Innovar, transformar, reformar: las tres estrellas en el cielo de la educación que señalan el camino a seguir. Pero ¿cuántas veces se logra efectivamente el cambio? Y más aún: ¿qué se necesita para lograrlo? Liderar equipos pedagógicos bajo la tónica de la innovación y la transformación es un desafío.
En las jornadas Imagina la educación que Ticmas organizó en Monterrey, tres especialistas participaron en un panel de debate en el que abordaron las características que toda persona al frente de una institución o grupo académico debe tener.
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El título del panel fue justamente “¿Cómo liderar equipos de innovación pedagógica?” y participaron Sabrina Seltzer, directora de Emprendimiento y Transferencia Tecnológica del Instituto para el Futuro de la Educación del Tec de Monterrey, Isaac López Reyna, líder de proyectos de capacitación docente en la PrepaTec de Monterrey, y María de la Luz Sánchez Ovalle, maestra en Educación con Orientación Didáctica Constructivista, y ganadora del Programa Somos el cambio.
Liderar no es dirigir
“El liderazgo tiene que ver con llevar a un equipo hacia un objetivo”, decía Seltzer al comenzar su participación. “Tiene que ver con lo que no podemos controlar; por lo tanto, hablamos de un compromiso interno de cada persona para llegar a la meta. De ahí que, para generar equipos creativos dispuestos a innovar, me animaría a decir que la comunicación es una característica fundamental del líder: no vamos a lograr una colaboración genuina sin compromiso y para eso es necesario saber cómo comunicar. Otra gran característica de quien lidera equipos educativos es tomar decisiones informadas. Y una tercera tiene que ver con la pasión: alguien apasionado y motivado puede allanar más fácilmente el camino en equipos diversos.
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“Yo le sumaría la empatía”, dijo Sánchez Ovalle. “Los líderes son guías que van a ir encaminando a nuestros compañeros para lograr una meta. La empatía es un valor que necesitamos con más relevancia desde el Covid y el uso de tecnología. En mi caso, como hemos trabajado con proyectos de innovación educativa basados en acciones sociales, nos interesa redirigir a los alumnos con aspectos de valores sociales y también con aspectos emocionales. Si la pasión es una de las prioridades, yo agregaría el trabajo colaborativo, la empatía, el manejo de soluciones y problemáticas”.
“La mentalidad de crecimiento ocupa un lugar privilegiado”, comenzó López Reyna, pero aclarando que no hablaba del crecimiento infinito sino de la idea de que para mejorar la educación debe estar ligada a un principio humanista. “La mentalidad de crecimiento no debe estar enfocada hacia el crecimiento del individuo, que es un engaño que se nos da en los sistemas donde nutrimos del concepto del héroe o heroína: si solamente una persona puede salvar el sistema educativo —o salvar al mundo— cuando esa persona falte, las comunidades van a tender a romperse. Entonces yo considero que la mentalidad de crecimiento debe ser una prioridad en tanto sea crecimiento colectivo. La educación no necesita salvadores ni mesías, necesita comunidades que sepan salvarse a sí mismas”.
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Administrar el error
¿Qué pasa cuando el que se equivoca es el líder? ¿Cómo se maneja el error, cómo se apoya en sus compañeros de grupo? Seltzer analizó estos interrogantes con un ejemplo: qué pasa si hay una reunión y el líder llega tarde —es decir: comete un error—. “Si yo me equivoco y no cumplo con la regla”, decía, “esperaría que alguien me lo diga, aceptarlo y pedir disculpas y ocuparme de que no vuelve a suceder. No es distinto el error de un líder al de cualquier otra persona del equipo. Cambia la responsabilidad y hay que estar bien atentos a asumirla”.
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Para Sánchez Ovalle, los líderes tienen un compromiso mayor, pero también deben trabajar la empatía: “Debemos formar un equipo capaz de solucionar las problemáticas que se vayan presentando”.
En tanto que Isaac López Reyna señaló la importancia de quitar la connotación punitiva de castigar el error: “Si nuestra actitud hacia esos momentos de desliz siempre es castigadora y panóptica, no le da lugar al aprendizaje”, dijo. “No generar ambientes de confianza en torno al error hace que el error se vuelva una prisión. Y si no hay un espacio seguro, la innovación es imposible. Nuestra actitud debe ser un aspecto de observación y aprendizaje. No hay mayor maestro que el error y que el sufrimiento: esa es una frase antigua, y me parece que cuanto mejor la asociemos a nuestras actividades diarias, más posibilidades vamos a tener de que se tome”.
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Lo socioemocional, una cuestión prioritaria
“La primera vez que escuché el principio de ‘Psychological Safety’, francamente me pareció una tontería”, dijo López Reyna, “porque cómo no te ibas a sentir en un aula, si es el templo del saber, pero me di cuenta de que con ese rechazo yo estaba mostrando mis propios miedos”. Para López Reyna el aula se ha tornado más compleja porque la gente se ha tornado más compleja, y que ignorar esos factores afectan nuestro cuerpo. También contó que él tiene una estrategia para asegurarse que la gente se sienta cómoda. “Cuando llego a un lugar por primera vez, llevo donas porque para las culturas latinas la comida es una forma de compartir y en ese momento puedes abrirte a otro tipo de comunicación”.
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“Voy a poner mi lente violeta feminista”, dijo Sabrina Seltzer, “pero que haya más mujeres en los equipos directivos quizá sea una de las razones de que lo socioemocional vuelva a tener lugar. Y lo socioemocional es relevante porque nadie que se encuentre emocionalmente mal puede pensar, aprender, innovar o crear”.
Para María de la Luz Sánchez Ovalle, lo socioemocional es una cuestión prioritaria en tanto los niños estuvieron dos años detrás de una computadora. “Cuando regresar a la escuela llegan con temores y se les dificulta lograr un aprendizaje. Nosotros buscamos crear ambientes de aprendizaje. En lugar de preguntarles ‘¿Cómo estás?’ es mejor preguntarles ‘¿Cómo te sientes?’, porque abre las puertas para que el alumno hable un poquito más”.
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“Voy a compartir lo que me pasó hoy en la mañana”, dijo López Reyna. “Hoy en día parece que es un valor decir que uno tiene un trabajo bajo presión, pero hay que ir erradicándolo en los próximos años. Yo veía a una estudiante muy feliz todo el tiempo, y el día que le pregunté ‘¿Cómo estás?’ se rompió. Y no es un caso aislado. Me ha pasado unas diez veces en el semestre. Me parece una cantidad alarmante, algo tiene que pasar. Cómo es posible que a los quince años esté sufriendo semejante estrés. Yo creo que, si nos enfocamos en el crecimiento económico infinito pero no nos enfocamos en nosotros, estamos metiendo el pie en una trampa. Estamos abriendo la puerta al caballo de Troya, pero no sabemos quiénes van a ser los griegos que nos ataquen por dentro”.
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