
¿Cuáles son las claves que hacen que un sistema educativo mejore? Más bien, ¿qué hay que hacer para que cada vez más chicos vayan a la escuela, para que los aprendizajes sean más robustos y para que los alumnos egresen en tiempo y forma? Con esas premisas se desarrolló la mayor investigación que se hizo hasta el momento en Latinoamérica. Sus resultados, que se conocieron en las últimas horas, arrojaron diez “llaves” que conducen al éxito.
La investigación estudió 486 sistemas subnacionales de la región, distribuidos en seis países: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Con un equipo instalado en cada país, 17 investigadores siguieron la evolución de indicadores de acceso a la educación, de trayectorias escolares y aprendizajes en los últimos quince años, desde 2004 hasta 2019.
“Es una investigación única en su ambición”, remarcó Áxel Rivas, director de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, quien coordinó el estudio impulsado por el Instituto Natura y la Fundación Santillana. De ese análisis inicial, seleccionaron doce casos en total -dos de cada país- en el que se centraron, con trabajo de campo y entrevistas a expertos.
Los casos se clasificaron de acuerdo a cuatro tipologías. Los de tipo 1 fueron los que mostraron mejoras muy destacadas por expertos: Ceará y Pernambuco (Brasil) y Puebla (México). Los de tipo 2 también tuvieron un crecimiento importante pero en sistemas pequeños: Loncoche y San Nicolás (Chile). Los de tipo 3 mejoraron en algunos indicadores aunque no de forma tan contundente: Córdoba y Río Negro (Argentina), Bogatá y Boyacá (Colombia), Guanajuato (México) y Ayacucho (Perú). Y, por último, dentro del tipo 4 hay un sistema que, si bien muestra una evolución sostenida, no fue mencionado por los expertos locales: San Martín (Perú).
Según explicaron, en Argentina les costó encontrar casos destacados. Analizaron las 24 provincias e identificaron que, sin grandes diferencias, Córdoba y Río Negro resultaron las de mayor evolución en la última década y media. Las dos provincias se encuentran dentro del tipo 3, sistemas que muestran una evolución en indicadores puntuales.

Córdoba fue la provincia que más mejoró en las pruebas de aprendizaje. De a poco se ubicó entre los distritos de más altos resultados en lengua y matemática. A su vez, aumentó la cobertura 12 puntos en la secundaria y casi que universalizó su tasa de promoción en primaria. En las últimas décadas logró reducir la sobreedad en poco menos de 15 puntos porcentuales.
En Río Negro, por su parte, sobresalen sus resultados en primaria. En las pruebas Aprender pasó a ocupar los primeros puestos del país. Entre 2000 y 2018, la sobreedad en sus escuelas se desplomó 26 puntos. En la secundaria también tiene logros destacados: hasta 2006 era uno de los distritos de menor cobertura en el nivel y pudo aumentar 20 puntos el acceso. En los últimos años, además, fue pionera en la implementación del nuevo modelo de secundaria que poco a poco se replicó en otras jurisdicciones.
“En la investigación fuimos encontrando que las mejoras no están basadas en las famosas balas de plata, en políticas de shock, en alguien que viene y quiere cambiar de un día para el otro. El gobierno de la educación debe entender el sistema, generar objetivos claros y practicables, que a lo largo de un tiempo se automaticen para poner el centro en las políticas más importantes. Llevándolo a un ejemplo concreto: en una casa alquilada uno no hace reformas porque sabe que es provisoria. En cambio, en una casa propia uno apuesta a largo plazo”, ilustró Rivas.
Cada sistema subnacional tiene sus singularidades. De hecho, el grado de autonomía varía entre los distintos países. Sin embargo, de la investigación surgieron diez “llaves” de la mejora sistemática, características que se repiten y dan forma a una “plataforma del gobierno de la educación”.
1) Prioridad política a la educación: todos los sistemas que mejoran apuestan a separar la educación de las batallas de corto plazo, a quitarlas del barro político. Ejemplo claro de ello es Córdoba, donde continuó la misma gestión educativa pese al cambio de gobierno.
2) Escuchan las voces del sistema: del estudio se desprende que los gestores entienden de educación y su funcionamiento, que respetan a los actores e intentan lograr consensos.
3) Visión muy clara de sus objetivos: los que mejores resultados logran en educación saben hacia dónde van, pueden compartir sus metas y medir su cumplimiento. Tienen claro el qué y el cómo. Por caso, informan cómo van a lograr bajar la repetición en primaria o cómo van evitar que abandonen alumnos en secundaria.
4) Construyen legitimidad: los subsistemas que sobresalen le escapan a la visión de los atajos, juntan voluntades para tejer alianzas y generar credibilidad en los actores del sistema.
5) Liderazgos reflexivos: los que logran impacto educativo no son líderes que creen que tienen la verdad revelada, sino que distribuyen el poder y no quedan atados a una visión dogmática.
6) Equipos profesionales estables: se da un proceso meritocrático a la hora de seleccionar los funcionarios que estarán al frente de los ministerios y secretarías. Rompen con la idea de fragilidad, de que son cargos breves.
7) Usan la información disponible: en los mejores sistemas subnacionales se nutren de la investigación educativa. Las escuelas saben dónde están paradas y se verifica el cumplimiento de los objetivos a partir de los datos.
8) Articulación política: gestores y comunidad educativa caminan hacia la misma dirección. Los administradores trabajan de la mano con los gobiernos nacionales, con los sindicatos docentes y con actores de la sociedad civil.
9) Crean identidad y confianza: los tomadores de decisiones son respetados. Los docentes y las familias confían en su idoneidad, lo que lleva a generar una simbiosis.
10) Convierten canales en dispositivos: quien conducen la política educativa se sirven de las redes e instituciones que ya funcionan para dar a una mirada más centrada en los resultados.
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