Seis referentes anticipan las claves educativas de 2026: más integración de la IA, rediseño de las evaluaciones y un debate sobre el colegio secundario

Thiago Payva, Denise Abulafia, Marcelo Caplan, Andrés Méndez, Agustín Porres y Melina Masnatta comparten las claves de un año donde la tecnología aparece como el gran catalizador de las transformaciones

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La inteligencia artificial deja de
La inteligencia artificial deja de ser experimento para convertirse en copiloto (Imagen Ilustrativa Infobae)

Con el ciclo lectivo 2026 ya en el horizonte, sesis referentes de la región comparten su visión sobre las tendencias que marcarán el año en educación. Con distintas perspectivas, con una mirada amplia que abarca todos los niveles educativos y desde distintos países —Colombia, Brasil, Argentina, Estados Unidos— y con már coincidencias que discrepancias, cada uno buscó identificar las claves en la enseñanza y el aprendizaje para este año.

La inteligencia artificial deja de ser experimento para convertirse en copiloto; la personalización del aprendizaje se combina con comunidades sólidas; la escuela secundaria vuelve al centro del debate. Lo que sigue es un recorrido por sus perspectivas sobre un año que se plantea con menos experimentación, pero mucha más transformación estratégica.

Thiago Payva es un experto
Thiago Payva es un experto en edtech y higher education con veinte años de experiencia (Foto: Agustín Brashich)

Thiago Payva, Consultor en EdTech y Educación Superior

Creo que va a haber un pasaje de una etapa de experimentación con la tecnología a una de madurez. Ya no se trata de adoptarla como una moda, sino de integrarla en forma estratégica, con impacto real en la gestión institucional y en la experiencia de estudiantes y docentes.

Como primera tendencia, la inteligencia artificial generativa dejará de ser vista como una solución puntual y pasará a formar parte de la infraestructura educativa. Su mayor valor estará en cómo apoya a los docentes a personalizar las trayectorias de aprendizaje, a anticipar riesgos de deserción y mejorar la toma de decisiones académicas e institucionales. El desafío será hacerlo con criterios éticos, transparencia y foco pedagógico, evitando que reemplace el rol humano.

La tendencia número dos es la personalización. Es una de las grandes promesas del sistema educativo, pero con una evolución importante. Veremos modelos que combinan datos, analíticas de aprendizaje y un acompañamiento humano para ofrecer experiencias más relevantes sin caer en el individualismo extremo. Que cada estudiante avance a su ritmo, sí, pero dentro de comunidades de aprendizaje sólidas.

Tercer punto: la conexión con el mundo del trabajo. Las microcredenciales, los programas modulares y los modelos híbridos pasarán a ocupar un rol central. Las instituciones más innovadoras serán aquellas capaces de articular educación superior, empleabilidad y aprendizaje continuo, ofreciendo trayectorias flexibles, certificables y alineadas con las demandas reales del mercado laboral.

Por último, la relación entre las instituciones y sus estudiantes será cada vez más inteligente, proactiva y basada en datos. No solo para captar, sino para acompañar, escuchar y apoyarlos a lo largo de todo el ciclo de vida. La tecnología va a permitir anticiparse a las necesidades, a mejorar el bienestar y fortalecer el sentido de pertenencia, cuestiones clave en un contexto de alta competencia y cambios demográficos.

Las vanguardias educativas para 2026 no están definidas solo por la tecnología, sino por la capacidad de las instituciones para usarla con propósito, criterio y foco en las personas. Ahí estará la verdadera innovación.

Denise Abulafia y Thiago Payva
Denise Abulafia y Thiago Payva

Denise Abulafia, Chief Learning Officer en Ticmas

Dada la explosión tecnológica de los últimos años, hoy alcanzamos un punto de conciencia en donde entendemos que la tecnología se usa con propósito. El concepto de tecnohumanismo, que va a tomar más fuerza en 2026, tiene que ver con entender que la tecnología está creada para mejorar la calidad de vida de los humanos, y la educación no queda exenta de esta situación.

Detrás de cada aprendizaje hay un niño, un joven o un adulto que tiene sus individualidades, sus necesidades, sus formas de interactuar con el conocimiento, sus limitaciones y sus potencialidades. En los próximos años la personalización del aprendizaje va a tomar muchísima más fuerza de la mano de la tecnología para el proceso del autoconocimiento y del conocimiento del comportamiento de los seres humanos respecto de su modelo de aprendizaje —que a veces es un modelo cognitivo o cerebral, y a veces tiene que ver con usos y costumbres culturales.

Otra cuestión de este año será cómo integrar las tecnologías para que las instituciones educativas no dependan de múltiples plataformas, sitios web, sistemas. La tendencia que empieza a verse es la de la integración de sistemas para generar una experiencia fluida centrada en el usuario —sea el estudiante, el docente o el administrador de la escuela— que cubra todas sus necesidades.

