
Abro mis redes y veo un debate constante: celulares en el aula ¿sí o no? Notas en los diarios teniendo la misma discusión con posturas diversas… y me es inevitable pensar en distintos momentos de mi vida cotidiana para hacer un debate conmigo mismo.
Sin ir más lejos, ayer estaba tomando un café con un amigo, Hablamos. Me contó sobre un viaje que hizo y sus experiencias adquiridas, sin darme cuenta, me compenetré tanto con su relato que perdí noción del tiempo, cuando miré la hora habían pasado 2 horas sin chequear mi teléfono. Qué fácil es olvidarnos de este aparatito cuando la charla es divertida y entretenida, ¿no?
Seguí recordando momentos, y en la cena familiar se armó un debate sobre cuántos años llevaba Di María en la selección. El debate duró poco, pues mi hijo dijo: “Lo chequeé en Internet y fueron 15 años”.
Los ejemplos de la vida cotidiana me hacen pensar que el enfoque de esta discusión permanente sobre el uso de la tecnología en el aula está mal planteado. La pregunta no debería ser celulares en el aula sí o no, la pregunta debería ser: ¿qué tan aburridas son las clases para que los alumnos tengan que recurrir a su teléfono?
El debate sobre el papel de la tecnología en la educación es ciertamente más profundo que simplemente si los dispositivos influyen o no en el rendimiento de los estudiantes. Deberíamos centrarnos en hacer que las clases sean más interesantes y atractivas para los estudiantes, de modo que se sientan motivados por lo que se les está enseñando. La tecnología puede ser una herramienta útil, pero el enfoque principal debería estar en fomentar una educación que realmente les importe a los estudiantes. Es un tema complejo que merece una discusión más amplia sobre cómo mejorar la experiencia educativa en general.
Además, ¿cuántas veces hemos caído en la tentación de revisar nuestro celular en medio de una reunión familiar o de amigos para chequear un dato? ¿Y cuántas veces hemos visto a alumnos haciendo lo mismo en el aula?
En el mundo al que saldrán los estudiantes después de la escuela, el celular y la tecnología serán imprescindibles para su desarrollo laboral y profesional. Sino aprenden en la escuela a usarlos adecuadamente y a resistirse a los malos usos ¿Dónde lo aprenderán?
Es cierto que la tentación de revisar las redes sociales, enviar mensajes de texto o jugar en el celular durante la clase puede ser grande, se puede aprender a administrar, ahora bien, es imposible resistirse cuando no hay competencia, y una clase soporífera no lo es.
Los dispositivos móviles pueden ser una excelente herramienta para acceder a información, realizar investigaciones, tomar apuntes o participar en actividades interactivas en línea. De esta forma, se puede fomentar un ambiente pedagógico moderno, donde los estudiantes aprovechen la tecnología para enriquecer su aprendizaje.
Un estudio realizado en la Universidad de Gloucestershire reveló que un 45% de los estudiantes considera que el uso de teléfonos móviles en las aulas es una ayuda en su educación. Una de las grandes ventajas mencionadas es el acceso a los libros de texto de forma digital, lo que permite a los estudiantes interactuar de manera más profunda con los conocimientos dados. Es importante reconocer que la tecnología puede ser una aliada en el proceso educativo, siempre y cuando se utilice de manera adecuada.
Si de mi dependiera el sí o no, votaría absolutamente por un sí. Tenemos que amigarnos con la tecnología y usar sus beneficios a nuestro favor. La tecnología no viene a ser nuestra enemiga, viene a ser una aliada en esta era digital que nos envuelve.
El mundo cambia constantemente, cambiemos con él para crecer día a día como educadores.
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