
La Argentina registró la mayor caída neta de América Latina en la nueva edición del ranking QS, con 17 universidades que perdieron posiciones, aunque la Universidad de Buenos Aires (UBA) conservó el décimo lugar regional.
Quacquarelli Symonds (QS), la consultora británica que elabora la clasificación, vinculó ese desempeño con las continuas restricciones financieras, aunque destacó fortalezas argentinas en reputación académica, reconocimiento entre empleadores y recursos docentes.
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“Las universidades argentinas siguen demostrando una reputación sólida en toda América Latina. La UBA mantiene su posición entre las instituciones líderes de la región y varias universidades logran avances notables”, señaló Ben Sowter, vicepresidente sénior de QS. Sin embargo, advirtió sobre las “crecientes presiones sobre el sector”, los resultados más débiles en investigación y la tendencia general de descenso en la clasificación.

La edición 2027 muestra luces y sombras del sistema de educación superior argentino: el contraste entre una institución que se mantiene en la élite y un sistema con resultados dispares.
La clasificación reúne a 517 instituciones de 27 países de América Latina y el Caribe. Entre las 46 universidades argentinas incluidas, ocho mejoraron su ubicación y 20 se mantuvieron estables. La UBA fue la única del país dentro de las diez primeras.
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Ante la consulta de Infobae sobre esta nueva edición del ranking QS, Martín Nistal, director del Observatorio de Argentinos por la Educación, señaló que los resultados deben leerse como parte de procesos que exceden una sola variable. “Si los presupuestos caen, se hace más difícil retener a los mejores docentes”, afirmó.
Los rankings combinan indicadores de investigación y condiciones de enseñanza con componentes de reputación que las instituciones construyen a lo largo de los años, por lo que una menor disponibilidad de recursos puede afectar esa percepción a futuro.
La UBA sostuvo su posición regional con buenos resultados en cuatro indicadores

La UBA mantuvo el puesto 10, que ocupa desde la edición 2025, y quedó segunda en América Latina en reputación académica y reputación entre empleadores. También figuró entre las diez mejores de la región en cuatro de los ocho indicadores de QS.
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La universidad avanzó del séptimo al cuarto lugar en impacto en la web y mejoró del puesto 26 al 21 en la relación entre docentes y estudiantes. El rector de la UBA, Ricardo Gelpi, sostuvo que el resultado “renueva nuestro compromiso y responsabilidad como institución académica”.
“Este reconocimiento es el resultado del trabajo de docentes, nodocentes, científicos y de todas las personas que conforman nuestra institución, quienes a pesar de la crisis, continúan trabajando por y para todas y todos los argentinos”, señaló Gelpi en un comunicado.
El vicerrector, Emiliano Yacobitti, destacó el compromiso con la universidad pública y de calidad, y vinculó la continuidad de ese desempeño con las condiciones de trabajo dentro de la casa de estudios. “Para poder seguir en este camino, es primordial que nuestros trabajadores cuenten con salarios acordes con el inmenso trabajo que realizan cada día”, afirmó. Y agregó: “Invertir en educación, en salud y en ciencia es invertir en el futuro y en el desarrollo del país”.
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La investigación expone una debilidad que va más allá de los resultados de un año

Para armar su tabla regional, QS pondera ocho variables vinculadas con el prestigio académico y laboral, las condiciones de enseñanza, la producción y el impacto científico, la formación doctoral, la presencia digital y la cooperación internacional.
La principal fragilidad argentina está en la producción científica. Ninguna universidad del país figura entre las 50 primeras de la región en citas por artículo ni entre las 90 primeras en publicaciones por profesor. En ambos rubros, el promedio nacional quedó por debajo del regional.
Julio César Durand, director del Doctorado en Educación Superior de la Universidad Austral, la institución privada de educación superior mejor posicionada de Argentina en el ranking, señaló a Infobae que el resultado actual debe leerse con cautela: QS considera períodos de varios años para medir publicaciones y citas, por lo que la clasificación recoge procesos previos.
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“Los períodos de desarrollo de la investigación y de las publicaciones son de varios años”, dijo Durand a Infobae. El especialista en reputación universitaria sostuvo que la debilidad de la producción científica universitaria también se relaciona con factores organizativos, como la escasez de docentes con dedicación exclusiva y la estructura de un sistema público masivo.
En ese sentido, planteó que fortalecer las dedicaciones exclusivas y las carreras académicas puede ser una vía para mejorar la capacidad de investigación de las universidades. Advirtió, de todos modos, que las restricciones presupuestarias pueden incidir en esos indicadores a futuro.

