“Desde que tengo memoria hago cosas con tecnología. Nunca hice otra cosa con mi vida”, así se presentó Mateo Salvatto, quien, con tan solo 23 años, es cofundador de Asteroide, la startup creadora de la app Háblalo. También es director de Innovación del Instituto ORT, además de especializarse en robótica. Por su parte, Augusto Salvatto, licenciado en Relaciones Internacionales, y hermano mayor de Mateo, contó que su pasión está en el mundo de las Ciencias Sociales. Él explicó cómo, a través de su consultora, vincula ese mundo con “La revolución tecnológica que estamos viviendo”.
Los Salvatto estuvieron invitados al auditorio que Ticmas montó en la Feria del Libro y hablaron con Melina Nogueira Fernandez –Head of Customer Success en Ticmas– de nuevas tendencias, de cómo repensar la educación en el siglo XXI, y de cómo opera sobre sus proyectos la opción por la inclusión, una búsqueda que viene ya desde la familia: hace más de treinta años que la madre se dedica a la enseñanza de lenguaje de señas para sordos y personas con discapacidad.
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Liderar en Argentina
“Qué desafíos no tiene”, sonrió Mateo Salvatto ante la pregunta de cómo es liderar un proyecto emprendedor en nuestro país. Y agregó: “Es muy difícil. Es loco, porque trato de no contar el emprendedorismo como algo color de rosa o re acolchonado, porque la verdad es que es todo lo contrario. Es muy duro, es muy insalubre. Antes no tenía ojeras. Pero también es altamente gratificante y lo haría mil veces más”.
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“Emprendiendo aprendés muchísimo. A veces de los errores. Comprender a base de errores es muy complejo y es muy frustrante”, reflexionó, y destacó que al trabajar en una start-up puede manejar niveles de horizontalidad con el equipo que resultan muy gratificantes.
Descentralizar y democratizar
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A la hora de pensar en el futuro, Mateo aseguró que lo que cambió es la forma de la educación: “Antes dependía muchísimo lo que habías estudiado en la secundaria y la facultad, y eso moldeaba tu vida. A la educación formal le cuesta mucho adaptarse a que el mundo ya no es más así, pero eso no significa que no lo puedas hacer vos”.
“El siglo XX –y la Modernidad en general– generó ciudadanos muy estructurados”, dijo Augusto, y continuó: “La Modernidad es el colmo del racionalismo, el racionalismo llevado a su máximo exponente: la vida planificada. Ahora estudiás, ahora estudiás un poco más, ahora estudiás todavía un poco más, ahora trabajás y te casás, y bla bla. El siglo XXI lleva a romper todas esas estructuras; a veces se le va un poco la mano”.
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Y agregó: “El problema es que todas esas estructuras que se rompen en nuestra cabeza siguen operando. El mundo del siglo XXI te obliga a lo que es la formación permanente. Según el Foro Económico Mundial, cada cinco años cambian las habilidades del futuro. Se transforman al menos el 35% de las habilidades que se necesitan para trabajar. Hoy, una persona que salga del ámbito universitario o de la escuela secundaria y que no quiera seguir formándose, no tiene ninguna posibilidad en el mundo laboral”.
Y continuó: “El punto clave está en formar estructuras para formarnos permanentemente. Aprender a desaprender primero y después aprender a aprender de manera autodidacta”.
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Política e inclusión
“A veces hay una cierta tendencia de la política pública en lo que refiere a la tecnología”, dijo Augusto, que va hacia encapsularla en un polo tecnológico, cuando, según él, se adaptaría mejor que tecnología e innovación estén en todos los aspectos de la vida en sociedad y no en un polo alejado. “Ese es el gran problema de Silicon Valley”, dijo, “vos me dirás quiénes son estos dos para criticar a Silicon Valley, pero ese es el gran problema donde se encierra la innovación en un lugar. Y hoy estamos viendo que se está dando una gran descentralización y Silicon Valley está en crisis desde el modelo urbano”.
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Agregó, entonces, un segundo enfoque del problema, que piensa el fomento de innovación desde la oferta: se dan incentivos para que haya muchas start-ups “y nos olvidamos del incentivo para que haya demandas ¿Quién le está enseñando a los chicos a usar redes sociales?”. Y planteó: “Hay un concepto que es para mí horrible que es el de nativos digitales: nadie nace sabiendo y, si no nos enseñan, vamos a terminar siendo víctimas de la tecnología; no potenciales usuarios y creadores”.
“Hay que dejar de entender a la tecnología como una industria”, sumó Mateo e indicó: “No es una industria. Es decir: hay una industria de desarrollo de software, pero es transversal al desarrollo de las otras industrias. Cuando aplicás tecnología a esa industria pasa a formar parte de la tecnología del conocimiento. Y en la agenda política está dejado de lado; no se lo prioriza y pareciera como que es un problema de más adelante”.
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Importar innovación en tecnología
Los hermanos están muy atentos a lo que ocurre en otras partes del mundo en lo que respecta al desarrollo tecnológico con foco inclusivo. “Vas a Israel y es otro planeta. ¡Yo no sé dónde vive esa gente!”, bromeó Mateo. Pero también reflexionó que Latinoamérica tiene una particularidad interesante: “somos muy permeables al tema de la inclusión”.
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A la hora de pensar en nuevas legislaciones, Augusto planteó: “A veces tenemos el foco muy puesto en pedir, en América Latina en general, y la verdad es que creo que esta transformación se va a generar genuinamente de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo”.
Con “Una brecha cambiaria del 100%, quién puede esperar que una industria tenga posibilidad de exportar y que le vaya bien, genuinamente”, dijo Augusto, y continuó: “Somos gente grande. En este caso, si llegara a pedir algo, veo que en muchos sectores falta élite dirigente en general. Y no estoy hablando de política. Me hago cargo de la parte que nos toca de la dirigencia joven: una mirada que ponga a la revolución tecnológica en su contexto general y que piense a la Argentina en el largo plazo”. Y cerró: “De arriba hacia abajo no es la forma de generar las grandes transformaciones sociales”.
Qué esperar de las nuevas generaciones
“El pesimismo tiene muy buena prensa”, dijo Augusto, “está asociado a la intelectualidad. Si sos optimista sos medio tonto o sos inocente”. Frente a este sesgo, la recomendación que dio para todos aquellos que quieran emprender es tener, primero, una cierta dosis de inocencia, “porque sino te vas a autolimitar permanentemente”. Y, en segundo lugar, tener el coraje para pensar diferente: “Estamos en un mundo que está rompiendo todas sus estructuras”.
“Yo soy menos polite que Augusto”, dijo Mateo. “Para mí, hay que ser mucho más valiente para ser optimista que pesimista. Creo que no nos damos cuenta de la suerte que estamos teniendo de estar viviendo este momento de la humanidad y las oportunidades que tienen los jóvenes”. Los jóvenes, dijo, tienen toda la impunidad para fracasar, asi que, su recomendación fue “¡Piletazo! Agua hay. Una banda de agua”.
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