“En Crítica de la Política Educativa (Siglo XXI, 2026), Alejandro Morduchowicz intenta responder una pregunta que desde hace años ocupa el centro del debate educativo en la Argentina. ¿Por qué, después de tantas reformas, leyes, inversiones y programas, la escuela no consigue dar lo que se espera de ella? Spoiler alert, la conclusión no es tan agradable como uno quisiera”, así inició la conversación Patricio Zunini para abrir un nuevo episodio del podcast de Ticmas. Y agregó: “En este episodio vamos a hablar con Alejandro sobre lo que salió mal, las inercias del sistema y las decisiones que podrían ayudarnos a ordenar una discusión que demasiadas veces queda atrapada entre la urgencia y la frustración.”
¿Cuándo se jodió la educación en Argentina?
“Hay distintos momentos o distintas hipótesis que se plantean. Yo también me lo pregunté más de una vez y no creo que haya uno solo”, aseguró Morduchowicz sin escapar a la pregunta y destacando: “A mí me interesa arrancar desde un momento cuasi fundacional, que no lo es, que es desde la democracia. Entonces, heredamos esta situación de la dictadura y a partir de ahí, qué es lo que se hizo con los diagnósticos que había de lo que había sucedido en los 70”.
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“Y por eso me parece tan interesante. A muy pocos nos interesan todavía los 90 o esos años, como la vertiginosidad y toda la inmediatez de las cosas. Pero creo que había muchos elementos para recuperar y algo provocador, que es comparar a los 90 con los 2000 y mostrar que hay ciertas semejanzas que muchos de los actores y actrices de la época no estarían muy gustosos de admitir y de compartir”, resaltó.

Desde su experiencia en gestión pública y como investigador, Morduchowicz plantea que suele suceder que en los debates “se mitifica y se cree que se pueden hacer muchísimas cosas, que después uno encuentra restricciones, cosas que hay que negociar, cosas que también se pueden hacer y uno creía que no se podían hacer, como que hay que provocar determinadas situaciones para que sucedan. Pero en general lo que sí se produce un anclaje totalmente distinto al que uno tenía más como teórico o como analista desde afuera, que te permite decir esto va por acá o esto no es como yo creía, lo cual no es poca cosa.”
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El punto de dolor
Para el autor, la falla educativa está en “la consistencia interna de las cosas que se hacen. Una insistencia mía es entre el diagnóstico, entre lo que se cree que es el problema, los instrumentos que se emplean y la forma en que se ejecuta eso. De golpe veía que había programas, programitas, acciones que no sabía ni que habían existido.”
“No se puede decir que no pasaron cosas, que quizás no se difundan, no se comunican, tampoco lo creo. Hay una sensación de que no se hacen las cosas cuando en realidad sí están pasando bastantes”, insistió.
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¿Se piensa la educación desde la política pública? Para el autor de Crítica de la Política Educativa sí: “Se piensa y se deja hacer mucho también, porque hay distintas hipótesis, distintos colegas y analistas. La Argentina es un país federal y desde diciembre de 2023 y un punto de inflexión respecto del federalismo educativo. Hubo momentos en que se hizo mucho y se dejó hacer mucho, con cierta autonomía incluso respecto de lo que eran las corrientes predominantes en el gobierno”.

“En los 90 quizás las líneas que bajaban o lo que se planteaba era hacia un lado y el Ministerio (o el ex Ministerio) de Educación iba hacia el otro. En los 2000 sí hubo una plena alineación respecto de lo que iba del gobierno general. Pero no es que no se piense, y de hecho en esos dos periodos hubo leyes emblemáticas. No es que no interesó en los 90: tuviste la ley de transferencias de los servicios educativos, la ley federal de educación, la de universidades, la superior, es decir, han pasado cosas en ambas décadas”, explicó.
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La evaluación, la intuición y las “ocurrencias”
“En Argentina se evalúa desde el inicio de los 90, siguiendo toda una corriente internacional al respecto, y cada vez se van sumando más evaluaciones, no solo las locales, las regionales, las internacionales”, comenzó detallando Morduchowicz.
