
En la ciudad de Zapala, provincia de Neuquén, rodeados de montañas nevadas, lagos y bosques de araucarias, y temperaturas que pueden llegar hasta los doce grados bajo cero, niños de entre 4 y 13 años experimentan, investigan y crear a través de observar el mundo que los rodea. Así funciona el Club de Ciencias, que intenta dar herramientas novedosas para que los chicos exploren la relación que existe entre la ciencia y la cultura, y el impacto que producen en la sociedad, los sentimientos, la economía, el ambiente, la alimentación.
Los chicos abordan ciertos fenómenos de la física, la química, las matemáticas, a través de un modelo de enseñanza que tiene como valor esencial a la libertad, para que puedan correr la imaginación y la curiosidad. El Club de Ciencias es una institución muy joven; tiene menos de un año y medio. Funciona de lunes a sábado y tiene casi cien estudiantes que usan cuadernos sin renglones y no dan cuenta lo que aprendieron en evaluaciones tradicionales.

Además, se promueve el uso respetuoso de la tecnología como un medio que ayuda a potenciar talentos, a descubrirlos, y a estimular habilidades. “Nos encanta la tecnología”, dicen Nakad Saade y Maria Eugenia Matus, directores de la institución. Y continúan: “Estamos convencidos de que la innovación tecnológica es apta para la enseñanza, como medio para proyectar y crear espacios ricos de aprendizaje”.
Si hoy cualquier chico está atravesado por la tecnología en todos los ámbitos de la vida cotidiana, es crucial que puedan usarla en su provecho, con responsabilidad y con adquisición de conocimientos. “Es por ello que el Club de Ciencias enseña sobre impresión 3D, programación y vuelo de Drones, uso de microscopios digitales, utilizamos pantalla para proyección de videos educativos y realidad aumentada, les enseñamos a buscar información de calidad y cómo incorporarla en el estudio”, señalan.

Con una profunda vocación por la innovación educativa y la necesidad de encontrar una solución que asegure contenidos de calidad acordes a la propuesta pedagógica del Club, los directores buscaron distintas opciones y se decidieron por usar Ticmas. Esta experiencia educativa integral se convirtió en un gran aliado. “Cuando navegamos por su página web y observamos el contenido y recursos que ofrecía a los educadores y estudiantes, nos enamoramos de la idea y proyectamos incorporarla en nuestro Club”, dicen.
Hoy el Club de Ciencias trabaja con los contenidos curriculares y de robótica con Ticmas, lo que, en palabras de las directoras, “generó un cambio radical a la hora de ahorrar tiempo en la preparación del material de enseñanza”, y les permitió ocuparse de otras cuestiones primordiales en la atención de los niños. Además, dicen, desde que incorporaron Ticmas, “hemos observado a los niños con más ganas de saber, de conocer, de investigar, porque apoya nuestras experiencias y amplían la visión de lo que estamos diseñando”.
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