La pérdida de memoria ¿nos vuelve más creativos?

El cerebro humano no deja de sorprender al evaluar cómo aprende y cómo elige olvidar ciertos conocimientos o situaciones. Una elasticidad cognitiva que más que un defecto, es una oportunidad en potencia

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Siempre se menciona al sueño como el momento en que nuestro cerebro se encarga de procesar, ordenar y clasificar la información: pero ¿por qué esto nos haría más creativos? (Imagen Ilustrativa Infobae)
Siempre se menciona al sueño como el momento en que nuestro cerebro se encarga de procesar, ordenar y clasificar la información: pero ¿por qué esto nos haría más creativos? (Imagen Ilustrativa Infobae)

“La mente en blanco”; un cerebro que no responde puede ser un gran reseteo que esté indicando un nuevo camino para la sinapsis. La “imperfección” de nuestra materia gris y su funcionamiento es en realidad una necesidad evolutiva que permite lograr una plasticidad y adaptabilidad para el día a día.

Siempre se menciona al sueño como ese momento reparador donde nuestro cerebro se encarga de procesar, ordenar y clasificar información que va a retener, olvidar o directamente borrar. Pero ¿por qué esto nos haría más creativos?

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La memoria no es algo que estaría vinculado solo con el pasado o lo aprendido sino justamente con el potencial de la imaginación en un futuro. Recientes estudios ponen el foco en que olvidar nos puede hacer más creativos porque nos permite trabajar en llenar esos “baches” con nuevas posibilidades.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
Si el presente está determinado principalmente por lo sensorial, el pasado y el futuro estarían más conectados de lo que imaginamos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El futuro es ¿memoria?

Diversos estudios científicos demuestran que a la hora de imaginar posibilidades se activan los mismos mecanismos neuronales que se utilizan para recordar algo del pasado. Si el presente está determinado principalmente por lo sensorial, el pasado y el futuro estarían más conectados de lo que imaginamos.

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Ya en 1985, D.H. Invarg planteó un sugerente título para su investigación: “Memoria del futuro”, dos términos que a simple vista parecían opuestos. Una idea que a través de diversas investigaciones y mapeos neuronales está más que validada en el presente.

Los especialistas Donna Rose Addis, profesora de Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Auckland y Daniel Schacter profesor de Psicología en el Departamento de Psicología de la Universidad de Harvard vienen trabajando desde hace décadas en esta relación entre pasado y futuro que permite poner al “olvidadizo” cerebro en un lugar mucho más interesante que el del “error”.

Fue en 1950 que adquirió importancia en el desarrollo de las neurociencias la actividad del hipocampo como activador de la memoria y como “mapa cognitivo”, como lo demuestran los celebrados trabajos del Nobel John O’Keefe.

Esta conexión con la memoria surgió cuando se le extirpó el hipocampo a un joven que sufría de epilepsia y que afectó su capacidad de crear nuevos recuerdos e incluso recordar situaciones pasadas que antes sí estaban almacenadas en su memoria.

Y si bien en un principio se pensaba que cada parte del cerebro tenía una función específica, las investigaciones empezaron a destacar el trabajo en red de nuestra memoria que permite observar mecanismos iguales que uno consideraría antagónicos; esto es, recordar algo o imaginarlo. Por que imaginar implica tomar “retazos” del pasado para poder innovar.

La creatividad y el cerebro joven

Tener un cerebro “joven” es una de las grandes preocupaciones de la medicina moderna que permite que los cuerpos perduren en el tiempo, pero que frente al estrés y la ansiedad cotidiana se enfrentan a memorias e imaginaciones debilitadas.

Daniel Schacter pudo demostrar cómo los falsos recuerdos y el olvido están relacionados con el rendimiento creativo ya que estos momentos de “reseteo” son lo que permiten a la mente reconfigurar y reinterpretar experiencias creando nuevas ideas y soluciones creativas.

A partir del estudio de pacientes amnésicos determinó cómo, más allá de tener poca capacidad para recordar sus propias experiencias, también presentaban dificultades para imaginar el futuro teniendo, además, un pensamiento divergente y creativo disminuido.

A la hora de mantener el cerebro joven y activo dispuesto al error y a la imaginación se destacan dos actividades claves: una es la lectura como espacio de conexión con el interior- un momento de autoconversación- y también el momento de escuchar música, la cual sería clave para mejorar “la reserva cognitiva”.

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