Los adultos mayores mantienen defensas contra el sarampión, según especialistas regionales

Expertos explican que las personas mayores de 60 años suelen contar con protección natural adquirida en la infancia, por lo que la vacunación sistemática solo se indica ante ausencia de inmunización previa. Médicos llaman a completar esquema en adultos jóvenes y niños

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Los adultos menores de 50
Los adultos menores de 50 años deben verificar su esquema de vacunación contra el sarampión y completar la vacuna triple viral en centros de salud. (Imagen destacada)

En América Latina, los adultos mayores de 50 años no forman parte de los grupos prioritarios en los esquemas actuales de inmunización contra el sarampión.

Según expertos esta exclusión responde a un motivo histórico: quienes nacieron antes que la vacunación masiva se implementara tuvieron contacto directo con el virus en su infancia, lo que les permitió adquirir una inmunidad natural frente a la enfermedad.

El geriatra y gerontólogo Luis Bermúdez explicó que los adultos mayores de 60 años suelen contar con defensas adquiridas durante su infancia o juventud, por lo que no requieren vacunación de rutina contra el sarampión.

Sin embargo, en casos poco frecuentes en los que no existe constancia de inmunización previa, la aplicación de la vacuna puede considerarse bajo indicación médica. El esquema, según Bermúdez, consiste en dos aplicaciones separadas por un intervalo de cuatro semanas.

El especialista también indicó que la vacunación contra el sarampión no está recomendada en personas que reciben tratamientos oncológicos o consumen esteroides de manera crónica, debido a las posibles complicaciones inmunológicas.

No recomiendan vacunación a personas
No recomiendan vacunación a personas con tratamientos oncológicos o que consumen esteroides de manera crónica. (Crédito: Universidad Autónoma Metropolitana)

Las directrices sanitarias actuales priorizan la vacunación de adultos menores de 50 años que no cuentan con un esquema completo. El cirujano general y médico intensivista Emilio Salazar recomendó, en la entrevista Frente a Frente, que quienes no tienen certeza sobre su historial vacunal acudan a las unidades de salud para completar las dosis pendientes de la vacuna triple viral.

Esta estrategia busca cerrar brechas de inmunidad en la población adulta joven, especialmente entre quienes nacieron después de la masificación de la vacuna y podrían no haber tenido contacto natural con el virus.

La protección de los adultos jóvenes resulta fundamental para reducir la transmisión hacia grupos vulnerables como los niños pequeños, quienes presentan mayor riesgo de complicaciones graves.

Cada país adapta sus políticas a su historia epidemiológica y al riesgo local. No obstante, la prioridad se mantiene en quienes no han completado su esquema vacunal, sin importar la edad específica, aunque la evidencia respalda la exclusión de los mayores de 50 años. Este enfoque busca maximizar la protección colectiva y limitar la circulación del virus en la comunidad.

Frente a la persistencia de casos y el riesgo de brotes, las autoridades sanitarias insisten en la importancia de la consulta médica para verificar el estado de inmunización, sobre todo en adultos jóvenes y en quienes no cuentan con documentación que acredite haber recibido la vacuna triple viral.

La persistencia de mitos y desinformación ha generado desconfianza global y una caída en las tasas de inmunización. Salazar lamentó: “Ya se demostró que no hay relación entre las vacunas y el autismo”, pero advirtió que figuras públicas insisten en mensajes erróneos. Esta tendencia ha permitido el resurgimiento de enfermedades como el sarampión, antes controladas gracias a la vacunación masiva.

En América Latina, la vacunación
En América Latina, la vacunación prioriza a niños y adultos jóvenes no inmunizados, mientras se presume inmunidad natural en mayores de cincuenta años. (Foto: cortesía)

El Salvador mantiene una cobertura vacunal del 96.8 % según datos oficiales, aunque en países vecinos la reducción en la vacunación ha reabierto la puerta al sarampión. En 2025 se reportaron 14.800 casos en la región y, solo en las primeras tres semanas del año, ya superan los 1.000. México atraviesa una situación crítica, con 2.600 casos y un promedio de 175 contagios diarios. En Guatemala se han documentado 220 casos, con un 7 % de hospitalizaciones. Eventos internacionales como la próxima Copa Mundial de la FIFA en Estados Unidos, Canadá y México, aumentan el riesgo de importación de casos.

En El Salvador, el año pasado se detectó un caso importado, pero no hubo transmisión local. Salazar atribuyó este logro a la confianza de la población en el sistema de salud y la persistencia de las campañas de vacunación.

El sarampión es “la enfermedad infecciosa más contagiosa de todas”. Un solo caso puede provocar hasta 18 contagios entre personas no vacunadas. El virus se transmite por el aire y las partículas pueden permanecer suspendidas hasta dos horas en espacios cerrados.

La incubación va de cuatro a 14 días. Los primeros síntomas —fiebre, tos, ojos enrojecidos y dolor de garganta— pueden confundirse con una gripe. La erupción cutánea inicia en la cabeza y cuello y se extiende a palmas y plantas. Si aparecen estos síntomas, se recomienda acudir de inmediato al centro de salud.

