
La Asociación Colombiana de Facultades de Educación (ASCOFADE) reúne a las instituciones encargadas de formar a los futuros docentes del país. Es un espacio donde se discuten políticas nacionales, se comparten estrategias y se diseñan programas de acompañamiento para fortalecer la profesión. Su presidenta, Cecilia Dimate, conversó con Ticmas sobre los desafíos actuales de la formación docente y el lugar que ocupa el maestro en un tiempo atravesado por la tecnología y la incertidumbre.
“El propósito de Ascofade es acompañar a las facultades en necesidades específicas de formación. Es un espacio de encuentro para trabajar sobre política educativa nacional, fundamentalmente sobre formación de maestros”, explicó Dimate. Y, aunque la red no se relaciona directamente con los 300.000 docentes en ejercicio que tiene Colombia, influye en todo el proceso de formación inicial, en los programas de pregrado, posgrado y buena parte de la actualización continua.
Uno de los principales problemas que el sistema enfrenta en la actualidad es el desinterés de los jóvenes por convertirse en maestros. “La profesión ha sufrido una especie de desprestigio”, dice Dimate, “no se ve como muy atrayente. Tenemos dificultades para que los chicos quieran ser maestros y ese es un reto importante: procurar que a través de trayectorias educativas se pueda ir formando ese interés por la docencia”, señaló. Entre los factores que inciden mencionó los bajos salarios iniciales, la sobrecarga laboral y la pérdida de autoridad. “El conocimiento hoy se encuentra fácilmente en cualquier medio, y eso hizo que el maestro perdiera autoridad. Además, la sociedad ha venido perdiendo confianza en ellos.”
Aun así, Dimate subrayó que el papel del maestro sigue siendo central en la vida de los estudiantes. “El maestro forma no solo en conocimiento, sino de manera integral. Es un referente que forma bien o mal, pero forma. Y la sociedad le exige ser un sujeto distinto: más innovador, no solo porque use tecnología, sino porque pueda manejar muy bien las relaciones y acercar a los estudiantes a los retos que el mundo les plantea.”
La presidenta de Ascofade insistió en que las facultades de educación tienen la responsabilidad de mejorar las prácticas pedagógicas y fortalecer tanto las competencias digitales como las socioemocionales. “El confinamiento puso en evidencia las dificultades que enfrentamos, pero también la necesidad de que los maestros tengan herramientas para acompañar situaciones emocionales en contextos marcados por la violencia y el conflicto. Ya se han empezado a implementar procesos de formación y acompañamiento desde las facultades.”
La irrupción de la inteligencia artificial aparece como un desafío adicional. “No es que vaya a reemplazar al maestro, seguramente no, pero si el maestro no comprende críticamente estas herramientas corre el riesgo de arrinconarse en los escenarios de aprendizaje y ceder espacio a sistemas automatizados. El peligro es que los estudiantes pierdan capacidad de pensamiento crítico.”
Los estudiantes que hoy cursan el profesorado también están planteando nuevas demandas. “Piden un maestro activo, que traiga la realidad al aula, que no solo entregue conocimiento sino que problematice y los rete a pensar en soluciones a lo que pasa en su entorno.” Para Dimate, ese cambio exige formar docentes capaces de trabajar de otra manera, con mayor apertura y disposición al diálogo.
Al proyectar el futuro de la educación, Dimate se imagina escenarios más flexibles, con menos rigidez institucional y mayor conexión con la vida cotidiana. “Me imagino espacios distintos, no tan convencionales, con mesas de trabajo, con interacción con los entornos. Pero sobre todo me imagino un profesor muy activo en pensar que sus estudiantes son sujetos que piensan, que tienen que hacerlo con una mirada crítica y no tragar entero en un mundo donde la tecnología pone todo en la mano.”
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