El BID advierte sobre la vulnerabilidad de El Salvador y Centroamérica ante posibles impuestos y límites al envío de remesas

El informe subraya que la dependencia de remesas en El Salvador y otros países centroamericanos representa riesgos estructurales, como el impacto de un eventual impuesto del 1% propuesto en Estados Unidos para 2026

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El informe señala que los ingresos por remesas en Centroamérica alcanzaron los USD 55,395 millones en 2025.

La región centroamericana se posiciona como líder en el crecimiento de remesas durante 2025, según el más reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El Salvador, junto con Honduras, Guatemala y Nicaragua, forma parte de los países que impulsan un aumento estimado del 20.4% en los ingresos por remesas, cifra que contrasta con la caída registrada en México y refuerza la dependencia de estos flujos para la economía salvadoreña.

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El informe señala que los ingresos por remesas en Centroamérica alcanzaron los USD 55,395 millones en 2025. Este crecimiento se explica por el comportamiento de los migrantes que, ante la incertidumbre política y económica en Estados Unidos y el debate sobre un posible impuesto a las remesas, optaron por enviar más dinero y con mayor frecuencia a sus países de origen.

En el caso de El Salvador, este flujo extraordinario responde a un patrón compartido en la región: los envíos crecieron 21.2% en el primer trimestre del año y mantuvieron tasas elevadas en los meses siguientes, incluso cuando los propios ahorros de los migrantes comenzaron a disminuir.

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Impacto social y concentración de beneficios en El Salvador

El estudio revela que más del 90% del valor de las remesas recibidas en El Salvador beneficia a hogares clasificados como “no pobres”, aunque muchos de ellos dependen de estos ingresos para evitar caer en la pobreza.

Solo una fracción menor de los hogares en pobreza extrema recibe remesas, pero el impacto es notable: en estos casos, el aumento en el ingreso per cápita puede significar la diferencia entre permanecer bajo la línea de pobreza o superarla.

El BID subraya: “Los hogares más pobres que sí reciben remesas experimentan mejoras más significativas en su calidad de vida gracias a estos flujos”, aunque advierte que estos beneficiarios están más expuestos ante posibles restricciones futuras en los canales de envío.

El estudio del BID  revela que más del 90% del valor de las remesas recibidas en El Salvador beneficia a hogares clasificados como “no pobres”,
El estudio del BID revela que más del 90% del valor de las remesas recibidas en El Salvador beneficia a hogares clasificados como “no pobres”,

Riesgos y desafíos para el flujo de remesas

El informe advierte que la resiliencia mostrada por los migrantes al recurrir a sus ahorros y aumentar las horas de trabajo para enviar remesas tiene límites.

El agotamiento de los ahorros y la imposibilidad de trabajar más horas restringen el margen de crecimiento de estos envíos.

Además, la implementación prevista de un impuesto del 1% a las remesas desde Estados Unidos en 2026 podría empujar a más salvadoreños a utilizar canales informales para enviar dinero, reduciendo la visibilidad de estos flujos en las estadísticas oficiales.

El BID sostiene que esto no implicaría necesariamente una disminución del monto total remitido, pero sí dificultaría su medición y control.

Durante 2025, el total de remesas en América Latina y el Caribe representó el 2.5% del PIB regional, aunque en Centroamérica la proporción fue mucho más elevada, alcanzando el 13.3%.

Remesas desde Perú casi se duplican en 2025 y alcanzan más de US$ 167 millones. (Foto: Agencia Andina)
En el caso de El Salvador, este flujo extraordinario responde a un patrón compartido en la región: los envíos crecieron 21.2% en el primer trimestre del año. (Foto: Agencia Andina)

En países como El Salvador, la economía mantiene una fuerte dependencia de estos ingresos, que funcionan como un amortiguador social y económico frente a crisis externas.

El BID concluye que, aunque las remesas seguirán siendo un pilar estratégico, el crecimiento futuro será más lento y estará condicionado por factores estructurales y regulatorios tanto en Estados Unidos como en los países receptores.

El reto para El Salvador será gestionar esta dependencia y promover alternativas que reduzcan la vulnerabilidad ante cambios en el entorno internacional.

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