La caída en la cobertura
La caída en la cobertura de vacunación y la persistencia de mitos han provocado un resurgimiento de casos de sarampión en la región. (REUTERS/Valentyn Ogirenko)

Las complicaciones incluyen otitis, neumonía, ceguera y encefalitis, esta última con potencial de evolucionar rápidamente y poner en peligro la vida. Las cifras recientes muestran que el 78 % de los casos ocurrieron en personas no vacunadas y el 11 % en quienes desconocen su situación vacunal. Los niños menores de un año y el grupo de uno a cuatro años son los más afectados.

La vacuna triple viral está disponible de forma gratuita en todos los centros de salud. El esquema incluye dos dosis: la primera al año de edad y la segunda a los dieciocho meses. Salazar enfatizó que quienes no han completado el esquema, especialmente los nacidos durante o después de la pandemia, deben acudir a los servicios de salud para recibir las dosis faltantes.

El especialista concluyó que la vacunación es la herramienta más eficaz para frenar brotes y evitar que el sarampión recupere terreno en la región. La confianza en los sistemas de salud y la persistencia de las campañas de inmunización siguen siendo los pilares para mantener altos niveles de protección colectiva.

Salazar advirtió que “el sarampión es una enfermedad infecciosa que no tiene un tratamiento específico”. A diferencia de la influenza, donde existen antivirales, en el sarampión solo es posible tratar las complicaciones, como encefalitis o neumonía. “Lo que podemos hacer como especialistas en cuidados intensivos es ayudar al cuerpo a superar la enfermedad”, detalló.

La vacuna triple viral contra
La vacuna triple viral contra el sarampión, paperas y rubéola está disponible gratuitamente en todos los centros de salud y requiere dos dosis en la infancia. (Crédito: Noticias de la UAM Cuajimalpa)

Verificar el esquema vacunal es indispensable, sobre todo antes de viajar a países con brotes activos. Salazar recomendó a quienes viajen a Guatemala, México, Canadá o lugares con casos reportados, extremar las medidas de protección, incluido el uso de mascarilla, aunque su efecto es limitado ante la alta contagiosidad del virus.

Si una persona que regresa del extranjero presenta fiebre y erupciones en la piel, debe consultar de inmediato e informar al profesional de salud sobre el itinerario de viaje. Este dato es fundamental para determinar la relación epidemiológica y agilizar la respuesta sanitaria.

La Organización Panamericana de la Salud plantea tres ejes para frenar brotes: vacunación, vigilancia epidemiológica activa y, ante casos confirmados, una respuesta rápida que incluya aislamiento y vacunación de contactos.

Enfermedades respiratorias y gastrointestinales: desafíos persistentes

El Salvador enfrenta un panorama persistente de infecciones respiratorias y gastrointestinales durante todo el año. Los reportes oficiales de 2026 contabilizan 13,000 casos de diarrea, con una proporción relevante de hospitalizaciones por deshidratación grave.

Entre los agentes responsables figuran E. coli, Campylobacter, Shigella y rotavirus. Además de bacterias y virus, los parásitos contribuyen a la incidencia de cuadros gastrointestinales. La contaminación de agua y alimentos es la principal vía de transmisión, aunque el viento puede dispersar polvo con residuos fecales, elevando el riesgo cuando los alimentos no se protegen ni higienizan.

El especialista insistió en la importancia de hábitos de higiene como el lavado frecuente de manos y la adecuada manipulación de frutas y verduras. Comer en la vía pública, donde los controles de limpieza suelen ser insuficientes, incrementa la posibilidad de infecciones.

Mujer con síntomas de gripe
Mujer con síntomas de gripe (Shutterstock)

Respecto a las enfermedades respiratorias, Salazar explicó cómo una infección simple puede escalar hasta convertirse en una amenaza grave para la salud. Inicialmente, virus como la influenza, el Covid-19 o el virus sincitial pueden limitarse a la vía aérea superior. No obstante, si el sistema de defensa se debilita y los patógenos alcanzan el pulmón, o permiten que bacterias secundarias lo invadan, la infección se convierte en neumonía. “El virus o la bacteria produce un daño directo en la estructura que nos permite captar el oxígeno del ambiente para llevarlo a todo nuestro cuerpo”, describió el especialista.

El doctor también enfatizó el acceso gratuito a la vacuna de la influenza, disponible en todas las unidades de salud e instó a vacunar especialmente a los adultos mayores de 65 años. Esta vacuna se actualiza cada año según las variantes circulantes, por lo que la inmunización anual es clave.

Salazar advirtió que los adultos mayores suelen tener otras condiciones de salud que pueden agravar el impacto de una infección respiratoria. “Llegar a presentar una infección respiratoria grave sin vacunación puede ser un punto determinante de la condición de salud de este paciente”, concluyó.

Las enfermedades respiratorias tienden a aumentar en épocas de frío. Aunque en El Salvador no existen estaciones definidas, el clima, el viento y las bajas temperaturas influyen en la incidencia de estos cuadros. El especialista distinguió entre los picos estacionales esperados y los brotes epidémicos que requieren vigilancia intensificada. “Ahora no vemos números, vemos personas. Detrás de cada caso hay una familia; no queremos perder ninguna vida”, enfatizó Salazar.