Y destacó que “salvo momentos contados, esas evaluaciones no se han empleado para intervenir en las provincias o las escuelas, intervenir en un sentido de actuar, sino de hacer cosas. Respecto de las políticas, creo que a veces se manejan con intuiciones. Una analista española dice que en la educación a veces más que trabajar con evidencias, trabajamos con ocurrencias, y es totalmente aplicable para Argentina”.
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“Creo que los grandes programas tuvieron continuidad en Argentina. Con sus distintos nombres, tratando de diferenciarse de las gestiones anteriores. Yo en los 90 tuve programas del plan social educativo, después los programas socioeducativos, van mutando de nombre, lo mismo con la infraestructura escolar.
Cada gestión quiere diferenciarse. A veces lo logran, a veces es solo en el margen. Siempre nos tenemos que preguntar como analistas, no importa que estemos trabajando en un ministerio, ¿qué venía a resolver? Porque a veces tenemos la solución y no tenemos el problema”, reflexionó.
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Educación federal
“Yo tradicionalmente, y nunca lo oculté, fui más centralista, por la misma parte de tradición que tiene la Argentina en la educación”, comenzó explicando y agregó: “En el gobierno actual, hay una decisión, y hay algo ideológico de decir ‘Esto no es un tema mío’, y es militante esa situación. Se mezclan muchas cosas, pero verdaderamente creo que ahí hay una convicción, no es solo un capricho como en otras cosas que se podría llegar a decir”.
Hoy, la Secretaría de Educación Nacional es “un imperio sin colonias”, dijo Morduchowicz. Y continuó: “Queda como la tradición, la fuerza, la impronta del gran ex-ministerio nacional ahora sin escuelas, y encuentra su lugar en el mundo con los programas y con los recursos. Porque hubo muchos más recursos, contra lo que se solía pensar, que en la década del 90”.
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“Ahora sí, verdaderamente, hay un recorte fuerte, producto de la crisis fiscal, y producto también de convicciones, que no estaban tan así, me parece, en los 90, en las que hubo recursos y se intervino mucho”, subrayó.
Fuerza y debilidad
“Hay provincias cuyas capacidades institucionales son más débiles que en otras. Me vivo preguntando, y creo que nos vivimos preguntando por qué es así”, señalo Morduchowicz y planteó “mi crítica es que se fortalecieron más los ministerios nacionales y los ministerios provinciales que a las escuelas”
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Sobre el actual período del gobierno de Javier Milei, el analista planteó: “Tiene mucho de interesante porque estaban todos los federalistas, para llamarlo de alguna manera, siempre criticando, protestando contra la intervención nacional, la nueva recentralización con los programas y un montón de acciones del gobierno central o de los gobiernos centrales. Pero cuando el gobierno nacional decide retirarse, decir, yo no tengo nada que ver con esto, salen todos esos mismos federalistas a decir ‘Dónde está el gobierno central en todo esto’, y no es solo por un menor adicional salarial o un menor programa. Son todos reclamándole: Te necesitamos a vos y de golpe te no fuiste.”

“Podría ampararme en los marcos normativos legales, pero prefiero no apoyarme en eso porque una ley hoy está y mañana no. Lo que está presente siempre son las acciones y las convicciones, en definitiva. Mucha intervención nacional debilita al federalismo, mucho federalismo produce cierta dispersión y corrés el riesgo de una disgregación muy fuerte. Algo que yo insisto, que es una suerte de pérdida de oportunidad en la Argentina con el federalismo. En la Argentina se consensúan los procesos y no los resultados”.
“Algo que siempre ha tenido [el sistema federal] desde los noventa es la continuidad, por ejemplo, con la evaluación y con los sistemas de información. Y ahí nadie lo niega y las provincias han mejorado mucho y el gobierno y el ministerio nacional o el ex ministerio nacional también”, planteó.