Por último, el foco siempre está puesto en cómo mejorar la calidad de los profesionales de la educación. Va a ser cada vez más fuerte la combinación de estrategias entre tecnologías para el aula y tecnologías por fuera del aula: tecnologías que desde casa nos ayuden a incluir a los estudiantes en un ecosistema de aprendizaje 360 donde los docentes tengan un rol de seguimiento proactivo que les permita anticipar incidentes o dificultades del aprendizaje e implementar estrategias de acompañamiento. Por supuesto, usando datos que puedan prevenir situaciones complejas como el aumento de la incidencia de la salud mental, la salida de los chicos del sistema educativo, etc.

Para resumir, va a ser el año donde tecnología, neurociencias y psicología —englobadas en algo conocido como las ciencias del comportamiento— van incidir muy fuerte en cómo educamos, cómo formamos a los educadores y cómo desarrollamos nuevas tecnologías para el futuro.

Marcelo Caplan
Marcelo Caplan

Marcelo Caplan, evaluador externo del proyecto STEAM Pathways, del Center for College Access and Success (CCAS) de la Northeastern Illinois University

Si bien hay muchas cosas que podemos integrar en la educación —todo el mundo habla de la inteligencia artificial que facilita el acceso de información y los niveles de aprendizaje; son cosas muy buenas y muy efectivas— yo cuestiono aquello que hacemos en nuestros sistemas educativos y que limitan el aprendizaje de los estudiantes.

Uno de esos factores es que seguimos enseñando para que los estudiantes pasen un examen y no para que sean los ciudadanos del siglo XXI que necesitamos que sean. La educación formal está orientada a que los estudiantes se preparen para un examen; no para que tengan la capacidad de aprender por sí mismos las cosas que cambian tan rápido que el propio sistema educativo no puede prepararlos para ello. Esto me preocupa. No preparamos a los estudiantes para lo que ellos necesitan, sino para lo que necesita el sistema.

Trabajo en educación con enfoque STEAM desde hace más de veinte años. Si bien esta educación se oficializó más o menos en 2010, yo trabajaba en su precursor, Educación para Ciencia, Tecnología y Sociedad, ya a principios del año 2000. Cuando organizamos cursos de educación con enfoque STEAM hay una gran cantidad —y hablo de una gran cantidad— de participantes que no saben qué es o no la han escuchado o simplemente dicen que no se puede llevar a las aulas por motivos que no tienen que ver con esta discusión. Este enfoque toma el aprendizaje basado en proyectos, tiene aplicaciones netamente positivas para introducir todas las habilidades para la vida, el Forum Económico Internacional intenta promover desde hace años… y todavía cuestionamos cómo enseñarla.

Para alcanzar una vanguardia educativa tenemos que hacer que las instituciones educativas hagan cambios estructurales y dejen de preparar a los estudiantes con currículos rígidos para que pasen exámenes rígidos y cambien a un modelo flexible que les permita aprender a aprender y continuar preparándose por sí mismos.

Andrés Méndez, director de Colombia
Andrés Méndez, director de Colombia EdTech

Andres Méndez, presidente del Gremio Edtech Colombia

Desde Colombia EdTech y el EdTech Hub Latam hemos encontrado cinco tendencias. La primera es que estamos entrando a una era cada vez mayor de costoeficiencia. Eso significa que no basta con tener tecnología; las instituciones necesitan más ROI, impacto medible en aprendizaje, retención, eficiencia operativa. Esto implica reducir el time to value y el time to use; es decir, el tiempo de adopción empujando a que las herramientas busquen menos trabajo administrativo y más tiempo para educar.

En segundo lugar, hay un despertar pedagógico. La conversación está yendo hacia el diseño instruccional, la ciencia del aprendizaje, la evaluación, lo que nos lleve a medir qué datos necesitamos del estudiante, cuál es la tesis de transformación, como medimos el progreso real. En ese sentido, la tecnología viene después. Pero no significa que sea menos importante; incluso va a tener mucha más fuerza a cómo la utilizamos.

Tercero: estamos pasando de una inteligencia artificial como novedad a un copiloto. Vemos tutores, planificación, generación de materiales y mucha educación en IA para todas las edades, desde los más pequeños hasta los adultos en el sector corporativo. El cierre de brechas de capacidades digitales va a seguir creciendo.

Como cuarto punto van las credenciales modulares y rutas hacia la empleabilidad. Cada vez habrá más microcredenciales haciendo upskilling y reskilling en alianzas con empresas, alianzas público-privadas, alianzas regionales. Es algo que el mercado está mostrando.

