
Llega fin de año y siempre hablamos de balances. Lo positivo, lo negativo, lo transformador o lo abrumador; entre otras emociones que nos atraviesan. Esta necesidad de reflexionar sobre lo acontecido es un ejercicio que siempre invita a revisar las decisiones y acciones.
La práctica docente no está exenta de estos balances e incluso es un ejercicio que permite evaluarse como evaluadores. Desde Ticmas invitamos a educadores, con diversas realidades en sus aulas, a compartir qué les enseñó el 2024.
Una educación que busca fomentar el pensamiento crítico
Marina Dolores Coria es docente del Instituto River Plate, en la Ciudad de Buenos Aires, y está a cargo de sexto grado en primaria. A la hora de pensar su 2024 destaca: “Este año fue muy dinámico, como institución nos tomamos momentos para parar, pensar, reflexionar sobre nuestras prácticas, reorganizarnos y seguir adelante. Como docentes, necesitamos ser flexibles y acompañar a grupos de chicos con diferentes realidades”. Coria asegura: “Mi balance es positivo. Este año me capacité en ABP (Aprendizaje Basado en Proyectos) y también sobre ESI (Educación Sexual Integral). A lo largo del año realicé una autoevaluación y retroalimentación de mi trabajo, buscando nuevas formas de enseñar y acompañar a nuestros niños.
“Nuestra tarea es de constante aprendizaje, de buscar nuevas estrategias y herramientas para acompañar las diversas realidades de nuestros alumnos. Este año trabajé y me capacité para poder desplegar con mis alumnos la capacidad para desarrollar un pensamiento crítico, es decir que puedan elegir, analizar, resolver de manera autónoma”, celebró.

Recreos cerebrales, empatía, convivencia y cooperación
Compartir momentos en familia, la música y la docencia son las pasiones de Johana Noemí González, maestra de sexto y séptimo grado en Ludere College, ubicado en la provincia de Salta. “Al comenzar el año, los niños regresaron al colegio con emociones encontradas: entusiasmo por reencontrarse con amigos, pero también cierta incertidumbre ante nuevos retos académicos. Este periodo inicial estuvo marcado por la adaptación a nuevas rutinas, maestros y compañeros”, recuerda Johana y agrega: “A medida que avanzaba el año, los niños se enfrentaron a una diversidad de contenidos que fomentaron su curiosidad y habilidades. Las asignaturas tradicionales, como Matemáticas, Lengua, Ciencias, se complementaron con otras áreas como Yoga, Inteligencia Emocional, Teatro, Educación Física, Inglés, Arte y proyectos cooperativos (ABP), que resultaron significativos para ellos”.
“Los maestros fuimos integrando nuevas tecnologías y metodologías: recreos cerebrales, meditaciones, música en las clases e instancias evaluativas y demás estrategias, haciendo que las clases sean más interactivas”, resalta la docente y subraya la importancia del proyecto institucional del trabajo cooperativo del equipo docente y de la convivencia en las aulas: “Académicamente, se priorizó el aprendizaje significativo, buscando que los estudiantes no solo adquirieran conocimiento, sino que también desarrollaran habilidades de pensamiento crítico, resolución de problemas y trabajo en equipo”.
Y reflexiona sobre la importancia de la empatía y el bienestar en el aula: “A lo largo del año escolar, como docente he vivido experiencias significativas que dejaron aprendizajes valiosos, no solo académicos, sino también sociales y emocionales. Reafirmo que ser flexible en las estrategias de enseñanza permite ajustarse a las diferencias de cada niño o niña para lograr un aprendizaje efectivo”
La docencia que transforma vidas
María Candela Vidal es maestra de quinto grado en el Instituto San José Baradero, en la localidad homónima, en la Provincia de Buenos Aires y nos cuenta: “Este fue mi primer año escolar como docente con un curso a cargo, y la experiencia fue transformadora, muy enriquecedora. Descubrí y confirmé en mi ser docente, una verdadera vocación. Disfruté de cada momento, los desafíos me permitieron crecer y aprender. El balance es sumamente positivo, me llevo aprendizajes profundos, tanto profesionales como personales”.
