Bangladesh concentró una de las bolsas de hinchas más grandes fuera de Sudamérica para la selección argentina: el comentarista deportivo Rajib Hasan calculó que, si más de dos tercios de la población sigue el Mundial y cerca de 60% alienta por Argentina, el equipo de Lionel Messi sumó más de 70 millones de seguidores en ese país, según reconstruyó Financial Times.
La estimación se apoyó en una comparación directa con el mercado doméstico: Argentina tuvo una población de 46 millones. En esa cuenta, el volumen potencial de audiencia y apoyo en Bangladesh superó el tamaño del público local, un dato que explicó por qué las camisetas albicelestes y las banderas celestes y blancas dominaron escenas de consumo futbolero en Dhaka.
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La escena que describió la crónica ocurrió en el campus de la Universidad de Dhaka. Miles de aficionados se reunieron al amanecer frente a una pantalla gigante y celebraron cuando Messi marcó un triplete ante Argelia en el partido inaugural del Mundial para Argentina.
La hinchada argentina en Dhaka como fenómeno de audiencia
La crónica retrató un patrón de identificación que operó como sustituto de selección propia: la selección de Bangladesh nunca clasificó a una Copa del Mundo. Esa ausencia empujó a su base de fanáticos a elegir una camiseta alternativa. La mayoría se volcó por Argentina; el resto, por Brasil.
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En ese contexto, el vínculo se volvió visible en la calle y en el ritual de consumo: aficionados con la camiseta albiceleste, envueltos en la bandera argentina, pidieron selfies al autor del texto al enterarse de que era argentino. “Eres lo más cerca que voy a estar de Messi”, dijo uno de ellos en el campus, según el relato.

El estudiante Hasan Kabir, de 22 años, explicó la transmisión familiar de esa preferencia. “Crecí escuchando historias de Maradona y después me fascinó ver a Messi. Estuvimos muy felices de ganar el último Mundial”, dijo, en referencia al título de Argentina en 2022.
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El antecedente político y la construcción histórica del vínculo
El texto ubicó al fútbol dentro de la identidad nacional de Bangladesh más allá del dominio del cricket. En 1971, durante la guerra de independencia contra Pakistán, su primer equipo de fútbol, el Shadhin Bangla Football Dal (Free Bengal Football Team), realizó una gira por India para recaudar fondos y visibilizar la causa; sus jugadores fueron celebrados como combatientes por la libertad.
Esa tradición de lectura política del fútbol apareció como marco de interpretación para el apoyo a Argentina. El autor recordó que, en su experiencia como argentino, el fútbol funcionó como alivio frente a períodos de dictadura, crisis económica y polarización. En paralelo, describió a Bangladesh como un país sacudido por 15 años de un régimen autoritario, asesinatos extrajudiciales y desapariciones forzadas, y añadió que los mismos estudiantes universitarios que miraron el Mundial lideraron una revolución que derrocó a la autócrata Sheikh Hasina casi dos años atrás.
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1986, Maradona y el punto de inflexión cultural
Rajib Hasan ubicó el “momento de unión” real en 1986, cuando los bangladesíes vieron a Diego Maradona marcar contra Inglaterra en un partido del Mundial, cuatro años después de la guerra de las Malvinas. Según el comentarista, el gol conocido como “la Mano de Dios” lo transformó en “un héroe para que el débil lo adore”.
La idea circuló también en el periodismo local. En un artículo de opinión reciente en Prothom Alo, la estudiante Ayesha Humayra Waresa escribió: “Para un pueblo acostumbrado a ver a los poderosos ignorar las reglas según les conviene, la audacia de Maradona se sintió como un milagro… más que un jugador, fue un héroe rebelde para una nación que aún cura sus cicatrices coloniales”. También sostuvo que ese día “se hicieron hinchas argentinos” y que “no dejaron de hacerse desde entonces”.
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En el presente, la crónica señaló que los aficionados más jóvenes encontraron un eco de Maradona en Messi. Los describió como seguidores que pintaron murales de ambos en la capital y que definieron el período actual como “la era Messi”, por la motivación y el impulso aspiracional que le atribuyeron al capitán.
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