Por último, y es algo que también demanda el mercado: interoperabilidad y soberanía de datos. Las instituciones exigen que haya cada vez más integración entre los LMS, los SIS, la comunicación, la analítica, y que no queden sólo en una plataforma.

Agustín Porres, director regional para
Agustín Porres, director regional para América Latina de Fundación Varkey (foto: Agustín Brashich)

Agustín Porres, director regional para América Latina de Fundación Varkey

América Latina tomó conciencia de los malos resultados en alfabetización. Se implementaron políticas en toda la región.. Creo que Brasil estuvo a la cabeza, pero todos los países tomaron conciencia e implementaron planes de alfabetización. No está resuelto pero está en marcha, con lo cual se pueden abrir nuevos debates y empezamos a pensar en otros temas: “Si todos saben leer, ahora qué”.

El gran debate de este año va a ser el sentido de la escuela secundaria: el qué, el para y el cómo de la escuela secundaria. Cómo hacer una escuela secundaria atractiva, moderna, que tenga sentido. ¿Cómo se baja la deserción? Conquistando a los estudiantes.

Vamos a ver muy buenas discusiones en esa línea, y hay un muy buen escenario porque se logró en la región una cohesión muy potente entre el sector público, el sector privado y el tercer sector. Hace unos años no lo veíamos tan claro. Ahora hay una muy buena plataforma para encontrar respuestas adentro y afuera de la región, y tener una mejor secundaria.

Melina Masnatta, autora del libro
Melina Masnatta, autora del libro "Educar en tiempos sintéticos". (Agustín Brashich)

Melina Masnatta, líder global en Tecnología, Educación e Innovación

Algunas cosas que veo como indiciarios de vanguardias tienen que ver con una idea de arquitectura cognitiva y emocional por sobre el aprendizaje directo: cómo pensar el bienestar emocional, el bienestar cognitivo, el bienestar digital, que se van a integrar en las prácticas educativas.

Otra cuestión es cómo las meta habilidades —como el pensamiento crítico y la curiosidad— se articulan con la inteligencia artificial. ¿Cómo se integran? ¿Cómo se diferencian? Con la alfabetización con IA dejamos atrás una visión de temor o de parálisis inhabilitante para tener una que se pregunte cómo cooperar con un chatbot, hasta dónde sirve, cuáles son los criterios que hay que aplicar, dónde está la supervisión crítica humana, cómo se articula con las habilidades del mundo educativo. Una idea estratégica —y un deseo personal— es que podamos pensar qué hacemos muy bien en educación y cómo puede articularse con la IA. Hay que dejar de preguntarse si la inteligencia artificial potencia el pensamiento crítico, sino cómo el pensamiento crítico puede ser mejor con IA.

Otra tendencia: la articulación estratégica con las familias y la comunidad. En este punto, traigo cuestiones que tienen que ver con cuándo le damos el celular a los jóvenes. Ya pasó en Mendoza; de una manera un poquito más verticalista y coercitiva pasó en Australia. Yo creo que eso lo vamos a ver en comunidades con otras condiciones de posibilidad, porque, lamentablemente, para la mayoría —y sobre todo en Argentina— no hay medio para pensarlo y diseñarlo. Pero puede ser un tema de conversación con las familias: cómo usamos los celulares.

Un punto no menor tiene que ver con el rediseño de la evaluación. Lo venimos hablando mucho y ya se empiezan a ver límites en las soluciones tecnológicas que detectansi una tarea está hecha con IA o no. Tiene que haber un rediseño de la evaluación con una perspectiva que evoque otros formatos como los portfolios o la coevaluación. Con mis estudiantes, una primera instancia es que diseñen la evaluación. Son estrategias súper interesantes porque no solo generás un “para qué voy a ser evaluado”, sino también un “cómo puede servirme en el proceso de aprendizaje”.

Hablé de la evaluación, pero creo que cada vez es más necesario escribir y describir el propósito y la pulsión de para qué estamos en la escuela. Siempre que trabajemos con un diseño centrado en aprendizajes reales, el impacto es enorme. Algo que convoque a los estudiantes desde la intervención de la realidad se vuelve importante y se vuelve único. Entonces, hay que pensar en experiencias educativas donde se dé ese impacto, donde la interdisciplinariedad esté basada en problemas reales. No estoy diciendo algo nuevo, pero hoy es más necesario. Creo que vamos a ir por ahí.

Todo esto, obviamente en un escenario tecnooptimista. Lo que traigo en el último tiempo es el concepto de divergencia tecnológica, donde hay países que usan la tecnología de cierta manera y otros en los que ni siquiera se accede porque fue prohibida. Hay que tomar decisiones y febrero es un buen mes: en las jornadas institucionales se puede pensar qué queremos como comunidad educativa, cómo vamos a usar la tecnología, con qué normas de convivencia.