
Cuando abordamos el Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP), aquellos de nosotros que hemos aplicado esta metodología asentimos con convicción y destacamos que es el camino correcto. Sin embargo, también hay docentes que, al escuchar sobre ABP, se preguntan: “¿En qué momento puedo capacitarme para sumarme a esta nueva iniciativa? ¿Es difícil? ¿Realmente los estudiantes aprenden mejor? ¿Quién lo dice?” La realidad es que enfrentar este desafío puede parecer abrumador.
Nos encontramos en una época en la que el cambio es imperativo; ¿será ABP, Inteligencia Artificial, STEAM? Los docentes escuchan hablar de estas tendencias a diario. Sin embargo, tanto docentes como directivos y estudiantes poseemos realidades diferentes, necesidades distintas y, sobre todo, experiencias variadas. Entonces, ¿es válido seguir una receta preestablecida? ¿Podemos los directores indicar cómo se debe hacer?
La verdad es que no podemos. Lo que funciona para una escuela no necesariamente funcionará para otra, al igual que los intereses de los estudiantes varían. Y ¿qué decir de los docentes? Si no les apasiona el tema, se pierde la chispa necesaria para acompañar a los estudiantes durante la construcción del aprendizaje.

Entonces, ¿por dónde comenzar? ¿Cómo motivar a los docentes para que se enamoren del Aprendizaje Basado en Proyectos y se animen a aprender junto con sus alumnos? La clave, según varios de los autores que he leído, radica en comprender “en qué escuela estoy y qué necesidades tienen mis alumnos”. Aquí empieza la gran aventura: investigar juntos, en grupos dentro del aula, en grupos de diferentes aulas e incluso en red con otras escuelas. El objetivo es comprender las inquietudes que surgen a lo largo del camino hasta llegar al punto final: la respuesta y presentación de lo generado en ese magnífico proceso.
Lo mejor de todo es el desarrollo de habilidades que florecen en cada paso del proceso. Cada estudiante conoce las expectativas, pero también comprende lo que debe hacer para superarse. Porque aprender se trata de eso, ¿verdad? Ser cada día mejor, buscar la manera de crecer y evolucionar, aplicando lo aprendido en situaciones nuevas.
Aquí radica la esencia del ABP: como docentes, debemos apartarnos del centro y dar paso al estudiante. A través de sus preguntas, nos vemos envueltos en el desafío de acompañarlos a aprender aquello que los desafía y motiva.
El ABP es una aventura. Hay que buscar a esos docentes que tienen el deseo de aprender junto a sus alumnos. Hay que establecer redes con otras escuelas, conversar. Se puede soñar con una educación significativa y llena de emoción.
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