En el caso de la Austral, Durand atribuyó su desempeño sostenido a la continuidad de un modelo que combina educación personalizada, desarrollo de la carrera académica y contratación de profesores con dedicación. “Podemos ver desde hace varios años que se ubica como la mejor universidad de gestión privada del país en cuanto a su posicionamiento en esta tabla”, afirmó.
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El especialista también destacó que la institución encabeza la producción científica entre las universidades privadas argentinas y sostuvo que su estabilidad, junto con la de la UBA, contrasta con las variaciones que muestran buena parte de las casas de estudio del país en el ranking regional.
Juan Pablo Carranza, subsecretario de ciencia y tecnología de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), destacó a Infobae: “El principal factor detrás de esta medición es el compromiso de toda la comunidad universitaria, que atravesada por una restricción de fondos muy agresiva, ha doblegado sus esfuerzos para sostener el funcionamiento de la institución”.
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En tanto, Javier Curcio, economista e investigador de la UBA y el CONICET, además de coautor del informe Presupuesto educativo nacional 2027 de Argentinos por la Educación, consideró que el efecto de las restricciones sobre las publicaciones y las citas se percibirá con mayor claridad en el mediano plazo.
“No es solo una cuestión de financiamiento, pero sin financiamiento el deterioro es inevitable”, afirmó a Infobae. Curcio señaló que las universidades con mayor prestigio y trayectoria, como la UBA, tienen más capacidad para sostener su reputación, aunque advirtió que esa fortaleza puede erosionarse si no se revierten las condiciones que afectan a docentes e investigadores.
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El retroceso no fue uniforme
La UNC fue una de las instituciones que avanzó en la clasificación: pasó del puesto 33 al 30 y se incorporó al grupo de las 30 primeras de América Latina.
El subsecretario de Ciencia y Tecnología de la UNC, explicó a Infobae que, “entre otros factores que acompañan el esfuerzo de docentes, nodocentes y estudiantes, y que explican el ascenso en el ranking se pueden mencionar la estrategia de la UNC para sistematizar y poner a disposición toda la información institucional, mediante su portal de transparencia, lo que facilita el proceso de medición. Además, la UNC tomó la decisión de priorizar la inversión, en buena medida con fondos generados por la misma institución, para sostener el sistema de ciencia y tecnología”.
También mejoraron la Universidad de San Andrés, del 51 al 44, y la Universidad Nacional de San Martín, del 102 al 94, su mejor ubicación histórica.
En sentido contrario, retrocedieron la Universidad Torcuato Di Tella, la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Nacional del Litoral, la Universidad Nacional de Cuyo, el Instituto Tecnológico de Buenos Aires y las universidades nacionales del Sur y de Mar del Plata, entre otras.
El panorama es distinto en las redes internacionales de investigación: la UBA ocupó el décimo lugar regional, la Universidad Nacional de La Plata quedó en el 32 y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), en el 43. Argentina también registró el mejor promedio entre los países más representados en la proporción de profesores por estudiante.
La restricción de recursos se suma a los desafíos de organización e investigación

QS vinculó el desempeño argentino con las restricciones financieras y advirtió sobre su efecto en salarios, investigación y retención de talento.
Nistal coincidió en que el deterioro del financiamiento es relevante, aunque planteó que la clasificación también recoge reputación acumulada durante años. Según explicó, la menor disponibilidad de recursos puede complicar la retención de docentes y el sostenimiento de las condiciones necesarias para la actividad universitaria.
El Gobierno nacional concentra buena parte de su presupuesto educativo en las universidades: para 2027, ese nivel absorbería el 80,1% de los recursos de la Secretaría de Educación. Como anticipó Infobae, el informe Presupuesto educativo nacional 2027, elaborado por Argentinos por la Educación, proyectó que la inversión nacional en Educación y Cultura llegará al 0,79% del Producto Interno Bruto (PIB) el año próximo, frente al 1,42% de 2023. Para 2026, el indicador se ubicó en el 0,77% del PIB, el menor registro en al menos dos décadas.
Los recursos destinados a las universidades nacionales pasarían del 0,71% del PIB en 2023 al 0,53% en 2027, según el informe. Consultado sobre los resultados de QS y restricciones financieras, el economista Tomás Besada, coautor del informe sobre presupuesto educativo, señaló a Infobae que esa baja, cercana al 25% en relación con el tamaño de la economía, condiciona el funcionamiento de las universidades.
“En ese contexto, es razonable pensar que sostener investigación, salarios, infraestructura y formación de recursos humanos se vuelve más difícil”, afirmó. Aclaró que la posición de la UBA en los rankings también responde a dimensiones que exceden el presupuesto, como la reputación académica, la trayectoria institucional y la producción científica.
Besada indicó que para 2027 se prevé una variación real de apenas 0,3% para el presupuesto universitario respecto de 2026, después de años de caída. Sin embargo, advirtió que el nivel proyectado permanece por debajo de 2023 y no contempla una recomposición compatible con la aplicación plena de la Ley 27.795 de Financiamiento de la Educación Universitaria y Recomposición del Salario Docente.
“La restricción al financiamiento de las universidades no destruye inmediatamente sus capacidades institucionales, dado el compromiso de su comunidad, pero las erosiona y limita a mediano plazo, dado que cada vez más miembros de la comunidad académica ven un horizonte menos comprometido fuera del ámbito de la institución”, indicó Carranza, de la UNC.
En ese sentido, muchos de los especialistas coinciden en que los recursos son una condición necesaria, pero no suficiente, para mejorar la educación. “La discusión presupuestaria no debería centrarse únicamente en cuánto se destina a educación, sino también en la eficiencia y efectividad con la que esos recursos se transforman en políticas y resultados educativos”, planteó Besada.
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