Y agrega: “En el aula descubrí que la docencia transforma vidas, no solo a través del conocimiento, sino también valorando lo interno de cada estudiante, ese don imprescindible para el mundo, educar integralmente es sembrar para el futuro”. También reflexiona sobre su rol: “Aprendí la importancia del trabajo en equipo, que requiere construir junto con compañeros, equipo de conducción y familias. La colaboración y el apoyo mutuo son fundamentales para abordar las necesidades de cada alumno y para generar un ambiente de aprendizaje enriquecedor. Permitir el desarrollo de cada alumno desde su singularidad, ajustando nuestras estrategias para acompañarlos y motivarlos a alcanzar las metas”.
Y sugiere: “Repensar nuestras prácticas, impulsar los logros de los alumnos y animar sus esfuerzos me llevó a comprender lo esencial que es tratar a cada estudiante como único, valorando sus particularidades y fomentando en ellos la responsabilidad y el compromiso”

Tolerancia y capacitación
Lorena Lahaiza es maestra de sexto grado de la Escuela Municipal Primaria Manuel Dorrego. Lorena no solo disfruta de educar sino que también la lectura, la música, la familia ¡y el mate! son parte de la vida que le gusta disfrutar. Para ella el 2024 fue “Un año difícil, pero a su vez de mucho aprendizaje”. Y reflexiona que aprendió a “tener mayor tolerancia” y pudo seguir capacitándose a partir de la realización de un curso de alfabetización para mantenerse actualizada en su práctica docente.
Anécdotas en el aula: conectarse
Por último, Ticmas le consultó a las docentes que se sumaron a esta nota si tenían alguna anécdota de algo ocurrido en sus aulas: “Anécdota no, si el cambio desde principio de año con los estudiantes aprendiendo a entenderlos para poder acompañarlos, me hizo cambiar mi modo de relacionarme con ellos”, reflexiona Johanna de la Escuela Municipal Primaria Manuel Dorrego.
Marina, del Instituto River Plate, relata: “Me surgen varias situaciones que me llevan a la reflexión que, si no me involucro en lo que les sucede y viven en su día a día mis alumnos, cómo por ejemplo sus preferencias en el uso de algunas redes sociales, gustos musicales, etc, quedo por fuera de sus intereses y de esta manera, conociendo estas situaciones puedo acercarme desde otro lugar para acompañarlos y sostenerlos en caso de ser necesario. Por ejemplo, para el cierre de un proyecto, planifiqué como producto final la creación de un podcast, hicimos todo el recorrido, les conté la idea, pero cuando llevé a los chicos al estudio de radio del Instituto estaban tan emocionados con el espacio que no pudimos completar la actividad como estaba planificada. Estaban con ganas de explorar, tocar los equipos y descubrir todo ese mundo. En ese momento, tuve que reformular todo lo planificado y acompañar todas las inquietudes que tenían. Fue un desafío, pero también me enseñó que la flexibilidad no es solo una habilidad, sino una necesidad constante en nuestra tarea. Este tipo de experiencias me recuerda que la docencia no siempre sigue un plan rígido; muchas veces, los aprendizajes más significativos surgen de lo inesperado”
Por su parte, María Candela del Instituto San José Baradero recuerda:”Cuando los alumnos llegan a clase compartiendo algo que trabajamos o estamos trabajando y lo descubren en su cotidianidad, aplican lo aprendido y lo demuestran, me doy cuenta de que el entusiasmo es contagioso. Al involucrarme plenamente en la tarea, lograba despertar ese mismo interés en mis estudiantes. Este aprendizaje marcó mi manera de relacionarme con ellos y de encarar cada clase. Comprendí que los niños no solo aprenden por lo que les enseñamos, sino también por cómo lo hacemos, y que compartir la motivación por el aprender es tan importante como el contenido en sí”
Por último, Johana de Ludere College comparte: “Recuerdo que un grupo de alumnos sugirieron una manera diferente de comenzar mi clase; un tren, donde ellos mismos eran los vagones y cuando pasaban por las demás aulas, cantaban una canción que animaba al resto. Aprendí que esa era su forma de conectar con el momento y predisponerse para una clase conmigo. Con el tiempo, eso se volvió un hábito y cada día fueron más los que se sumaron”.
Y reflexiona: “A veces caemos en el error de correr detrás una planificación, con tal de cumplir con los contenidos y tiempos establecidos, y no nos damos cuenta que si nuestros niños no conectan con el momento, difícilmente podrán aprender aquello que pretendemos enseñar”.
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