetró 96 kilómetros (60 millas) en Polonia y cayó en un campo de cereales al sur de Lublin, donde abrió un cráter de 10 metros de diámetro.
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Hasta ahora, las únicas víctimas fueron dos personas con heridas leves después de que un dron ruso golpeara un edificio residencial en la ciudad portuaria rumana de Galati. Algunos analistas creen que ese saldo responde más a la suerte que a una decisión deliberada de Moscú de evitar muertes.
El ministro de Defensa de Lituania, Robertas Kaunas, enumeró sabotajes, captación clandestina de colaboradores, incendios en fábricas de drones, explosiones en espacios públicos y paquetes incendiarios. Entre estos últimos mencionó los que detonaron en instalaciones de carga de Birmingham y Leipzig hace dos años.
“Debemos llamar a las cosas por su nombre: Rusia está llevando a cabo actos de terrorismo”, declaró Kaunas. “No cambiará porque Rusia está desesperada. Rusia no está ganando en Ucrania como había planeado. En lugar de detener la guerra y negociar la paz, Putin eligió más agresión e intimidación”.
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La cadena de armas para Ucrania como objetivo
Los gobiernos bálticos creen que Moscú busca sembrar inestabilidad, profundizar divisiones y medir las defensas europeas, objetivos que atribuyen a Rusia desde hace dos décadas. Los ataques ucranianos de largo alcance dentro de Rusia habrían añadido una prioridad: atacar de forma sistemática la cadena de suministro de armas destinada a Kyiv.
Andrey Kolesnik, integrante de la Comisión de Defensa del Parlamento ruso, propuso esta semana disparar misiles guiados de precisión contra fábricas de armamento ubicadas en la retaguardia de Alemania y otros miembros de la Unión Europea que producen equipos para Ucrania.
En agosto, luego de que Ucrania atacara una fábrica vinculada al sector militar en la ciudad rusa de Vorónezh con misiles de crucero Storm Shadow suministrados por Reino Unido, María Zajárova, portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, amenazó con golpear “instalaciones y equipos militares británicos en Ucrania y más allá”.
Esa advertencia coincide con ataques recientes contra empresas europeas de defensa que trabajan con Ucrania, entre ellas Milrem Robotics en Estonia, TVC Solutions en Lituania y Emco en Bulgaria. Vitkauskas dijo que otras compañías recibieron coronas fúnebres con fotografías de sus directivos, una intimidación difundida masivamente por redes sociales y Telegram.
“Esos incidentes parecen dirigidos no solo a intimidar a personas y organizaciones específicas, sino también a enviar un mensaje más amplio a empresas e instituciones que apoyan a Ucrania”, afirmó el funcionario lituano.
Polonia es el principal corredor logístico para los envíos de ayuda militar a Kyiv y, por su ubicación, está especialmente expuesta a sabotajes industriales y a armas de largo alcance. Los países bálticos, en cambio, buscan evitar que sus aliados los perciban como territorios incapaces de resistir una ofensiva rusa.
Liis Mure, exfuncionaria de Defensa de Estonia y asesora principal del Centro Internacional para la Defensa y la Seguridad de Tallin, cuestionó la imagen de los bálticos como un objetivo natural y fácil para Moscú. “Refleja en gran medida la visión rusa de los países bálticos, y también es incorrecta”, señaló, al recordar su capacidad de resistencia frente a injerencias rusas y sus medidas preventivas.
El temor a una prueba del compromiso colectivo
Las capitales europeas discrepan sobre la posibilidad de que Moscú intente medir los límites del Artículo 5 de la OTAN, la cláusula que establece la defensa colectiva ante un ataque contra uno de sus miembros. Las señales contradictorias de Donald Trump y su entorno sobre la disposición de Estados Unidos a defender a un aliado alimentaron el temor a que el Kremlin busque ampliar las divisiones internas de la organización.
Mihkelson atribuyó parte del problema a la reticencia de algunos países europeos a fijar “un objetivo estratégico claro para ayudar a Ucrania a lograr la victoria y rechazar la agresión rusa”. A su juicio, esa vacilación alentó a Moscú a creer que puede hacer retroceder a la alianza mediante injerencias electorales, discursos polarizantes, intimidación de la población y recortes del apoyo a Kyiv.
Ross Allen, hasta hace poco embajador de Reino Unido en Estonia, consideró que Rusia ha evitado hasta ahora el riesgo de activar el Artículo 5. “La amenaza convencional que plantea es de largo plazo. Debemos prepararnos ahora, al tiempo que disuadimos su imprudencia actual”, sostuvo.
Marek Kohv, exanalista de inteligencia estonio y responsable del programa de seguridad y resiliencia del Centro Internacional para la Defensa y la Seguridad, propuso restringir la movilidad de diplomáticos rusos y reducir de forma sustancial o suspender la emisión de visados para ciudadanos rusos. También reclamó limitar las organizaciones estatales rusas en Europa tras la decisión alemana de cancelar el alquiler de la Casa Rusa, un centro cultural de Berlín.
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