El crédito para el consumo se estancó a fines de 2025 por la morosidad y la caída del poder adquisitivo

Tasas, ingresos familiares y regulaciones marcaron la dinámica de los préstamos personales y tarjetas de crédito en un contexto de demanda restringida

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El aumento de la morosidad
El aumento de la morosidad en las familias impulsó a los bancos a endurecer los criterios para otorgar nuevos créditos hacia fines de 2025. REUTERS/Francisco Loureiro

El sector del crédito para consumo en Argentina mostró una interrupción del ciclo expansivo en el último trimestre de 2025, luego de un período de crecimiento que comenzó a mediados de 2024. El crecimiento de la morosidad y la pérdida de poder adquisitivo de los ingresos trajeron un estancamiento de los préstamos hacia el final del año pasado, un escenario que podría extenderse en este año.

“La tendencia expansiva se ha detenido, exhibiendo señales de agotamiento que sugieren un escenario de mayor cautela para el 2026”, señaló un informe de Bastien Consultores, que caracteriza al último mes de 2025 como “un punto de inflexión”. En diciembre las tarjetas de crédito tuvieron un crecimiento marginal del 1.5% y se registró una caída real del -1.0% en préstamos personales.

La desaceleración sorprendió por su intensidad en diciembre, un mes habitualmente caracterizado por una mayor demanda crediticia vinculada al consumo estacional. Ambas líneas crediticias se conectan entre sí: ante la suba de la irregularidad, en los bancos impulsan la colocación de préstamos personales para cancelar deudas con tarjetas, cuyas tasas son más elevadas.

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El informe identificó que la combinación de mayor morosidad de las familias y la debilidad de los ingresos reales incidió directamente en el cambio de tendencia. Los indicadores de cartera irregular alcanzaron niveles no vistos desde 2010: la morosidad en préstamos personales llegó al 9,9%, mientras que en tarjetas de crédito trepó al 7,7%. “La elevada morosidad actúa como freno natural: con préstamos personales en 9,9% de irregularidad y tarjetas en 7,7%, una proporción significativa de hogares ya no puede cumplir con sus obligaciones existentes, inhibiendo su capacidad para asumir nuevas deudas”, señaló el informe.

“A esto se agrega que los ingresos de las familias, si bien mejoraron respecto a los niveles de diciembre de 2023, no acompañaron el fuerte crecimiento que experimentaron los préstamos durante la fase de recuperación, generando un desbalance entre el stock de deuda acumulado y la capacidad de repago”, añadió.

La cautela del sistema financiero en la oferta de crédito también respondió a los cambios regulatorios instrumentados por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) durante el segundo semestre, apuntó el informe. El aumento de los encajes no remunerados y las sanciones más estrictas por incumplimiento de efectivo mínimo elevaron el costo del fondeo bancario, lo que llevó a las entidades a restringir la originación de nuevos préstamos.

Por el lado de la demanda, el informe ejemplificó la lenta recuperación de los ingresos familiares con un dato clave: los salarios del sector privado registrado se ubicaron un 20% por debajo del promedio de 2017, lo que limitó la capacidad de endeudamiento. Incluso con cierta mejora respecto a diciembre de 2023, los niveles de ingreso resultaron insuficientes frente al mayor stock de deuda acumulado en la recuperación.

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No obstante esos factores, la desaceleración del crédito se dio tras una etapa de fuerte expansión. Entre marzo de 2024 y octubre de 2025, el saldo de tarjetas de crédito prácticamente se duplicó, mientras que los préstamos personales se cuadruplicaron en términos reales. Esta recuperación, según Bastien Consultores, “refleja una fuerte apuesta de las entidades por recomponer carteras tras años de contracción”. Sin embargo, el auge perdió fuerza hacia el cierre del año, evidenciando el agotamiento del efecto rebote y el surgimiento de nuevas restricciones.

El informe cuantificó que el saldo de tarjetas pasó de $18,30 billones a $21,69 billones en 2025, un aumento del 18,7%, mientras que los préstamos personales escalaron de $12,63 billones a $18,91 billones, es decir, un alza del 49,1%. En dólares, los saldos de tarjetas de crédito subieron desde USD 90 millones en enero de 2021 a USD 565 millones en diciembre de 2025, con un pico de USD 680 millones en febrero de ese año. La estabilización posterior, en torno a los USD 550-640 millones, mostró el cambio de etapa en la dinámica crediticia.

El ratio crédito/PBI cerró 2025 en el 13,6%, muy por encima de los niveles de los últimos años y también lejos de la promedio regional del 44%, lo que, según Bastien Consultores, deja margen estructural para una mayor expansión en el futuro, aunque persisten las restricciones de corto plazo. El informe precisó: “La principal limitante para un crecimiento genuino del crédito al consumo sigue siendo el poder adquisitivo”.

El freno del ciclo expansivo tuvo impacto tanto en la oferta como en la demanda. Los bancos, enfrentados a una peor calidad de cartera y mayores exigencias regulatorias, endurecieron las condiciones. Al mismo tiempo, muchas familias, ya afectadas por la suba de la morosidad, vieron restringido el acceso a nuevos créditos.

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“El crédito al consumo enfrenta un 2026 con condiciones macroeconómicas más favorables que en años anteriores, pero con una base de ingresos que aún no acompaña. Todo parece indicar que la velocidad de la recuperación dependerá menos de la disponibilidad de financiamiento y más de la capacidad de los hogares para tomarlo sin comprometer su situación financiera", concluyó el informe

A pesar del crecimiento real de los saldos, la sostenibilidad del proceso quedó en duda. El propio informe advirtió: “La ‘fase de rebote’ parece haber encontrado su límite estructural debido a dos factores críticos: el riesgo de cartera y la restricción de ingresos”. La liquidez bancaria mejoró hacia el inicio de 2026, pero la normalización de la morosidad y una mejora genuina en el ingreso real aparecen como condiciones indispensables para una nueva expansión.

El análisis de Bastien Consultores muestra que la expansión del crédito para consumo en 2025 fue uno de los datos positivos del año, aunque condicionado por el aumento de la irregularidad y la falta de recuperación de los ingresos reales. El informe resaltó que “la sostenibilidad del desarrollo futuro dependerá de la recuperación del ingreso real, la evolución de las tasas de interés, y la capacidad de las entidades financieras para equilibrar crecimiento con estándares prudenciales”.

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