El rol del Consejo Federal
“Hay un antes y un después de diciembre del 2023. Hasta diciembre de 2023, tal como trabajaban el Ministerio Nacional y el Consejo Federal, decía y lo escribía: ’Alguno de los dos está de más’. Así directamente y con todas las letras”, aseguró.
“Hoy no sé en qué anda. Tengo amigos, así que es un problema responder esto en público, pero consensúan cosas. Las provincias tienen su agenda y sus necesidades también. En una época yo decía que el Consejo Federal era como Antón Pirulero, y que era que cada uno atiende su propio juego, y sostenía que los Ministros de Educación Provinciales jugaban hacerle creer al ministro o a la ministra que era un ministro o una ministra nacional, y el ministro o la ministra nacional jugaba hacerle creer a los ministros provinciales que ellos eran ministros provinciales”.
“No digo que hay que cerrar el Consejo. No sé si hay que cerrarlo, lo único que tengo es dudas. Pero si hoy buscas información sobre determinadas acciones y yo quisiera saber cosas que hacen las provincias, no tengo ese acceso vía al Consejo Federal porque no lo recopila”, sentenció.
La implementación
“Yo cuestiono mucho la idea de implementación en la Argentina. Porque la implementación en las políticas públicas es efectivamente llegar a ese aula y creo que han llegado hasta la puerta de la escuela y nunca importó mucho llegar a ese aula”, reflexionó.
Retomando el latiguillo de “las políticas no llegan al aula”, Morduchowicz enfatizó que “tampoco había preocupación por llegar. Y algo que también crítico o señalo, es que si yo como Estado me dedico a distribuir bienes --está muy bien: distribuir libros, textos escolares, computadoras--, se podría hasta cuestionar eso; no hay una ejecución. Eso es logística, eso es administración, eso es algo operativo, no hay un trabajo pedagógico con la escuela.”
El salario docente como estrategia
“En Argentina nunca se terminó de calcular cuánto debe ganar un docente”, reflexionó Morduchowicz y preguntó: “¿Cuánto es lo que necesita un docente para poder reproducirse en tanto docente? Como eso nunca estuvo definido, entonces las discusiones son eternas. Se suponía que la Ley de Financiamiento Educativo --y esa era una de sus fortalezas-- no venía a resolver, pero venía a paliar bastante. Le daba cierta previsibilidad a lo que podía ser el salario docente”.
“La Argentina llega a su máximo de salarial y de inversión en este siglo en 2015. A partir de ahí es una caída paulatina que tiene ese salario. Y ahí tenés dos niveles. Uno es, podríamos suponer, como algo así mítico y lejano, que el de 2015 era un salario que satisfacía a todos”, explicó, pero cuando ese salario permite vivir y “atraer y retener a los mejores docentes. Ahí es donde el salario es un instrumento de política. Y que creo que debería ser siempre el objetivo de cualquier ministro o ministra”.
“Hoy hay una caída salarial muy grande en Argentina. Sostengo que, con respecto a los docentes, los ministros se pueden enorgullecer no por quién aumenta más, sino por quién ajusta menos el salario docente”, señaló.
Y agregó: “Nosotros tuvimos momentos de holgura. No voy a decir que fuimos ricos en educación. Y eso no fueron los ochenta que fue la crisis de la deuda, sí en los noventa hubo muchos recursos y sí en los dos mil hubo más recursos. Y los momentos para discutir ciertas cosas, ciertos posibles cambios de puntos de inflexión son cuando tenés el dinero, no en el momento de ajuste donde te llega por el peor de los lados esto”.
Qué no hacer
“Me es más fácil responder qué no haría a qué haría, se sinceró, y detalló: “No repetiría ciertas cosas del pasado como comprar libros, comprar computadoras. Esa cosa espasmódica de: ‘Tengo los recursos, negocié algo, vino un crédito de algún organismo internacional, voy y compro’. Así aislado es pan para hoy y hambre para mañana. Las escuelas siempre van a estar agradecidas por lo que reciben, pero con la gratitud no hacés una política pública. Hay que empezar a pensar estratégicamente todas las acciones, todo lo que circunda a esa entrega de libros”, aseguró.
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